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NO HUBO ACUERDOS DEBAJO DE LA MESA

NO HUBO ACUERDOS DEBAJO DE LA MESA

En el estilo característico del distinguido periodista, entre versiones, chismes, dimes y diretes y sensacionalismo informativo, como parece ser su forma de contar la historia, el autor hace unas afirmaciones sobre el Proceso de Paz y mi labor como Alto Comisionado de la Paz, que no comparto. Además deja flotando una serie de mentiras que, obviamente, afectan mi buen nombre. Se habrá observado que mi natural prudencia y discreción se han incrementado desde mi renuncia al cargo de Alto Comisionado, particularmente en lo concerniente a los aspectos relacionados con el tema. Sin embargo, quiero hacer unas precisiones, desvirtuar y desmentir afirmaciones que se hacen en el libro y que son unas mentiras, unas verdades a medias y, en otros casos, el desconocimiento de la realidad, lo que ignoraría si no fuera porque lesiona lo que he hecho en mi vida personal y de trabajo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

En el estilo característico del distinguido periodista, entre versiones, chismes, dimes y diretes y sensacionalismo informativo, como parece ser su forma de contar la historia, el autor hace unas afirmaciones sobre el Proceso de Paz y mi labor como Alto Comisionado de la Paz, que no comparto. Además deja flotando una serie de mentiras que, obviamente, afectan mi buen nombre. Se habrá observado que mi natural prudencia y discreción se han incrementado desde mi renuncia al cargo de Alto Comisionado, particularmente en lo concerniente a los aspectos relacionados con el tema. Sin embargo, quiero hacer unas precisiones, desvirtuar y desmentir afirmaciones que se hacen en el libro y que son unas mentiras, unas verdades a medias y, en otros casos, el desconocimiento de la realidad, lo que ignoraría si no fuera porque lesiona lo que he hecho en mi vida personal y de trabajo.

El señor Vargas afirma, sin ningún reato de conciencia y de responsabilidad, que el origen de todos los males y las debilidades del proceso fueron, entre otros aspectos, el diseño que desde un principio se le dio al proceso y el doble discurso del quien actuaba como Alto Comisionado. Señala además que el estilo del Alto Comisionado no toleraba críticas ni era asequible a propuestas y contribuciones de conocedores del tema, que no siempre fue claro, que otros tenían que atajar goles y que mi intención era una campaña política en Cundinamarca.

Toda actuación mía como Alto Comisionado para la Paz se realizó con total sujeción al Señor Presidente y en cumplimiento de mis funciones. Pero además, con total transparencia. Nunca existieron acuerdos debajo de la mesa y lo que se acordó desde un principio con las Farc es nada más ni nada menos que lo que conocen los colombianos. No se improvisó al iniciar los diálogos de paz, como estoy seguro lo puede testimoniar el señor Presidente. Jamás se trató de realizar las funciones fragmentando información o tratando de meter goles como lo dice el libro. Lo que definitivamente es cierto es que, por todos los medios y aplicando la ley, se trató de cumplir con las funciones buscando la paz del país. Y repito, con total transparencia. Nunca hubo un doble lenguaje o un doble discurso por parte del Alto Comisionado. Fui tan claro con el Gobierno como con la guerrilla y con cada uno de los colombianos, sin distinción ninguna. Nunca ha sido mi costumbre resolver los problemas dorándoles la píldora a unos y a otros , como dice el autor.

Me cabe la satisfacción y el orgullo de haber servido a mi país en este delicado cargo con la experiencia y el conocimiento adquiridos en labores pasadas, cuando trabajamos en el proceso de paz en el año 1984 y 1985, cuando fui Viceministro de Gobierno, Secretario General de la Presidencia, Embajador y Congresista, entre otros, aspectos que el autor omite al hablar de mi experiencia, trayectoria y mi autoridad para asumir dicho cargo. El profesionalismo se impuso en la oficina del Alto Comisionado. Nadie puede darse por experto discrepante y desvinculado. Desde luego que hay expertos en el tema de la paz y la violencia y cada día hay más, pero a nadie se desvinculó por sus opiniones o comentarios. Otras razones llevaron al Gobierno a prescindir de los servicios del cuñado del señor Vargas, el doctor Camilo Echandía, a quien tanto se alaba y se le da credibilidad en el libro. Buena parte del equipo de los presidentes Gaviria y Samper siguió acompañándonos en los dos primeros años del proceso.

Prácticamente las 24 horas de los días que me desempeñé como Alto Comisionado de la Paz los dediqué a buscar la paz del país. Miente el señor Vargas cuando afirma que mi intención era consolidar una organización política en Cundinamarca, ser Gobernador o Senador, como lo demuestra la realidad actual. Y miente una vez más cuando afirma que utilicé entidades del Estado para conseguir adeptos o que recorría comarcas de ese departamento en busca de mi aspiración política. La única verdad, como le consta a los colombianos, es que me dediqué completamente al cargo encomendado, a viajar prácticamente todas las semanas y sin cansancio a la zona de distensión y a diferentes partes del país, incluida Cundinamarca, para explicar y promover el proceso de paz, a pesar de las constantes amenazas contra mi vida. En los delicados cargos que he desempeñado a lo largo de mi vida de trabajo, el de Alto Comisionado de Paz ha sido el que mayor prudencia, claridad y carácter ha requerido de mi parte, aunque muchos hayan pretendido descalificarme e incluso ignorar lo que se hizo. Además de la tranquilidad y la satisfacción de haber cumplido con mi deber, tengo casi la certidumbre de que cualquiera de los jefes que he tenido reconocen esa lealtad, esa discreción y dedicación. Ojalá el ex ministro Mauricio Vargas, al referirse a sus últimas experiencias burocráticas, pudiera afirmar lo mismo.

Sobre las declaraciones que el señor Vargas dice que pronunció el entonces Ministro Néstor Humberto Martínez, me extrañan profundamente porque el Ministro siempre me dijo a mi todo lo contrario, reconoció mi franqueza y mi labor desempeñada e incluso la alabó frente al Presidente Pastrana, Ministros y otros altos funcionarios. No tengo el don de la infalibilidad y reconozco que, como en toda realización humana, indudablemente hubo errores. Y seguramente los hay y los habrá en el futuro. Me sobran honestidad y valor para reconocerlos, la que sí les falta a muchos. Pude haber pecado de exceso de discreción, pero nunca de arrogancia ni de intolerancia. Quiero decirle que lo cierto es que al retirarme del cargo entregué un proceso de paz andando y con perspectivas, unos diálogos establecidos que por años se habían buscado y que el país los pedía, una agenda acordada, unos mecanismos de participación, una activa vinculación tanto de la comunidad internacional como de las fuerzas políticas del país y, además, el tema del cese del fuego y de hostilidades sobre el mesa y listo para su discusión.

Lástima que el señor Vargas, en el cargo, la posición y la profesión que desempeña, desconozca principios fundamentales como el que un día nos enseñó el ex Presidente Rafael Núñez cuando dijo: La imprenta debe, por lo mismo, ser antorcha y no tea, cordial y no tósigo; debe ser mensajera de la verdad, y no de error ni calumnia .

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