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JUAN VALDEZ NO PUEDE MORIR

JUAN VALDEZ NO PUEDE MORIR

Los cafeteros colombianos acaban de celebrar uno de sus congresos más tensos, difíciles y hasta melancólicos de que se tenga memoria. De un lado, las adversas condiciones en que se debate la caficultura, como resultado de una destorcida de precios sin precedentes, los ha llevado a cuestionar la misma viabilidad de su industria. De otro, sus instituciones y la misma unidad del gremio dan muestras de resquebrajamiento y debilidad.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

Los cafeteros colombianos acaban de celebrar uno de sus congresos más tensos, difíciles y hasta melancólicos de que se tenga memoria. De un lado, las adversas condiciones en que se debate la caficultura, como resultado de una destorcida de precios sin precedentes, los ha llevado a cuestionar la misma viabilidad de su industria. De otro, sus instituciones y la misma unidad del gremio dan muestras de resquebrajamiento y debilidad.

En un entorno cafetero mundial inmerso en la anarquía, sin concertación sustantiva entre productores y consumidores, con una producción mundial que crece en forma incontrolada, es la ley de la selva la que impera. En el país, este panorama obligará a decisiones políticas de fondo que enfrentarán el dilema de dejar la industria cafetera al garete, es decir un sálvese quien pueda , o respaldarla mediante una acción decidida del Gobierno, que defienda el ingreso del cafetero y propicie la modernización de la caficultura colombiana para hacerla más competitiva.

Esta última opción fue la que en buena hora se adoptó, y así lo hizo explícito el Gobierno al arbitrar recursos cercanos a los $ 400 mil millones para un vasto programa de apoyo, con la perentoria notificación del Ministro de Hacienda de que Colombia seguirá siendo un país cafetero. Quitarle el piso a esa realidad equivaldría a comprometer la estabilidad democrática y el orden social que aún prevalecen en las zonas cafeteras y que ya comienzan a mostrar signos preocupantes de deterioro. Los cafeteros han hecho mucho por el país, y es justo que ahora el país contribuya a rescatarlos.

La Federación Nacional de Cafeteros, expresión máxima de la organización gremial, se encuentra en la sala de cuidados intensivos. Ha sido siempre una institución modelo en el mundo con un bien ganado prestigio, pues la acción desplegada en favor de sus asociados ha sido prolífica. A través de los comités departamentales ha dotado a la zona cafetera de una completa infraestructura física y social como no existe en otras áreas rurales del país. Sin duda que ha habido fallas, como en toda empresa humana, y acusa cierta fatiga y obsolescencia. Hay que remozarla, actualizarla y sintonizarla con las nuevas realidades del mercado. Parece que esto ya está en marcha y como parte integral del proceso debe buscarse por todos los medios la recuperación del Fondo Nacional del Café, instrumento medular para el manejo de la política cafetera, que facilita la distribución del ingreso y contribuye al bienestar de millones de colombianos.

En el frente internacional será necesario desplegar una diplomacia persuasiva frente a países productores y consumidores para explorar mecanismos de cooperación que faciliten una solución política al desequilibrio reinante entre lo que ganan los ricos y lo que pierden los pobres. Qué bueno sería que el gobierno de Estados Unidos volviera a la mesa de la Organización Internacional del Café y, con su influencia y liderazgo, contribuyera a restaurar los mecanismos de cooperación.

Algo habrá que hacer para no dejar que se nos muera Juan Valdez o que se pierda la monumental inversión adelantada durante más de 40 años. Ahora más que nunca se requiere el respaldo de agresivas campañas de promoción que destaquen la calidad del café colombiano y propicien la recuperación y conquista de nuevos mercados.

La Comisión de Notables creada por el Gobierno tiene la enorme responsabilidad de evaluar, con objetividad e independencia, todo el esquema cafetero y fijar los derroteros que garanticen el fin esencial de sus instituciones: el bienestar del productor y la viabilidad de la caficultura colombiana. Ante el sensible retiro de Jorge Cárdenas, merecedor de todos los homenajes de reconocimiento y gratitud, de la gerencia de la Federación en momentos tan convulsionados, es una lástima que el gremio no hubiera preparado la sucesión oportunamente. Ojalá se acierte en el nombre de quien tendrá en sus manos la delicada misión de volver a enrutar la caficultura y que el relevo en la cúpula se haga sin traumatismos ni interferencias que menoscaben la sana concertación entre el Gobierno y los cafeteros.

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