SALVE UNA VIDA: DONE UN RIÑÓN

SALVE UNA VIDA: DONE UN RIÑÓN

Cuando en el año de 1967 Christian Barnard realizó en Ciudad del Cabo (Sud Africa) el primer transplante de corazón, el mundo científico dió un gigantesco paso hacia la evolución de la medicina moderna. Esta hazaña la facilitó el cuerpo médico de los Estados Unidos, en donde siete años antes se había incursionado con éxito en el transplante de riñón y aún hoy 30 años después algunos pacientes viven normalmente, con un apéndice donado.

08 de agosto 1990 , 12:00 a. m.

Pero en Colombia, científicos nacionales han logrado realizar en los últimos diez años 1.300 transplantes y gran cantidad de pacientes han logrado sobrevivir, gracias a los donantes de riñón, que casi siempre son familiares de los receptores.

Y aunque no somos los pioneros en este tipo de cirugía, el país se encuentra al nivel de los más avanzados en el mundo de los transplantes. Pero es necesario vencer todo tipo de obstáculos para encontrar voluntarios que puedan hacer felices a otros seres humanos.

Los primeros en iniciar en Colombia los transplantes de riñon fueron los antioqueños que entrenaron a todos los grupos que hoy se dedican a esa práctica en Bogotá, Cali y Bucaramanga.

Ahora en la capital de Santander se proyecta montar, a muy corto plazo, el primer Centro de Transplantes de Organos, cuya misión se ha propuesto el nefrólogo Martín Aldana Mayorga, director del grupo de transplantes de riñón en esta ciudad.

Esta institución permitirá mantener reservas adecuadas para el momento en que se vayan a efectuar las operaciones, aunque no necesariamente se convierta en un depósito de órganos.

Primero es necesario desvirtuar una serie de prejuicios religiosos, sociales o económicos, antes de iniciar el programa, pues el grupo de transplantes siempre tiene obstáculos para encontrar donantes, aunque se trate de cadáveres.

En los transplantes de riñón, es este el máximo problema. Actualmente existen unos treinta pacientes en turno en el programa que realiza el hospital Ramón González Valencia, con la participación de la Universidad Industrial de Santander.

Todos ellos son sometidos a costosos tratamientos de diálisis, sin el cual, indefectiblemente, morirían antes de tres meses. Este proceso cuyo valor, sin contar honorarios médicos, droga, ni reactivos, es de 35 mil pesos por sesión y al cual deben concurrir los[qm]enfermos mínimo tres veces por semana.

La diálisis es un método terapéutico para eliminar los desechos producidos por la insuficiencia renal y oxigenar la sangre antes de retornarla al cuerpo, mediante aparatos externos que solo los grandes hospitales o clínicas del país pueden darse el lujo de adquirir.

Andrés Esparza Santos, coordinador de cirugía del grupo de transplantes, dice que las muertes por enfermedades del riñón ocupan el cuarto lugar en la escala de morbilidad en el país.

Para los pacientes que actualmente ingresan al programa de transplantes de riñón en el González Valencia, las operaciones y su sostenimiento se hace gratuitamente, aunque el hospital debe asumir todos los costos. Tampoco el grupo de treinta profesionales que interviene en el programa, cobra un peso por honorarios.

Se trata de un plan altruista, fi lantrópico, en el cual participa no solamente la población de Santander, sino de todo el nororiente y de la Costa Atlántica. Aquí tenemos pacientes del Atlántico, Guajira, Cesar, Santander, Norte de Santander y Boyacá , dice Jaime Calderón Herrera, uno de los cirujanos del programa.

Entre el grupo científico, están seis cirujanos, cuatro nefrólogos, tres urólogos, cuatro inmunólogos, un siquia-[qm]tra, dos radiólogos, un patólogo, tres enfermeras jefes, una trabajadora social y un médico nuclear.

No siempre un enfermo debe ser sometido a este tipo de prácticas. Solo cuando la función del riñon se ha perdido en un noventa por ciento. Entonces se considera que el paciente debe ingresar a la diálisis o someterse al transplante.

Un paciente transplantado, dice Aldana Mayorga, puede prolongar indefinidamente la vida. Después de la operación, podría retornar a su actividad normal al tercer o cuarto mes.

Aquí tenemos pacientes transplantados desde hace cuatro y tres años y están felices, aunque también existen otros que murieron, no por causas relacionadas con la operación, sino por otro tipo de enfermedades, como pancreatitis, por ejemplo, cuando el paciente se dedica a beber o a llevar una vida desordenada , sostiene el director del programa.

Un transplante implica una serie de cuidados especiales y una dieta igualmente especial, pues él debe saber que su organismo ya no es el original .

Al nivel colombiano, esta operación sería muy costosa, especialmente en su período post-operatorio y si no existiera la ayuda del Estado a través de hospitales y fundaciones, no podrían sobrevivir muchos enfermos.

Quien haya sido transplantado, debe ingerir toda la vida inmunosupresores de origen extranjero cuyos costos en el mercado, en la presentación de veinte cápsulas, puede superar los 150 mil pesos. Su consecución no es fácil.

Por eso, un transplante vale toda una vida .

En estas cirugías los pacientes y los donantes permanecen en el anonimato, a no ser que estos últimos sean parientes del receptor. Ello facilita que no haya comercio de órganos, sino que se trate de una acción libre y voluntaria.

Pero es necesario despertar la conciencia de los colombianos para que donen sus órganos, después de muertos y prolonguen la vida útil de un semejante. RESUMEN TRANSPLANTES En el programa que se realiza en el hospital Ramón González Valencia buena parte de los pacientes son remitidos por el Seguro Social. No obstante, se incluye en turno a todo los enfermos que requieran de la operación. Solo es necesario esperar a que haya un donante. Transplantes realizados, 85 Retransplantados, 7 Pacientes vivos, 56 Pacientes muertos, 22 Pacientes en diálisis, 5 Pacientes con riñon funcionando, 52 Pacientes con seguro, 57 Otros, 5.

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