PAVARANDÓ, EL REFUGIO

PAVARANDÓ, EL REFUGIO

En el agua de un estanque José le quitó la sangre a la silla de montar, se la acomodó de nuevo a la mula y galopó hasta el rancho para contar que acababan de matar a su papá.

31 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Yo iba al anca de él cuando dos hombres escondidos detrás de un palo le salieron y le dijeron que botara el machete. El lo sacó, lo tiró y ahí mismo le dieron. Yo voltié la cara pa trás, me brinqué de la mula y corrí a toda. La bestia arrancó tras de mí , cuenta el niño de 5 años.

Hasta ese día, 6 de diciembre, el padre de José le agradecía a Dios porque en esa vereda de Riosucio, en el Urabá chocoano, no hacía estragos el odio entre paramilitares y guerrilleros, que en abril pasado vació 27 veredas de las riberas de los ríos Salaquí y Truandó, y convirtió el corregimiento Pavarandó Grande de Mutatá en el campo de refugiados más grande del país.

Mientras el chico relata la muerte de su padre traza líneas desordenadas con el dedo índice, acurrucado sobre el piso polvoriento del albergue de Pavarandó, donde el sábado, 20 de diciembre, su madre intentaba encontrar un rincón para ella y sus seis hijos. Después de poner el cadáver de su esposo en una hamaca y de construir un ataúd con pedazos de roble, Ana Rosa se prometió seguir en la vereda La Cerrada de Llano Rico para que el hijo mayor -de 12 años- echara pa delante conmigo la platanerita que el papá tenía en compañía con un compadre . Pero llegó la orden de los paramilitares para dejar los ranchos, y con ella el miedo, porque llegaba a la zona la pelea que las autodefensas casaron con las Farc desde 1995 y que comenzó en Arboletes, en el norte del Urabá antioqueño.

Una película repetida Como si la película de abril pasado se hubiera devuelto, asomaron sobre el puente de Pavarandó las mujeres, los hombres y los niños que todavía quedaban en la selva del Darién chocoano.

Algunas mujeres llenaban entre seis o cinco talegos con corotos, y muchas más, sólo apretaban entre las manos las gallinas que tomaron antes de la huida para asegurar la comida de sus hijos por un par de días.

Los niños, casi siempre en filas de cinco o más, surgían aferrados a las faldas de sus madres siguiendo el ritmo de sus pasos, mientras ellas se preocupaban sólo por agarrar fuerte las aves de corral.

Las balaceras comenzaron a sonar prontico. Nos dijeron que teníamos que abandonar los ranchos y salimos con lo que teníamos puesto , dice la mamá de José, que enseña a su bebé de dos meses cubierto sólo por un pañal de trapo.

Imágenes de destierro, como esas, se apeñuzcan cada vez más desde el 2O de diciembre en el albergue de Pavarandó, donde ya el espacio resultaba poco para los 3.850 desplazados en abril por los combates entre las autodefensas, el Ejército y las Farc, en las riberas de los ríos Salaquí y Truandó. Bebés que halan obsesivos los pechos gastados de sus madres son tan abundantes en el campamento de refugiados como los reproches a los guerrilleros, a los paramilitares y, en algunos casos, al Ejército, porque metieron a la guerra a todo el campesinado .

Qué se maten entre combatientes!, pero qué parte tenemos en esa pelea nosotros? , se pregunta uno de los agricultores de Apartadocito, en un recorrido desesperado por el albergue para averiguar cómo puede recuperar los 20 animales, entre caballos y mulas, que los paramilitares se llevaron de su parcela el 18 de diciembre.

Exodos y cementerios Los desplazados saben, aunque las autoridades jamás puedan comprobarlo, que las selvas chocoanas se convierten en cementerios, no sólo de combatientes, sino también de campesinos muertos por juicios injustos y de niños vencidos por el calor, en éxodos de más de 30 días, como el caso de las familias refugiadas desde abril en Pavarandó.

Los entierros presurosos de hijos, esposos o padres antes de salir al destierro son penas ya suavizadas por los diez meses de permanencia en el albergue, pero el rótulo de desplazados continúa lastimando a los campesinos como la más pesada de las cruces.

Qué habrá pasado con mi rancho? , se quejan todavía los más antiguos. Qué pasará con la platanera que estaba a punto de cosechar? , se preguntan los recién llegados a Pavarandó.

Mientras vigila el baño de sus niños a la orilla del río Pavarandó, una mujer se lamenta porque la salida a ese lugar es la única ocupación importante de sus hijos desde que llegaron al caserío.

Los mira con dolor y comenta que vagabundean todo el día, mientras la manigua del Darién chocoano devora las escuelas donde ellos soñaban con aprender lo que les enseñan a otros niños colombianos.

También los adultos, que antes del éxodo sembraban plátano y maíz o cortaban madera, se ven ir y venir todo el día por la única calle de Pavarandó. Vamos con los ojos bien abiertos por si alguien viene para anunciar que la guerra ha terminado y que llegó la hora del retorno , dicen algunos.

Las lentejas y el arroz, que les aseguraron desde su llegada al campamento, se convirtieron para ellos en la única prueba de supervivencia de ese Estado que creían muerto, porque la guerrilla era la única compañía en el Urabá chocoano , comentan.

José, por ejemplo, vio soldados por primera vez el 20 de diciembre, cuando llegó con su madre y sus hermanos a Pavarandó. Los militares que el niño ve pasar por el albergue son la presencia más cercana del Gobierno, desde el día en que forzado por el horror limpió con el agua de un estanque la sangre de una silla de montar para galopar en ella hacia el destierro.

Mapa desplazados en 1997 Tolima Las 150 familias desplazadas por paramilitares en del sur del Cesar, fueron finalmente ubicadas en la finca La Miel, cerca a Ibagué.

Cesar Luego de la matanza de ocho personas, 350 habitantes del corregimiento Los Brasiles, jurisdicción de San Diego, abandonaron el pueblo luego de que se anunciaran nuevos asesinatos. Se instalaron en Valledupar y Codazzi.

Más de 130 personas que ocupaban la finca Si me dejas , ubicada en la vereda 28 de diciembre, salieron de la región luego de que 30 hombres, que se identificaron como miembros de las autodefensas, les dieran cinco días para desalojar la zona. Se desplazaron hacia el centro del departamento.

Antioquia En Tascón, 11 cadáveres de campesinos e indígenas, aparecieron mutilados y más de 60 familias salieron de la región rumbo a Dabeiba.

En una nueva matanza, perpetrada por paramilitares murieron siete personas y 350 salieron de Yondó hacía el centro del departamento.

Cerca de medio centenar de familias que huyeron de la violencia guerrillera y paramilitar en Urabá, permanecían en un albergue de indigentes en el sector de Belencito, occidente de Medellín.

Doscientos colombianos, en su mayoría mujeres y niños, llegaron a Panamá procedentes del Urabá. Los refugiados, que al poco tiempo fueron repatriados, huían de los enfrentamientos entre paramilitares y guerrilleros. OJO Más de un millar de campesinos llegaron a Valdivia procedentes de Puerto Escondido, luego de que un grupo de paramilitares asesinara a seis personas.

Luego de una serie de matanzas que dejaron 50 muertos, 70 campesinos salieron de la zona rural de Dabeiba, rumbo a su casco urbano. Las autodefensas se adjudicaron el hecho.

Bolívar Siete mil campesinos dejaron sus hogares por el recrudecimiento de los combates entre el Ejército y la guerrilla, en la región de los Montes de María, centro de Bolívar. Los municipios de Carmen de Bolívar y Zambrano los refugiaron.

Cerca de 5 mil habitantes del municipio El Salado, salieron de sus fincas luego de que un grupo de desconocidos, que se identificaron como subversivos, asesinaron, con lista en mano, a seis campesinos y dieran un plazo de diez días para desalojar el pueblo. Los desplazados salieron hacia San Jacinto, El Carmen y Cartagena.

Santander Más de 160 mil desplazados por presiones de grupos armados al margen de la ley, se encuentran ubicados en el área metropolitana de Bucaramanga. La mayoría proviene del nororiente del país. OJO Norte de Santander Al rededor de 170 familias, provenientes del Cesar y desplazadas por la violencia paramilitar y guerrillera, llegaron a la vereda Agua Clara, jurisdicción de Cúcuta. OJO Caquetá Cien campesinos de las veredas de Cachama y San Ignacio, salieron de sus tierras rumbo a Tame y Puerto Rondón, luego de que un grupo de encapuchados asesinara a seis colonos.

Atlántico Más de 60 mil desplazados por la violencia paramilitar y guerrillera se encuentran refugiados en Barranquilla. En su mayoría, proceden de los departamentos de Sucre, Bolívar y Magdalena. OJO Chocó Cerca de 600 campesinos desplazados de las zonas rurales de Riosucio, fueron reubicados en Turbo, luego de enfrentamientos entre paramilitares y los frentes 57 y 34 de las Farc. Dos meses más tarde, 2.600 nuevos desplazados salieron de la región, rumbo a Pavarandó (Mutatá). Posteriormente, 45 familias se refugiaron en los barrios Moravia y Santa Cruz, de Medellín.

Dos mil personas huyeron a Quibdó luego de los enfrentamientos armados entre paramilitares y guerrilleros de los frentes 4, 25, 35 y 60 de las Farc Los enfrentamientos se registraron en las riberas de los ríos San Juan y Atrato.

Nariño Luego de una incursión guerrillera, perpetrada por el frente 29 de las Farc, los habitantes de Barbacoa abandonaron la población y se dirigieron hacia el interior del departamento.

Meta En el sitio denominado La Cooperativa, jurisdicción del municipio de Mapiripán, fueron hallados 12 muertos, víctimas de enfrentamientos entra grupos de autodefensa y el frente 44 de las Farc. Más de 1.000 personas salieron del lugar y se dirigieron a Villavicencio y Bogotá.

Cundinamarca Horas después de que paramilitares asesinaran a 14 personas, por ser presuntos colaboradores de las Farc, el caserío La Horqueta quedó vacío. Sus habitantes salieron rumbo a Tocaima. En el sector operan los frentes 51,52,53,54, y 55 de las Farc.

Caquetá En Morelia, el tercer frente de las Farc obligó a salir a once familias, por haber votado en las elecciones del 26 de octubre. La gran mayoría salió rumbo a Florencia.

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