EL MÁXIMO PREMIO

EL MÁXIMO PREMIO

El tiempo vuelve a jugar en el fútbol profesional colombiano sus inquietantes e impredecibles incidencias en los cuadros de honor, pero siempre con un sabor de lógica y justicia para establecer el merecimiento de los conquistadores de los títulos que engrosan la vitrina en medio del estallido jubiloso de hinchas y dirigentes.

21 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Pareciera, igualmente, que un hálito de divinidad respondiera a los fervorosos ruegos de quienes con el emblema de su divisa se inclinaran fervorosos en medio de una súplica al Altísimo.

Tal es el caso que la historia revive en este crucial momento en que la estrella roja que iluminó plenamente y por primera vez al hincha americano, después de una larga y sufrida espera, vuelve tras siete fulgurantes apariciones más, a asomar en toda su plenitud para prenderse por novena ocasión a la ondeante bandera escarlata en las trémulas manos y el palpitante corazón de sus miles y miles de defensores.

América, que ha transitado por los más intrincados y tortuosos caminos de la estrechez, la alegría de la bonanza y el sacrificio a toda prueba, está en los umbrales de lograr el máximo premio a su inquebrantable espíritu de lucha y sacrificio, para dejar nuevamente y muy en alto su glorioso historial, su bien reconocido nombre a nivel nacional e internacional.

Gloria, entonces, a todos quienes ayer y hoy, distantes o presentes, han sumado sus voluntades y esfuerzos, su contingente intelectual o físico atlético, para mantener victoriosa la institución que hoy debe ser ungida con su novena corona, para honra y prez de nuestra amada comarca vallecaucana.

Hoy es justísimo resaltar la evolución, si se quiere forzada, que ha experimentado el plantel. Evolución, claro está, obligada por los avatares del poder económico, pero que dio pie a la renovación de que hoy goza, del aporte de elementos jóvenes y ambiciosamente dotados.

De otro lado, es necesario que el hincha retome su fervor y lo respalde con su asistencia física en el estadio. Es un factor primordial para que los logros como el de hoy sigan siendo posibles.

Permítasenos en este momento tan especial, repetir con mi vecino el hincha rojo: Mano, qué berraquera es ser hincha de la mecha! (*) Fue corresponsal de EL TIEMPO y comentarista de Caracol. En la actualidad goza de su jubilación. Nunca ocultó su pasión por el América.

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