UNA MARCA DIFÍCIL DE BORRAR

UNA MARCA DIFÍCIL DE BORRAR

Casi ninguno entiende que fue lo que realmente pasó. Todos tienen recuerdos de ese momento que los marcó definitivamente; del horror de sentir las balas entrando por el techo; del ruido de la metralla afuera; de los gritos de los vecinos de toda la vida; del dolor de ese hermano, ese hijo o ese familiar que se llevaron y que nunca volvió; de la brutalidad de esos hombres que aparecieron, lista en mano, decapitando, fusilando por la espalda, y de la humillación de tener que salir corriendo, huyendo del miedo, para llegar a ninguna parte y recomenzar una vida sin esperanzas.

31 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Qué piensan, cómo sienten, qué vislumbran y qué temen estas largas filas de hombres, mujeres y niños que se alejan de sus caseríos cargados de rencor y de bultos a la espalda? Casi nadie lo sabe. Aunque llevamos más de cuatro décadas contemplando este fenómeno, Colombia apenas está descubriendo las profundas lesiones sicológicas que sufre el desplazado.

Según uno de las pocas investigaciones sobre el tema, realizada en 1991 por la Corporación Avre (Apoyo a Víctimas de Violencia Sociopolítica), los que más sufren sicológicamente con esta situación son los niños. Al 85 por ciento de los menores desplazados incluidos en el estudio se les encontraron problemas sicológicos (ver recuadro). El segundo grupo son las mujeres, de las cuales el 76 por ciento demostró algún tipo de trastorno en su comportamiento.

En la mujer recae casi todo el peso de la situación producida por la violencia y el desplazamiento forzado. Es muy usual en estas situaciones que ella termine siendo cabeza de hogar, con toda una serie de familiares confluyendo hacia ella en busca de apoyo material y humano. Es por esto que la mujer desplazada tiende a sufrir más alteraciones mentales que el hombre, precisamente porque éste consigue encontrar el apoyo afectivo y económico de una mujer , dice el estudio.

Esto lo corrobora la pedagoga reeducadora Magdalena Rodríguez, quien trabaja en un programa de desplazados del municipio de Medellín, en El Trébol, un barrio de 320 casitas, casi todas habitadas por gente que ha huido del terror en Urabá. Casi el 90 por ciento de los hogares desplazados tienen a una mujer como cabeza de familia, aun en casos donde el marido está vivo y es compañero permanente. El hombre básicamente está respondiendo por la comida. La mujer, por todo lo demás , dice ella.

Una de las constantes dentro de la sicología del desplazado es la fractura que se presenta en las relaciones familiares. Lo primero que se afecta son los vínculos afectivos y el significado de la vida en común.

La depresión, además, ataca a todos por igual: niños, ancianos y adultos. Esto, unido a la enorme tensión que genera la experiencia de desplazamiento y a la zozobra de estar llevando una vida sin certezas, hace que toda la violencia social que se vivió se reproduzca en el espacio micro del hogar. Por ello, padres que no lo eran se vuelven maltratantes con sus hijos. La mujer también es víctima de esta violencia. Casi todos los desplazados llegan a ambientes incluso más hostiles que los que habitaban antes , dice la psicoterapeuta Bertha Lucía Castaño, de la Corporación Avre de Bogotá.

De otra parte, el hacinamiento favorece el abuso sexual. Según la sicóloga Consuelo Zapata, de la Corporación Avise, quien trabaja un proyecto en el barrio Belencito de Medellín, gran número de los casos de desplazados de Urabá que atiende tiene que ver con acoso a los niños por parte de los propios padres.

En otras palabras, la violencia, quizá no política pero sí social, sigue siendo el sino que marca a estas personas en el lugar de destino al cual llegan luego de deambular y vivir de refugio en refugio y de haber dejado atrás su cultura, su entorno y su estilo de vida.

Problemas de identidad El alcoholismo, sobre todo entre los hombres, es uno de los grandes problemas de los desplazados. De acuerdo con el sicólogo Carlos Blanco, que trabaja con esta población en Barranquilla, la probabilidad de que un hombre desplazado se vuelva alcohólico es de tres a uno en relación con el habitante rural que no se ha visto obligado a abandonar su hogar.

Otro aspecto que se afecta profundamente en la estructura mental de un desplazado es su identidad. Luego de poseer un proyecto de vida, que muchas veces está basado en el enorme valor simbólico de la tierra, ser expropiado a la fuerza, casi siempre de modo traumático, genera muchos problemas de identidad y de sentido de pertenencia. El desplazado casi siempre es un desarraigado.

Buena parte del malestar y la desintegración de ciudades como Bogotá y Barranquilla se deben al desarraigo de muchos de sus habitantes que provienen del desplazamiento forzado, y al hecho de que estos trajeron a medias una cultura campesina que no pudo ser asimilada y transformada adecuadamente por el urbanismo , asegura Blanco.

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