EL TROTAMUNDO Y LOS SUEÑOS

EL TROTAMUNDO Y LOS SUEÑOS

Al otro lado del cristal de la ventanilla pasa veloz el paisaje chino: miles de kilómetros de espacio y miles de años de tiempo se suceden vertiginosamente: campos de maíz amarillentos, brumosos hasta el horizonte, y después grandes ríos tumultuosos por los que bajan las almadías de los madereros, pueblecitos de techos de pizarra mojada, musgo entre las rocas y bambú y helechos, hileras de camellos que buscan el siguiente oasis dentro de cada duna, campesinos inclinados en los arrozales con agua hasta los tobillos, niños que pasean búfalos, patos que nadan en los estanques, hilachos de niebla que se deslizan dentro de los barrancos, después se enredan entre los árboles, juegan con las chimeneas de las fábricas y reposan sobre las eras donde recogen el trigo, para a continuación mezclarse con el humo de la caldera de la máquina de vapor. La oscuridad de un túnel. De repente, en el cristal delante de la negrura aparece reflejada la imagen de un extraño entre mil millones de iguales. Al o

10 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

En cambio, el poeta Baudelaire responderá que los verdaderos viajeros son solo aquellos que parten por partir .

Y Henrry Miller, viajero experimentado de los dos trópicos: Los viajes se contemplan interiormente, y los más atrevidos, no hace falta decirlo, se hacen sin moverse del sitio .

Otros dirán: el viaje exprime una profunda necesidad de cambio interior. Un deseo de experiencias nuevas, más que una necesidad de cambio de lugar. Quizá, pues, solo habría viajes verdaderos en el interior de nosotros mismos? Y un filósofo chino: El viaje que es una huida de uno mismo no llegará nunca a su fin .

Serán todos los viajes una huida? Interroga entonces el emperador al viajero veneciano: Viajas para buscar nostalgias? Y Marco: El viajero sueña despierto con amaneceres en el desierto, con la aurora boreal reflejando sus vaivenes metálicos en un lago helado, con las miríadas de peces de colores y de algas sinuosas en una catedral de coral, con la espuma que deja el velero plateado por la luna pálida, con templos de dioses ignorados, perdidos en la selva, con el incienso entre los budas y los lamas... y quiere estar en todos los lugares al mismo tiempo.

Y Simbad: El sedentario envidia en el viajero su independencia frente a las ataduras, todo lo bello y extraordinario que sus ojos verán, las aventuras pasadas y, por lo tanto, ya sin riesgo, su continuo aprendizaje del mundo. El viajero envidia en el sedentario el amor de la pareja, la satisfacción que dan los hijos, su capacidad de ser feliz con las pequeñas cosas de la vida diaria: un libro, un disco, una noche con los amigos, un programa de televisión. El sedentario es prisionero de su vida. El viajero es prisionero de su ansiedad. Sin los sedentarios, los viajeros no podrían subsistir. Sin los viajeros, los sedentarios no podrían soñar. Y Marco, de nuevo: Hay tanto para ver y es tan poco el tiempo.

Kublai, todavía no satisfecho, retorna a la eterna cuestión: Qué es lo que impulsa el ansia del viajero? Alguien desde el polvo que levanta un viejo autobús le contesta: el viajero experimenta el placer de sentirse extranjero, libre de toda atadura, porque nadie le conoce ni ante nadie ha de responder de sus actos, libre entre los hombres que lo rodean porque sabe que está allí por su voluntad y a diferencia de los demás puede huir, pues tiene el privilegio de una casa lejana que le espera.

Y otro desde el tren que ya no se ve al otro lado de la colina: ser espía del mundo, contemplar, conocer, descubrir sin sentirse nunca realmente implicado. Vivir el placer egoísta de sentirse extranjero, espectador, sin nada que te ate a las alegrías y penas de los que te rodean más allá de tu propia voluntad, casi como ángel por encima del bien y del mal.

Y un peregrino entre fieles que tienen mucha más fe que él: el sentirse a gusto anónimo, oculto detrás de la sombra de los demás y piensa, sin decirlo: te sabes egocéntrico, solitario sentimental en tu singularidad, caminante sobre el río de la vida que cuando quiere se deja arrastrar para después disfrutar del placer de caminar contra la corriente. Y Ulises: El despertarse cada mañana es un nuevo puerto.

El Kan a Marco: Dónde tiene la casa el viajero? Un sabio griego le había respondido varios siglos antes: La casa está allí donde se tiene el corazón . Y el Gran Kan se atreve por fin a preguntar con temor, cuándo regresarás? Simbad: No hay viaje sin retorno. El viajero parte sabiendo que tendrá que regresar. Solo quien ha partido de viaje y ha dormido muchas noches en lechos extraños disfruta del regreso. Pero el viajero descubre que ningún viaje sacia lo suficiente y que después de cada retorno habrá otra partida .

Y Stanley, como un eco: Se viaja solo para descubrir que nunca se ha viajado bastante . A lo que el poeta de Alejandría añade: Espera a que seas viejo para fondear la isla.

Marco, hasta ahora callado, dice por fin: El viajero sabe que algún día el retorno le vendrá a su encuentro .

En el aire queda la pregunta que todo viajero ha escuchado muchas veces y la respuesta que él ha dado: Por qué viajas por el mundo? Por qué no puedo ir a los planetas? El viajero es presa de sus sueños. Pero los sueños le sobrevivirán. Así lo anunció Matsuo Basho en el haiku que dejó de testamento a sus discípulos, cuando habiendo enfermado durante una de sus peregrinaciones, supo que estaba a punto de morir: Enfermo durante el viaje mis sueños por los páramos yermos.

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