TERTULIAS DE ANTIER, AYER Y HOY

TERTULIAS DE ANTIER, AYER Y HOY

Ciento veinte años después de haberse efectuado en Bogotá, en la casa del Ministro Plenipotenciario de Chile, don José Antonio Soffia, la última tertulia de El Mosaico, ha resucitado, en la Biblioteca Nacional de Colombia, esta expresión cultural bajo la denominación de Miércoles de Tertulia El Mosaico, con el aditamento de que a partir de febrero del 2002 abrirá sus puertas la Librería El Mosaico, una de las más hermosas y originales que tendrá la capital, gracias a la ardua gestión del Ministerio de Cultura, del director de la Biblioteca, Carlos José Reyes, y de la Asociación de Amigos de la Biblioteca Nacional.

01 de diciembre 2001 , 12:00 a.m.

Ciento veinte años después de haberse efectuado en Bogotá, en la casa del Ministro Plenipotenciario de Chile, don José Antonio Soffia, la última tertulia de El Mosaico, ha resucitado, en la Biblioteca Nacional de Colombia, esta expresión cultural bajo la denominación de Miércoles de Tertulia El Mosaico, con el aditamento de que a partir de febrero del 2002 abrirá sus puertas la Librería El Mosaico, una de las más hermosas y originales que tendrá la capital, gracias a la ardua gestión del Ministerio de Cultura, del director de la Biblioteca, Carlos José Reyes, y de la Asociación de Amigos de la Biblioteca Nacional.

Los Miércoles de Tertulia se iniciaron el pasado 21 de noviembre y fue sorprendente la cantidad de público que colmó las sillas disponibles del auditorio Germán Arciniegas de la Biblioteca, los pasillos y el corredor de la entrada, para escuchar a cinco de los conversadores amenos del movimiento literario colombiano: Fernando Charry Lara, Rafael Humberto Moreno Durán, Lisandro Duque, Ricardo Rodríguez y Carlos José Reyes, e intercambiar con ellos una charla que resultó exquisita y emocionante.

La Tertulia Eutropélica.

Las tertulias se concibieron desde los tiempos de Luis XV en Francia como pretexto para juntarse unos amigos a practicar el arte de conversar, y a canjear ideas y chismes. De este corte eran los famosos Salones parisinos, y con la misma intención se crearon las tertulias santafereñas a finales del siglo XVIII. La primera de ellas la organizó el periodista cubano Manuel del Socorro Rodríguez, que vino a Santafé por encargo del Virrey José de Ezpeleta para dirigir la Real Biblioteca y publicar un periódico semanario, que se llamó Papel Periódico de la Ciudad de Santafé, en el que Rodríguez dio noticia de la inauguración de la Tertulia Eutropélica el viernes 21 de septiembre de 1792.

Eutropelia o eutrapelia es una virtud que permite moderar el exceso de las diversiones o entretenimientos, y este era con seguridad el propósito de don Manuel del Socorro: efectuar reuniones divertidas y entretenidas, sin excesos, como lo expresa en su periódico al informar que se ha organizado en cierta casa una junta de varios sujetos instruidos, de ambos sexos, bajo el amistoso pacto de concurrir todas las noches a pasar tres horas de honesto entretenimiento discurriendo sobre todo género de materias útiles y agradables . Rodríguez describió su tertulia como una Asamblea del Buen Gusto.

Mucho tendrían de que hablar los contertulios de la Eutropélica para reunirse tres horas diarias, y quizá las charlas no eran tan inocentes como lo daba a entender el Director del Papel Periódico. En la reunión inaugural de la Eutropélica parece que uno de los caballeros tenía un aspecto ambiguo, era un caballero semidama y no sabían dónde sentarlo, si al lado de las mujeres o al de los hombres. En consecuencia el Secretario de la Academia Eutropélica lo conminó a dar una respuesta al siguiente epigrama:.

Cara de hombre te veo, Lino,.

Con acciones de mujer;.

Acaba, dame a entender.

Si acaso eres androgino.

A definir yo no atino.

(por más que pongo atención).

tu sexo; y en conclusión.

diré, sin sátira odiosa,.

que eres una quisicosa.

entre mujer y varón.

Lino respondió en prosa y reconoció que su afeminamiento era el producto de haber querido hacerse más agradable al sexo femenino por medio de una afinidad de maneras y que agradecía a los miembros de la Eutropélica el haberle hecho caer en cuenta del ridículo y malas interpretaciones a que se exponía con semejante actitud. Sí señores concluyó Lino ya voy a ser desde hoy un hombre verdaderamente tal: Sabré apreciar todo el honor digno de mi sexo, conociendo que así lograré merecer vuestra estimación, y el lugar de socio masculino con que me habéis honrado en esta tertulia .

Del Buen gusto a El Mosaico.

La Tertulia Eutropélica a la que asistían Manuel del Socorro Rodríguez, como Secretario; Antonio Nariño, José Caicedo, José María Gruesso, José María Lozano, Magdalena Ortega de Nariño, Rafaela Isazi de Lozano, Manuela Sanz de Santamaría de Manrique y su hija Tomasa Manrique, y de cuando en cuando el Virrey Ezpeleta y su esposa , funcionó con regularidad hasta 1794, año en que se descubrió la supuesta conspiración encabezada por Antonio Nariño, de resultas de la cual varios de los asistentes habituales de la Eutropélica fueron encarcelados.

Paralela a la Eutropélica funcionó El Arcano Sublime de la Filantropía, que no fue tertulia en su sentido estricto, sino la primera logia masónica creada en América Latina, por iniciativa de Antonio Nariño, en cuya casa se efectuaban las sesiones, en las que, ante un círculo de iniciados, leyó Nariño en 1793 su traducción al español de los Derechos del Hombre, que ese mismo año imprimiría, y que marcarían el principio del fin de la era colonial.

La antigua contertulia de la Eutropélica, Manuela Sanz de Santamaría de Manrique, distinguida naturalista y estudiosa de la ciencia, fundó hacia 1802 la tertulia conocida como Círculo del Buen Gusto, con la asistencia de los redactores del Correo Curioso, Jorge Tadeo Lozano, Luis de Azuola y Lozano, y de otras personalidades que efectuaban conversaciones muy divertidas sobre la forma de sacudirnos la dependencia de la madre España; pero también se agitaban en el Círculo del Buen Gusto polémicas científicas, como una que se dio en 1807 sobre el ejercicio y práctica de la medicina, con lluvia de enjundiosos ensayos que publicó don Manuel del Socorro Rodríguez en su excelente periódico El Redactor Americano.

Después de 1810 y hasta finales de los cincuenta decimonónicos no hubo nuevas tertulias. Un grupo de intelectuales, encabezados por José María Vergara, publicó en 1858 El Mosaico, revista de gran altura literaria y científica, que más adelante dio nombre a una tertulia epónima. La tertulia de El Mosaico se organizó hacia 1862, por iniciativa del citado Vergara y Vergara y del novelista Eugenio Díaz, y en principio se trataba de cohesionar a los escritores de cuadros costumbristas. El Mosaico no tenía una sede fija. Las reuniones se efectuaban en la casa de alguno de los miembros, previo aviso. Esta noche hay Mosaico en casa de don Ricardo Carrasquilla . O "esta otra en casa de don Ricardo Silva, don José Manuel Marroquín, etc. . La primera etapa de El Mosaico terminó en 1865, con la muerte de Eugenio Díaz. Las inolvidables tertulias fueron reanudadas en 1874 por don Ricardo Silva, que ofreció en su casa un Mosaico para agasajar al pintor mexicano Felipe S. Gutiérrez. Hubo allí una aplaudida improvisación de coplas por don José María Samper, y leyeron sus últimos cuadros de costumbres los principales autores del momento. No dejaron de realizarse mosaicos, por lo menos una vez al mes, hasta 1881. El último de ellos lo brindó en su casa, en mayo de ese año, el ministro plenipotenciario de Chile, don José Antonio Soffia, magnífico poeta, y asistieron los supérstites del mosaico de 1862, inaugurado por el joven Jorge Isaacs con la lectura de sus poemas.

El Automático.

Tertulia en tiempos de guerra fue La Gruta Simbólica, fundada en los días más crudos del conflicto de los Mil Días por Rafael Espinosa Guzmán y Federico Rivas Frade, y en la que eran alma y nervio Clímaco Soto Borda y Julio Flórez.

Veinte años más tarde, cuando las tertulias parecían cosa del pasado, Eduardo Santos inició una en su oficina de EL TIEMPO, que se reunía todos los días a las seis de la tarde, con asistencia de los directores de los diarios de Bogotá, los principales políticos, y periodistas y escritores, y en las que se discutía con ánimo intenso el curso de los sucesos diarios, nacionales e internacionales. A la salida de las tertulias de EL TIEMPO, en la calle 14, solía agruparse una gran cantidad de gente que les preguntaba a los contertulios, con gran curiosidad, sobre qué se había charlado esa tarde.

Sin embargo la tertulia de EL TIEMPO no pasó de 1924, y los cafés de la ciudad eran los únicos lugares donde se juntaban a ejercitar la lengua quienes tenían tiempo para este menester, aunque en ninguno llegó a formarse tertulia, es decir, el hábito de reunirse un mismo grupo para conversar, hasta mediados de los cincuenta en que, en el café Automático, ubicado en la Avenida Jiménez con carrera sexta, comenzaron a aglutinarse en torno del poeta León de Greiff los intelectuales más prestigiosos de entonces: Hernando Téllez, Otto de Greiff, Jorge Zalamea, Eduardo Zalamea, Gerardo Valencia, Carlos López Narváez, Hernán Merino, Alberto Angel Montoya, entre otros, y por virtud de la magia de la palabra de estos conversadores, y de aguardiente al por mayor, se hicieron rutinarias las reuniones y adquirió una popularidad mayúscula la tertulia de El Automático, durante casi quince años el epicentro de la actividad intelectual de Bogotá, hasta 1976, año de la muerte de León de Greiff.

Han transcurrido cinco lustros, y las tertulias bogotanas renacen hoy con los miércoles de El Mosaico en la Biblioteca Nacional, enriquecidas con una modalidad que consiste en darle al público el chance de participar en las charlas, de interactuar, como se dice en el lenguaje cibernético, con los autores invitados a la tertulia. Se rescata así una gran tradición bogotana de más de dos siglos.

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