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TURQUÍA-UE: UNA HISTORIA DE AMOR Y ODIO

TURQUÍA-UE: UNA HISTORIA DE AMOR Y ODIO

Turquía está furiosa con Europa. Desairada por el renovado portazo de la Unión Europea en la pasada cumbre de Luxemburgo en donde no se le dio la oportunidad de entrar al club de países ricos y prósperos del Viejo Continente, y en cambio se la dejó de lado, con una palmada en el hombro y un regalo de consolación, que fue una silla de participante en la llamada Conferencia Europea, un órgano menor que se reunirá dos veces al año y desde el cual, en teoría, se puede dar el salto hacia la UE.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

La rabia de Ankara es, de este modo, la del eterno candidato aplazado, pues a pesar de que Turquía firmó nada menos que en 1963 un acuerdo de asociación con la entonces Comunidad Económica Europea de seis miembros, y que presentó su solicitud oficial de entrada en 1987, su nombre no aparece en la lista de aspirantes emanada de Luxemburgo, en la que ya figuran Chipre y 10 países del Este.

Las razones de la negativa europea? Principalmente el atraso económico y el problema de los derechos humanos.

De ahí las amenazas de los gobernantes de Ankara de retirar de forma definitiva su candidatura de adhesión, una amenaza que de realizarse frenaría la unidad continental del territorio europeo y que al mismo tiempo impediría sellar la estabilidad en el Mediterráneo Oriental, en donde Turquía señorea, controlando el paso al Mar Negro.

Es difícil encontrar en la región otro país con una posición tan estratégica: Turquía tiene una parte europea que es la más pequeña de su territorio, llamada Rumelia, y una segunda, más grande, en el inicio de lo que los geógrafos franceses del Siglo XIX llamaron Oriente Próximo. Esa otra parte, la Anatolia, tiene fronteras con países como Siria, Irak e Irán, así como Armenia y Azerbaiyán por la parte norte. Con ello, Turquía es un país dividido en dos continentes, lo que lo convierte en un aliado clave de Europa para la protección del flanco oriental.

Larga historia Pero hay entre Europa y Turquía una larga historia de rechazos. No hay que olvidar que una de las grandes derrotas de la cristiandad fue la caída de Bizancio, en 1453, con la toma de Constantinopla -hoy Estambul- por los ejércitos jenízaros del sultán Mohamed II. A partir de esa fecha el Imperio Otomano se convirtió para Europa en un fantasma amenazador cuyo poder se expandió hasta las puertas de Viena. Fue temido y odiado, pero a la vez ejerció una secreta seducción sobre los europeos por su poder, por sus enormes diferencias, por representar exactamente lo contrario de lo que era Europa. Y como es lógico, también Europa sedujo a los turcos, de ahí que la nueva Turquía, el Estado moderno creado por Mustafá Kemal -más conocido como Atatrk-, tuviera una marcada vocación modernizadora y europea.

Pero a pesar de esta vocación -y de formar parte de la OTAN desde 1951-, Turquía lleva ya más de treinta años oyendo los cantos de sirena sobre sus grandes posibilidades de ingresar en las organizaciones europeas... Aunque siempre en un nebuloso futuro. Por eso son muchos en Turquía, y también en Europa, los que piensan que hubiera sido más honesto reconocer desde un principio que hay fuerzas europeas que niegan por principio a los turcos el derecho a ingresar al club. Fuerzas que son denunciadas por el propio primer ministro turco, Mesut Yilmaz, quien afirmó dolido: Quienes pretenden que la UE sea un club cristiano han ganado .

Con quién se aliarán? El problema para Europa es que si Turquía le da definitivamente la espalda, qué alianzas realizará Ankara? De un lado está Rusia, que se sentirá feliz de contar con un aliado en aguas mediterráneas. Del otro está Estados Unidos, cada vez más interesado en sumar otro aliado fuerte en la región -al lado de Israel. En tercer lugar están los demás países islámicos, muchos de los cuales estarán encantados de recibir en su seno a la potencia turca humillada por Europa. De ahí el lenguaje ambiguo de Bruselas con Ankara que consiste en atraerla con palabras dulces pero sin darle entrada. Una versión diplomática del suplicio de Tántalo: dejarle ver la fruta sin dejar que la muerda.

Además de sus deficiencias en derechos humanos -relacionados con el problema de los kurdos-, Turquía afronta en el seno de la UE otro grave escollo, y es el histórico enfrentamiento con Grecia, simbolizado en la isla de Chipre. Atenas, durante los últimos años, ha tenido una fuerte influencia en la política de la UE hacia Turquía mostrándola, de un lado, como un país de campesinos atrasados, y del otro como una trinchera en la que campean con total impunidad policías corruptos y violentos extraídos del film Expreso de medianoche .

Ankara, claro, tiene mucho que hacer. Debe desmantelar ese Estado dentro del Estado que se nutre de la corrupción, vive de la guerra contra los kurdos y defiende sus intereses con la tortura y la violencia. Tiene que construir un Estado de derecho que complemente a la democracia política. Se han hecho avances y la sociedad civil surge con fuerza. Pero esos esfuerzos deberían recibir un poco más de apoyo de Europa para que se conviertan en fuerza y no en debilidad, y para que la puerta de Europa hacia el Oriente siga siendo una puerta y no una espesa alambrada.

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