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SOBRE LA ADHESIÓN DE FUAD

SOBRE LA ADHESIÓN DE FUAD

Con tarjetones a la vista, en la campaña presidencial de Alvaro Uribe Vélez despidieron con un adiós protocolario al doctor Luis Prieto mientras daban paso a una cálida adhesión del senador costeño Fuad Char, cuyo hijo, según se ha dicho, puede estar cercano a ganar en los tribunales la gobernación del Atlántico.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

Con tarjetones a la vista, en la campaña presidencial de Alvaro Uribe Vélez despidieron con un adiós protocolario al doctor Luis Prieto mientras daban paso a una cálida adhesión del senador costeño Fuad Char, cuyo hijo, según se ha dicho, puede estar cercano a ganar en los tribunales la gobernación del Atlántico.

Entre los reparos éticos de Prieto y los votos de Char, la campaña optó por los segundos.

Con visa o sin visa, no creo que Fuad Char sea lo peor que haya entrado a la campaña de Uribe, como lo sugiere este incidente. Imagino que si el doctor Prieto, hombre altamente respetable, se hubiera dado a la tarea de examinar las hojas de vida de todos los entusiastas adherentes a las toldas uribistas, a estas alturas se encontraría en cuidados intensivos por causa de un infarto al miocardio o si hubiera optado por proteger su salud se habría retirado mucho antes del cargo que ocupaba en la campaña.

Pero tampoco creo que ninguna otra campaña mayor se hubiera negado a recibir entre sus propios al poderoso empresario, senador, pater-familias y ex ministro de la Arenosa. Por el contrario, los imagino haciéndole coquitos a Fuad para que inclinara en su favor su poderoso contingente electoral.

Y, en honor a la verdad, tampoco sería justo desconocer que a la campaña de Uribe han adherido miles de hombres y mujeres de las más altas condiciones que sólo buscan servir a Colombia. Tampoco sería justo achacarle la única camiseta amarilla de las adhesiones incinerantes. Cuál es la campaña capaz de tirar la primera piedra?.

* * *.

Más allá de la adhesión de Char, que es un hombre acogido en todos los círculos sociales del país, el tema de fondo es el de la definición de mecanismos que preserven la capacidad del próximo Presidente gane quien gane para definir políticas públicas, posturas de Estado y planes de gobierno, pensando en los colombianos por encima de los accionistas de su propia campaña presidencial.

Tengo un reclamo muy respetuoso, pero muy firme, para los candidatos presidenciales. Aunque disponen de técnicas modernas y recursos sofisticados, están haciendo campañas en mayor o menor grado tolerantes frente a la politiquería y el tráfico de favores de Estado, con la guardia baja frente a las donaciones que los pueden atrapar y frente a los carteles de la corrupción y el narcotráfico.

En ese frente estoy, con angustia, volviendo a ver una película que no queríamos repetir y se advierten también los gérmenes de presidentes capturados por sus propios adherentes y donantes desde antes de empezar a gobernar.

Y lo digo porque si algunos fueran tan categóricos en este tema, como lo han sido en otros aspectos de la vida nacional, muy otro sería el panorama de este país nuestro, saqueado y ensangrentado ante la impotencia de un Estado dedicado, hace muchos lustros, a agenciar los intereses de quienes lo capturan.

***.

Colombia no volverá a ser viable mientras la gobernabilidad siga encerrada en el Capitolio y mientras los gobiernos sigan creyendo que la legitimidad se refiere a hacer aprobar proyectos en el Congreso a cualquier precio o a la destreza para evitar que entre escándalos mayores se caigan los ministros o les apliquen las mociones de censura.

E insisto. No veo a todas las campañas mayores suficientemente preocupadas ni comprometidas con este tema. Con afiches nuevos, parecen jugando a las reglas viejas.

La lección está aprendida. No se trata de satanizar a unos y canonizar a otros a punta de falsos moralismos. No se trata, tampoco, de suponer que un puñado de iluminados impolutos pueda descalificar al resto de los dirigentes políticos.

Se deben buscar mecanismos perdurables para que el interés público no sucumba ante los afanes personales y para que el Estado vuelva a ser un instrumento de progreso, desarrollo y justicia social, y no un botín de alta rentabilidad, cuya captura comienza en las campañas presidenciales.

Don Enrique.

Le debo tanto, tanto en la vida, por su afecto, por su consejo, por sus enseñanzas, por su apoyo, por su confianza. El don Enrique que a mí me tocó fue un hombre venerable y cálido, dispuesto a apoyar cualquier iniciativa innovadora con generosidad y entusiasmo, que con la misma sonrisa armaba viaje para Tunja o Villavicencio a la celebración de los semanarios, organizaba el almuerzo para Raimundo y la Señorita Colombia, o recibía en su oficina al Ministro de Defensa para tratar los asuntos más delicados del Estado.

El don Enrique que a mí me tocó fue un jefe comprensivo y afable, empeñado siempre en ayudarnos a llegar a la otra orilla.

Lo recordaremos, don Enrique, en su sótano de los linotipos y en todo el edificio de la Jiménez, y evocaremos para siempre su legado desde el fondo del corazón.

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