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ARGENTINA PROTESTÓ DE NUEVO

ARGENTINA PROTESTÓ DE NUEVO

La séptima huelga general que afrontó Carlos Menem estuvo marcada por hechos característicos de los paros de sindicales obreras, y también por alianzas parlamentarias tendientes a la aprobación de la ley de flexibilización laboral.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

En un país donde las organizaciones obreras tienen tanto arraigo como en Argentina y que está en plena campaña política, resultaba apenas lógico un paro por asuntos laborales fuera a ser el tema central de los comentarios políticos.

El tema político se calentó gracias al Frepaso y la Unión Cívica Radical. Hace una par de semanas las colectividades presentaron un programa de gobierno moderado, que insiste en la responsabilidad social y reconoce la necesidad de mantener el plan de convertibilidad de la moneda y apoyar el plan de flexibilización laboral. Su propósito es presentar listas única en octubre y constituirse como una alternativa posible al Justicialismo.

Pero unos días después de presentar su programa, los dos partidos le dieron un apoyo sutil al paro, todo el país político se les vino encima pues no era congruente que esta agrupación tuviera una posición en sus discursos oficiales y otra en sus relaciones con la base. Las piedras le cayeron de todas partes, incluso el exministro Domingo Cavallo condenó esa actitud.

El más perjudicado con ese debate fue el expresidente Raul Alfonsín, que había mantenido su prestigio, e incluso su cercanía con el actual mandatario. Pero después de conocida la posición de la Alianza, Menen señaló a sus allegados que se sentía traicionado.

El otro hecho político que marcó la huelga fue la distancia que tomó la Central General del Trabajo. Esta organización, abanderada de las protestas anteriores y con un discurso antineoliberal bastante fuerte, prefirió la vía política y participó en la redacción del proyecto de flexibilización laboral. Esa decisión dividió la organización obrera y le ha hecho perder a la Central parte de su apoyo tradicional.

Logros sindicales La CGT consiguió en el Congreso seguir negociando las convenciones colectivas de las empresas argentinas y que las obras sociales siguieran a cargo de los sindicatos, además de meter en la discusión temas como el derecho a la información de la situación financiera de las empresas y la adopción del sistema integrado de policía del trabajo, la cual debe velar por el cumplimiento de las leyes aprobadas.

Luego de lograr un consenso con los veceros sindicales, la comisión legislativa a cargo del proyecto debe negociar con los representantes de los empresarios, quienes no están de acuerdo con algunos de los puntos acordados con la organización obrera. Estiman conveniente establecer algunas excepciones para la negociación con la CGT y ponerle a un plazo de dos años para terminar con el manejo de los recursos para obras sociales.

Pero tal vez en la solicitud que más han insistido los empresarios es en dejar la aprobación en el Senado de la ley para después de las elecciones.

La jornada A pesar de la importancia del tema político, en la jornada se presentaron algunos desordenes. Grupos de sindicalistas atentaron contra buses, bloquearon carreteras y mantuvieron aislados enfrentamientos con la Policía.

Los disturbios más violentos tuvieron lugar en Isidro Casanova, a las afueras de Buenos Aires, donde la Policía disparó con balas de salva para despejar un camino bloqueado y causó heridas a siete personas.

Los empresarios denunciaron la destrucción por incendio de al menos ocho autobuses y atribuyeron los atentados a piquetes de huelguistas.

En diez provincias argentinas hubo enfrentamientos de activistas de los sindicatos, desempleados y jubilados, interrumpieron el tráfico de vehículos en las carreteras, sin que la Policía interviniera en la gran mayoría de los casos.

Unos veinte activistas de izquierda ocuparon la calle en el cruce de las avenidas Callao y Corrientes, en pleno centro de Buenos Aires.

El paro tuvo altos niveles de adhesión en el transporte de pasajeros y en las escuelas de todo el país, mientras que casi no tuvo impacto en la banca y en el comercio. El sistema ferroviario circuló en servicios mínimos pero con buen ritmo de frecuencias y los vuelos de las compañías aéreas sólo sufrieron cortas demoras. En la industria, los niveles de adhesión fueron dispares según la actividad específica o las distintas regiones del país.

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