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LOS PARTIDOS TAMBIÉN EXISTEN

LOS PARTIDOS TAMBIÉN EXISTEN

Pese a ser asunto que el Congreso de veras tendrá que reglamentar, son interesantes los resultados de la encuesta de RCN sobre preferencias electorales en materia de candidaturas presidenciales. Interesantes y además sintomáticas, pues se practicó una muestra represantiva de más de 14 mil personas mayores de 18 años de distintas partes del país, de las cuales respondieron poco más de 6 mil. Es el sondeo más amplio que se realiza a nivel nacional y, presumiblemente, en el que menos márgenes de error se incurre. Lo cual no significa que sea perfecto.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

No se advierte, por ejemplo, que, dentro del partido liberal, Samper aún no está en campaña formalmente, y que en el partido conservador Alvaro Gómez quien figura siempre en segundo lugar, debajo de Andrés Pastrana ni siquiera se sabe si va a participar o no en la próxima justa electoral. Qué pasará cuando Samper y Gómez si éste se anima renuncien a sus embajadas y estén aquí? Será otro el cuento? La encuesta parte de la base de que habrá consulta tanto liberal como conservadora, recogiendo el sentimiento popular de que no solo se trata del procedimiento más democrático para auscultar la opinión, en el seno de ambas colectividades, sino que la consulta resulta válida, siempre y cuando se institucionalice. Es decir, se establezca como un método legal para escoger candidato a la presidencia en la forma más diáfana, y ello es propósito que bien pueden sacarlo adelante las mayorías parlamentarias en el Congreso, si se lo proponen. Que es lo que ojalá ocurra en la próxima legislatura, para interpretar así, legítimamente, la querencia de los electores.

Y aunque está claro que este tipo de encuestas cuanto reflejan fundamentalmente es una intención de voto (hay que recordar cómo, en las últimas elecciones para Congreso, Pastrana sólo obtuvo 8 escaños cuando los sondeos le daban más de 20, justamente por no tener a su partido detrás), es indudable que los resultados de ésta reflejan dos hechos contundentes, que en principio no tienen por qué modificarse con el transcurso del tiempo: * 1) Cualquiera que sea el ganador de la consulta, a nivel liberal, ese candidato triunfante tendrá necesariamente que invitar al que lo siga a que lo apoye decididamente en su objetivo de alcanzar la presidencia. Las cifras son explícitas: si Samper aparece, al concluir el mes de febrero, con el 18.9 por ciento y De la Calle con 16.3 por ciento, es evidente que ellos dos solos sumarían el 35.2 por ciento, conformando una llave prácticamente indestructible frente a un Andrés Pastrana que en una primera vuelta sin disidencias (ésto es, si los godos hacen consulta) registra el 31 por ciento. De manera que, contrariando un poco la teoría de que lo que conviene es destetarse de los políticos, la encuesta de RCN lo que dice es otra cosa: quien dentro del liberalismo gane la consulta, necesitará la colaboración resuelta de sus contendores de la víspera. Como ocurrió cuando Gaviria salió avante gracias a este mecanismo en 1990 y contó luego, en las presidenciales, con el respaldo pleno de Durán y Samper; y, en cambio, como casi no contó Turbay en 1978, después del Consenso de San Carlos, cuando Carlos Lleras asumió una actitud completamente pasiva frente al candidato triunfante y eso por poco le cuesta la derrota al partido liberal.

* 2) Aunque Andrés Pastrana aparentemente barre con un 28.1 por ciento, de realizarse una consulta conservadora (con la advertencia repito de que Alvaro Gómez lo sigue con un 11 por ciento, sin estar actualmente jugando para nada), sería la única forma como podría legitimar su aspiración frente a su partido. Y a contrario sensu: si no hay consulta azul, es cierto que Pastrana registra una gran distancia frente a los demás, pero de no apelarse a este mecanismo que es, también, el único que garantizaría la unidad conservadora, hoy maltrecha, sus oponentes suman en conjunto el 33.3 por ciento de los votos, frente al 28.1 por ciento de Andrés. Lo cual también implica que Pastrana aunque no lo reconozca necesita a su partido; a su maquinaria ; sus parlamentarios y clase política en general; y que la sola exitosa opinión que encarna no le basta para ganar, como ya lo ha comprobado.

A este respecto, recuérdense dos hechos: a) Que alrededor de Belisario Betancur aun como candidato nacional estuvo toda su colectividad, incluído el alvarismo. Si no, tampoco habría podido conquistar la presidencia, aun pese a la división liberal de 1982. b) Que Luis Carlos Galán siempre avasallaba en las encuestas y perdía en las elecciones, por no tener sino una reducida organización disidente detrás, a falta de su partido. El cual seguramente lo iba a llevar a la presidencia en 1990, gracias a la unión, obtenida al amparo de la consulta.

De modo que, mientras el problema de Pastrana es cómo meterse en el bolsillo a los políticos para darle soporte a la intención de voto de aquellos que pretenden hacerlo por él, el dilema de Samper es al revés: cómo trabajar la opinión sin que los políticos afecten su imagen. Para lo cual Humberto De la Calle, al igual que Lemos y Parejo, hoy sus contrincantes, mañana deben convertirse en su grandes aliados, por ser figuras del partido con prestigio. O viceversa; según, claro está, cuanto digan los resultados de una consulta en la que, de aquí a un año, es mucho todavía lo que las circunstancias pueden cambiar en materia de preferencias electorales.

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