EE.UU.: A PUERTAS DE LA GUERRA...Y UNA RECESIÓN

EE.UU.: A PUERTAS DE LA GUERRA...Y UNA RECESIÓN

Vientos de guerra soplan a lo largo y ancho de este inmenso país. Proceden del ardiente desierto de la Mesopotamia donde un solitario pero arrogante dictador, el general Saddam Hussein de Irak, ha decidido declararle la guerra a Occidente y de paso a algunos de sus hermanos árabes. Pero más que la posibilidad de un conflicto armado lejos de casa, a los financistas estadounidenses les preocupa todavía más que esos vientos para nada ayudarán a enfriar la recalentada economía de la primera potencia del mundo. La sorpresiva invasión a Kuwait por tropas de Hussein ha tenido serias consecuencias para la economía estadounidense ya de por sí resentida. En el panorama aparecen los síntomas clásicos de una recesión. El primer semestre de este año cerró con preocupantes índices de inflación y desempleo y los mercados bursátiles sufrieron inesperadas alteraciones luego de la agresión iraquí.

10 de agosto 1990 , 12:00 a. m.

Esta sociedad de consumo, sinembargo, reacciona curiosamente ante las emergencias. En lugar de demostrar nerviosismo por la inminencia de una guerra, los estadounidenses están llevados de la ira santa por la manera como se dispararon los precios de la gasolina. Las protestas son generalizadas e inclusive la Procuraduría General y el Congreso han ordenado investigar las verdaderas razones que hay detrás de unas alzas que tienen un desagradable olor a utilidades para las poderosas multinacionales petroleras. Algunos congresistas han llegado a decir públicamente que las compañías petroleras aprovecharon para atracar al insaciable consumidor estadounidenses.

Además de convocar a sus aliados a cerrarle el paso a un peligro fanático, dueño del más grande pertrecho militar en el Oriente Medio, el presidente Bush tiene en mente lo cruciales que son para él y para su partido, el republicano, las elecciones de noviembre de este año. Bush sabe también que del comportamiento de los precios de la gasolina depende en buena parte la estabilidad de la economía, un importante sostén de su popularidad. Desestabilizados estos, sería bien difícil controlar la inflación e impedir que el país se deslice hacia una recesión. Bush sabe que un deterioro económico pondría en peligro su reelección. Fuera del codiciado petróleo, Hussein tiene en sus manos el destino político de su principal enemigo. El susto de los sauditas Así como algunos comentaristas han elogiado la agresividad con que Bush se ha movido para apuntalar la solidaridad de los países europeos, conseguir la colaboración de soviéticos y chinos y obtener la bendición de los reticentes árabes sauditas para permitir que los gringos utilicen sus instalaciones militares, otros lo han criticado por demorarse en calmar las tempestades domésticas. Por qué se preguntan el presidente Bush no ha autorizado que se utilice una parte de la reserva estratégica de 600 millones de barriles que este país tiene enterrada en la costa oeste, creada precisamente para responder a las descompensaciones económicas que trae consigo una interrupción en el suministro de petróleo? La demostración de fuerza en el Oriente Medio lanzada por la Casa Blanca tiene de fondo razones muy poderosas: busca evitar una desestabilización económica por culpa de un conflicto armado que amenaza un recurso vital para la economía de Estados Unidos. Pero también es movida por razones geopolíticas que podrían alterar por completo y en forma adversa el balance de poderes en una región crítica para Occidente. Así lo han entendido los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), los países árabes con excepción de Yemen, Libia y Jordania. Hasta los soviéticos, los franceses y los chinos han suspendido la venta de armas a Irak.

El mensaje que ha querido transmitir Bush es que la aventura de Hussein afecta al mundo entero y que no es únicamente responsabilidad estadounidense salvar esta nueva crisis. Algo de depresión y furia embarga al hasta hace unos días optimista presidente Bush. Cuando pensaba que buena parte de las preocupaciones del pueblo estadounidense cesaban con la terminación de la guerra fría, cuando los planes para girar los dividendos de la paz estaban listos, un conflicto en un ardiente rincón del mundo árabe lo ha obligado a ordenar la más grande movilización militar desde Vietnam.

Hay un precedente que no le gusta para nada a la Casa Blanca. El Golfo Pérsico ha sido el triángulo de las Bermudas de dos de sus antecesores. La crisis de los rehenes en Irán le costó la reelección a Carter y la venta subterránea de armas a este mismo país sacudió a la administración Reagan.

Los medios de comunicación, sobre todo los electrónicos, se han encargado de excitar con generosidad la fibra nacionalista de los gringos. Una vez más abundan las escenas de desconcertadas pero resignadas esposas despidiendo a sus maridos que parten hacia Arabia Saudita. Dicen que no quieren enviudar tan jóvenes. Las acompañan los hijos pequeños que con lágrimas en los ojos dicen que no quieren quedar en la orfandad, la televisión muestra enormes portaviones y barcos de guerra navegando en aguas extrañas.

Parece que el destino de esta nación fuera librar guerras en países extraños. Todos los comentarios señalan que esta que se avecina en el Oriente Medio puede ser una de las más críticas de la historia por todo lo que está en juego. Hay algo alentador: las grandes potencias del mundo, hasta hace unos meses declarados enemigos, se han unido para evitar una guerra cuyo desenlace nadie se quiere atrever a pronosticar.

La razón fundamental es que el enemigo es un impredecible loco que cree tener en la tierra una misión sagrada, sin que le importe mucho el precio que tenga que pagar por su locura. Quienes lo conocen y lo han estudiado sostienen que es capaz de todo. No conoce sino la fuerza y no le entusiasma mucho la razón. Los servicios de inteligencia estadounidenses tienen evidencia de que Hussein ha ordenado cargar sus bombarderos con misiles químicos que ya usó en la guerra contra Irán. También le dio una dosis de gas venenoso a su pueblo en lo que se conoció como la masacre de Halabja. Tiene a su merced a decenas de ciudadanos estadounidenses y europeos que puede tomar como rehenes y forzar a sus respectivos países a soluciones desesperadas. Y se ha apoderado de una parte importante de las reservas petroleras del mundo vitales para los países industrializados. Hussein: todo o nada El tamaño del desafío de Hussein es lo que ha permitido ensamblar en tan corto tiempo una fuerza militar multinacional como nunca se había visto. En esta región del mundo hay concentrados barcos de guerra estadounidenses, británicos,franceses y soviéticos. Los egipcios y los sirios han ofrecido tropas de apoyo a Arabia Saudita si este las solicita. En las Naciones Unidas se consolidó un histórico frente común sin precedentes para aislar económicamente a Irak. Si algo de bueno tiene esta crisis es que ahora es más fácil poner de acuerdo a quienes hasta hace poco no se cruzaban palabra.

La decisión de enfrentar militarmente a Irak está tomada. El presidente Bush ha logrado el consenso de todas las fuerzas políticas de su país para asumir unidas las consecuencias de esta decisión. Bush de todas maneras quiere que sus aliados participen y estos no se han negado, aunque casi todos prefieren que Estados Unidos libre la batalla por ellos. La parte de la ecuación que falta por descifrar es Irak. Podrá la presión militar y económica obligar a Hussein a dar marcha atrás? No será nada fácil. A la movilización de tropas estadounidenses a Arabia Saudita, la respuesta de Hussein fue anexar a Kuwait.

La confrontación con Irak, dada la masiva respuesta mundial, puede ser corta pero costosa y sangrienta. El terreno geográfico unas infinitas planicies desérticas hace más fácil para la sofisticada fuerza aérea conjunta estadounidense y saudita trazar una raya en el desierto , como la llamó Bush, de la que no puede pasar Hussein. El general Hussein sabe que no puede regresar a su casa con las manos vacías y los observadores creen que Kuwait no sea suficiente para saciar la sed de petróleo de este hombre. Y si se ve a la defensiva, herido o derrotado, nadie sabe de qué pueda ser capaz. Es lo que más inquieta al mundo. Y a quienes tendrán que vivir a la sombra de Hussein si este logra imponer a la nación árabe su mandato de terror y chantaje.

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