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CONFESIÓN DEL Y SOBRE EL HINCHA

CONFESIÓN DEL Y SOBRE EL HINCHA

El hombre llega tarde secándose el sudor y recibe la amonestación patronal. Sale a las 6 del trabajo y se toma unas cervezas mientras habla de fútbol. Del partido que pasó y del partido que viene. Al llegar a casa su esposa lo increpa. Durante la semana es el gran increpado. Por eso en cada fecha enfunda la camiseta de su equipo y por 90 minutos se olvida de la dictadura del tiempo: se vuelve un tigre en la tribuna que le ruge al rival, al árbitro, a las barras contrarias.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

El hombre llega tarde secándose el sudor y recibe la amonestación patronal. Sale a las 6 del trabajo y se toma unas cervezas mientras habla de fútbol. Del partido que pasó y del partido que viene. Al llegar a casa su esposa lo increpa. Durante la semana es el gran increpado. Por eso en cada fecha enfunda la camiseta de su equipo y por 90 minutos se olvida de la dictadura del tiempo: se vuelve un tigre en la tribuna que le ruge al rival, al árbitro, a las barras contrarias.

Es un hincha. Alguien cuya divisa es la pasión. Una vez vi en un estadio español, donde jugaban Barcelona y Real Madrid, a un hombrecito nervioso y erguido gritando vivas al Unión Magdalena. No le importaba que lo miraran como a un Ovni. Era un hincha.

La pasión del hincha es envidiada por los políticos de todas las pelambres. Un movimiento de su energía colectiva es un alud.

De filias y de fobias está hecho el espíritu del hincha. En esa maraña de pasiones hay mucho de irracional. No hablaré de mis fobias sino de mi eterna filiación con el Deportivo Independiente Medellín que hoy tiene la oportunidad, luego de 1993 cuando fue campeón por unos fugaces minutos de regresar, por fin, a una final.

Del resurrecto Medellín, conozco los extremos del hincha. Un médico que tiene todo en su casa, tapices, muebles, paredes, lámparas y cristalería, pintado de rojo y azul. Y un hincha sereno y reflexivo que lee a Walter Benjamin, el poeta David Jiménez.

Por todo esto, por lo mucho de fe que mueve al fútbol, intento una Oración del hincha: Haz que el equipo alcance tu estrella, padre nuestro que estás en los cielos. Que sus 11 apóstoles reciban tu bendición, santificados sean sus nombres. El gol nuestro de cada día dánoslo hoy.

Porque el fútbol es una nueva religión. Claro está que de acuerdo con el viejo chiste, sin duda inventado por los mismos hinchas del DIM, los seguidores delPoderosoi somos ateos. No vamos a misa porque nos da envidia ver al cura levantando la copa.

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