UN ALEMÁN CON LOS ABORÍGENES

UN ALEMÁN CON LOS ABORÍGENES

Tal vez parece sorprendente que yo haya sido invitado a contribuir a un libro sobre Leopoldo Richter, cuando ya estoy acercándome a los 89 años y retirado de toda actividad profesional, además de vivir en Canadá. Acepté, después de bastante vacilar, para cumplir con un deber que considero ineludible. Tuve la buena suerte de vivir en Colombia durante el segundo tercio de este siglo, cuando surgió allá un número realmente excepcional de artistas memorables. En el curso de los años los conocí a todos y varios llegaron a ser mis amigos. Fue una cosa natural para un testigo presencial y cronista del arte colombiano.

07 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

En cambio, era difícil encontrar al profesor Richter, quien vivía lejos de Bogotá, en su finca El Barzal. Peter Aldor, a la sazón caricaturista de EL TIEMPO, nos presentó, a mi esposa y a mí, al profesor Richter y a su esposa, llevándonos a su casa de campo.

Durante nuestros estimulantes encuentros subsiguientes pude apreciar más a fondo este personaje vigoroso, de alta estatura y enorme vitalidad, que expresaba sus ideas con gusto y franqueza. Nunca dejé de admirar su carácter tan independiente, impermeable a toda influencia exterior ajena a sus convicciones personales.

Un fenómeno significativo de la posguerra fue la expansión dramática del arte abstracto, no solo en Europa y Nueva York sino también en Latinoamérica, enfáticamente apoyado por la crítica de vanguardia . En Colombia, los dos escultores sobresalientes, Edgar Negret y Eduardo Ramírez Villamizar, conquistaron un bien merecido renombre internacional con sus esculturas abstractas. Entre los pintores, Guillermo Wiedemann se afirmó como brillante compositor colorista desde su época inicial de artista figurativo, pasando por una igualmente notable transición figurativa-abstraccionista, hasta llegar a un fino lirismo cromático, casi musical, totalmente abstracto.

Entre los otros pintores abstractos cito especialmente a Eduardo Ramírez Villamizar, quien fue el primer notable pintor abstracto de Colombia, antes de llegar a ser escultor. Lo fue en un estilo geométrico-duro que más tarde reconocimos como presagio de su primera fase como escultor. Hay que citar también, como pintores abstractos dignos de recordar, a Armando Villegas, Judith Márquez y María Teresa Negreiros. Por otra parte, algunos de los más importantes pintores colombianos nunca se volvieron abstractos, entre ellos Fernando Botero, cuyo arte se singulariza por formas infladas en desproporción entre ellas, y un benévolo humor, todo realizado en alta pintura y escultura.

Figura central y dominante del Expresionismo Romántico fue Alejandro Obregón. Lo fue desde sus tempranos retratos femeninos y autorretratos, sus cóndores y toros, sus peces y Aves cayendo al mar . A veces llegó a ser muy abstraccionista, pero nunca abstracto. Al Expresionismo Romántico pertenecían también, con pronunciadas notas personales y a lo menos temporalmente, los pintores David Manzur, Luciano Jaramillo, Lucy Tejada (más influenciada en su estilo por el ecuatoriano Guayasamín que por Obregón), Cecilia Porras, María Teresa Negreiros y Augusto Rivera. Enrique Grau Araújo practica la pintura realista con acabada maestría, frecuentemente sazonada con una nota de picante malicia. Como iniciadora de la pintura ingenua en Colombia aparece Sofía Urrutia.

Grupos humanos En medio de tantos movimientos artísticos surge Leopoldo Richter, un gigante independiente que no pertenece a ninguno de ellos. Hombre de gran cultura, educado en su Alemania natal donde había estudiado ciencias y arte, conocía perfectamente las corrientes predominantes pero nunca se subordinó a la moda del día ni a los dictados de la crítica. Sin embargo, fue tan contemporáneo de nuestro tiempo como Gauguin lo fuera de los grandes modernos a la vuelta del siglo.

Leopoldo Richter vino a Colombia como hombre de ciencia y llegó a ser profesor de la Universidad Nacional, en su calidad de entomólogo. En esta capacidad hizo repetidos viajes, con prolongadas estadías en la selva virgen, como ya había vivido antes en los terrenos selváticos del Brasil. Especialmente notable me parece la diferencia de visión entre Richter el artista y Richter el investigador científico. Este último registra las numerosas especies tropicales de insectos descubiertas por él, las analiza ávido de enriquecer el patrimonio de las ciencias naturales. Es un proceso objetivo, realista . Con los indios primitivos convive pacíficamente y admira su sabia adaptación a su ambiente natural. Los encuentra menos salvajes que la población urbana. El pintor Richter penetra en la visión del mundo de los aborígenes y la transforma en arte. Ellos viven en un ambiente tan abrumador en su abundancia y tan visualmente limitado por la densidad de la vegetación, que cierra la vista hacia la distancia.

Este hecho se traduce en las pinturas de Richter, en composiciones estrictamente de primer plano, sin claros distantes, sin perspectiva. Las figuras dominan la superficie del cuadro, lo que les presta su pujante carácter monumental. Inspirado tal vez por el ritmo de los troncos de la selva, Richter muestra una marcada preferencia hacia la composición vertical, especialmente en los grupos humanos. La combinación de las figuras perpendiculares con los brazos frecuentemente horizontales resulta en construcciones de arquitectónica solidez.

No encuentro para la pintura de Richter un término más pertinente que Expresionismo. Es verdad que la estilización de sus figuras es absolutamente personal e independiente de los expresionistas de la Europa central, a pesar de sus raíces alemanas. Pero la configuración de las caras, por ejemplo, casi-pétrea, casi-máscara, poderosa, no parece admitir una clasificación distinta. Por cierto, no es arte primitivo . Por otra parte, las composiciones rígidamente verticales y ortogonales de Leopoldo Richter no se convirtieron en un estilo amanerado o inflexible. Especialmente las figuras femeninas aparecen a veces en movimientos sensuales, por ejemplo como pescadoras, o afectuosas en los cuadros de maternidad. Los sentimientos se expresan elocuentemente en los ademanes de los cuerpos.

Posición de honor El interés de Richter no se limita a los habitantes humanos de la selva. También es intérprete incansable de animales, además de los insectos que estudia como entomólogo. De especial importancia como animal doméstico para los indígenas, y también en la obra de Richter, es el caballo. Con el caballo viene el jinete. Es un tema que fascina al artista y lo explota en inagotables variaciones: el caballo solo, una figura en pie que se balancea graciosamente sobre el lomo del animal, recordando artistas ecuestres de circo; una mujer entrenando una yegua; dos jinetes montados uno tras otro, en melódico ritmo. Los caballos son fuertemente estilizados, deformados , en ocasiones adornados con dibujos a veces figurales, a veces geométricos. Cada cuadro ofrece nuevos hallazgos, nuevas conformaciones.

El reino de los animales siempre despierta la curiosidad de Leopoldo Richter, así no sean insectos ni caballos, y le ofrece una inagotable fuente de inspiración. El pez, uno de los alimentos básicos de los indígenas, aparece no solo en cuadros de pescadores (más frecuentemente pescadoras), sino también como tema independiente, ya sea aislado, en pares o en grupos, que en las pinturas se distinguen a veces por su casi mágica luminosidad. La variedad de las aves y los cuadrúpedos de la selva en la obra de Richter es tal que hay que ser un experto en zoología para identificarlos a todos.

Otro aspecto en la obra del artista es la variedad de medios que usa. A los medios tradicionales del óleo, la acuarela, la témpera, la crayola, las técnicas mixtas (en el caso de Richter, agregando arena y caseína a los colores, aparte de otros experimentos) y la litografía, se asocia el esmalte sobre cerámica, técnica que emplea con esmero, desde baldosas individuales hasta grandes murales, unos en blanco y negro, otros en colores.

En varios de estos grandes murales sobre cerámica, especialmente los realizados en blanco y negro, se manifiesta la tendencia a llenar todos los espacios, a no dejar nada en blanco, ningún vacío, un verdadero horror vacui . Veamos como ejemplo el mural Alegoría Bolivariana, en Florida International University en Miami: los dos grandes generales a caballo, en el centro del cuadro, y las dos agigantadas figuras indígenas a los lados, están rodeados por un sinnúmero de jinetes, mujeres de pie, caballos y plantas tropicales, de tamaño comparativamente minúsculo, llenando la superficie hasta los bordes. El espacio está saturado de figuras. En composiciones como esta, Richter obtiene una afortunada combinación de su concepto monumental con los atractivos efectos de tapetes decorativos, conquistando una nueva dimensión de su obra.

Leopoldo Richter murió en Bogotá, en febrero de 1984, a la edad de 88 años. Su arte, que inicialmente pudo parecer un producto secundario de su actividad científica inicial, llegó a ser su ocupación principal durante los últimos decenios de su vida y le asegura una posición de honor entre los pintores de nuestro siglo.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.