ESPERANZA EN EL 98

ESPERANZA EN EL 98

Teniendo en cuenta lo sucedido en el año que termina, lo menos que podemos esperar para el 98 es que sea un año mejor.

30 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Como desde hace varios años, la constante durante 1997 fue la violencia, la corrupción político-administrativa y el crecimiento del desempleo.

Sin embargo este año tiene un ingrediente diferente al anterior, que nos deja abierta la puerta para que entre una luz de esperanza y pensar que las cosas pueden mejorar. Con el nuevo año, también se posesionan los nuevos gobernantes locales, y en agosto asumirá el nuevo Presidente de la República, que resulte elegido en las elecciones de mayo y junio, si hay segunda vuelta.

Con los cambios, uno siempre espera cosas mejores. En el ámbito regional y local, los nuevos mandatarios parecen querer asumir su papel con mucha seriedad y responsabilidad. Ojalá sea así, porque tanto los municipios como los departamentos necesitan de orientadores inteligentes, dinámicos y que se comprometan con las comunidades.

Todos guardamos la esperanza de que el nuevo año nos deparará cosas positivas, y que los nuevos mandatarios nos traigan acciones de gobierno que redunden en la solución de los principales problemas, o que al menos estén encaminadas a mejorar el nivel de vida de todos.

Independientemente de que cada uno de nosotros hayamos votado por los nuevos alcaldes del Meta y del Llano, y por los gobernadores de la región, debemos asumir una posición de servicio, apoyo, vigilancia y crítica, pero constructiva.

La disputa por el poder ya pasó, y ahora lo importante es rodear a los nuevos mandatarios para que concertadamente tomen las mejores decisiones y las más convenientes para la comunidad.

Hagamos el propósito tanto gobernantes como gobernados, durante este año que comienza, de erradicar de nuestras comunidades la corrupción, la agresividad, la intolerancia y la ineficiencia. Si continuamos con estas conductas, con toda seguridad, acabaremos pronto con el poco país que nos queda.

Los alcaldes y gobernadores, también deben ser conscientes, que la época del sectarismo ya pasó y que esta conducta lo único que genera es violencia y mal gobierno, situaciones en las que los más perjudicados son las gentes comunes y corrientes.

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