HERMANOS, COLEGAS Y MAESTROS

HERMANOS, COLEGAS Y MAESTROS

Cargar con el peso de la fama, el prestigio y la gloria de los antecesores inmediatos (el padre, los tíos) es una de las cosas más difíciles que existen. Si lo sabrían Enrique y Hernando Santos Castillo, y también su hermana, Beatriz, que se criaron en un hogar por fuera de lo común, pues eran hijos de un periodista legendario, temido columnista, y el más leído del país, Enrique Santos Montejo, ganador del premio Cabot, y sobrinos del dueño del periódico más influyente de Colombia, además ex presidente de la república, Eduardo Santos, y del notable intelectual, escritor, periodista, músico y ex alcalde de Bogotá Gustavo Santos.

27 de noviembre 2001 , 12:00 a.m.

Cargar con el peso de la fama, el prestigio y la gloria de los antecesores inmediatos (el padre, los tíos) es una de las cosas más difíciles que existen. Si lo sabrían Enrique y Hernando Santos Castillo, y también su hermana, Beatriz, que se criaron en un hogar por fuera de lo común, pues eran hijos de un periodista legendario, temido columnista, y el más leído del país, Enrique Santos Montejo, ganador del premio Cabot, y sobrinos del dueño del periódico más influyente de Colombia, además ex presidente de la república, Eduardo Santos, y del notable intelectual, escritor, periodista, músico y ex alcalde de Bogotá Gustavo Santos.

Mucho esfuerzo, inteligencia y denuedo se requieren para construir un prestigio, como en el caso de EL TIEMPO lo hicieron los hermanos Eduardo, Enrique y Gustavo Santos Montejo; pero no es inferior y quizá más angustiosa la responsabilidad que adquieren los herederos de ese prestigio cuando les cae sobre los hombros el trabajo de sostener el pesado fardo, y aun de transportarlo a cimas superiores.

A esa prédica tuvieron que enfrentarse Enrique y Hernando Santos Castillo. Darían la talla? Podrían estar a la altura de su ilustre padre y de sus ilustres tíos? Serían capaces de conservar el periódico en el inalcanzable primer lugar a que lo llevaron el doctor Santos y su hermano don Enrique?.

Enrique y Hernando demostraron cada uno, a su turno de ingreso en EL TIEMPO, que traían bien puesta la madera de periodista de su progenitor. No obstante, los interrogantes prevalecieron por algunas décadas debido a la creencia errada, contumaz, de que sus virtudes descansaban en el privilegio de ser sobrinos del propietario, y que cuando el doctor Eduardo Santos y don Enrique Santos, Calibán, salieran del escenario, EL TIEMPO menguaría y se vendría abajo.

No sé cuántos, si bien no pocos, cayeron en cuenta de su error una vez que los Santos Montejo Gustavo en 1967; Enrique en 1971; Eduardo en 1974 , cumplidos sus altos destinos, se aburrieron de este mundo y decidieron abandonarlo.

Su nunca bien deplorada ausencia no trajo consecuencias adversas para la vida del periódico. Ni podía traerlas. Enrique y Hernando Santos Castillo eran sus responsables en la parte periodística desde hacía un cuarto de siglo, y no por su parentesco con el dueño se habían mantenido como jefes de redacción todo ese tiempo, sino porque demostraron hasta la saciedad que se trataba de dos periodistas excepcionales, que dominaron los secretos del oficio tanto y tan bien como los mejores del continente.

Enrique y Hernando Santos Castillo representan un ejemplo singular de relaciones fraternales. Enrique entró a EL TIEMPO, como Jefe de Redacción, en 1942, y Hernando, como jefe de la Sección de Noticias Internacionales, en 1947. Fue para ellos una guía poderosa, en lo periodístico y en lo intelectual, el Director, don Roberto García-Peña; pero siempre volaron con motor propio.

Sin embargo, no había dos seres más diferentes y contradictorios que Enrique y Hernando. Enrique, el periodista al ciento por ciento. No presumía de escritor, ni de intelectual. Sólo era periodista, con un olfato endemoniado para captar la importancia de una noticia, colocar el título exacto, la fotoleyenda precisa, en el sitio adecuado. Gozaba, disfrutaba a plenitud el periodismo.

Ya se ha dicho que durante los más de cincuenta años que estuvo al frente de las ediciones de EL TIEMPO, primero como Jefe de Redacción, y después como Editor General, nada se publicaba sin su consentimiento, y es verdad. Como persona estaba dotado de enormes cualidades: leal, cariñoso, alegre, afectuoso, de un carácter firme, con el que respaldaba sus convicciones, que muchos no compartían y que él defendía con entereza y a veces con intransigencia. Enrique Santos Castillo militó en la derecha, adoró los Estados Unidos tanto como odió el comunismo y la Unión Soviética, y en consecuencia en su juventud fue devoto del fascismo y admirador de Mussolini y de Franco, aunque siempre le horrorizaron Hitler y el nazismo.

Experto en la guerra civil española, había devorado cuanto se escribió sobre este sangriento episodio del siglo XX. Dueño de un gran valor personal, lo demostró en sus propósitos de irse a pelear en la guerra de los españoles; lo atajó su tío Eduardo, quien lo felicitó por sus deseos de defender con su vida la causa de la República española, a lo cual Enrique le respondió, con su sinceridad característica, que no iba a defender la República sino a Franco. Desde entonces dejó de ser el sobrino favorito del doctor Santos.

Al contrario de su hermano, para Hernando el ejercicio del periodismo no constituyó un motivo de goce. Le generaba angustia y sufrimiento incontrolables. Alegre y jovial dos metros antes de la entrada del periódico, una vez la atravesaba se convertía en un manojo de nervios, en un jefe de redacción irascible y exigente, que a duras penas se toleraba a sí mismo; pero también poseía, como Enrique, innatos, el olfato por la noticia, la sabiduría para titular y la habilidad para desechar lo que carecía de valor informativo o de utilidad para el público.

Lector voraz, columnista ágil, con impecable capacidad de síntesis, autocrítico, escéptico y guasón como su padre, tuvo tendencias de izquierda en política, y en alguna ocasión hasta fue miembro del partido comunista, o colaborador secreto de los mamertos. Curado de estas viruelas de juventud, se asentó como intelectual burgués de izquierda y como un periodista que sabía avizorar el futuro con ojos de avanzada.

Cómo hicieron estos dos hermanos de tendencias tan opuestas para dirigir con tal éxito la redacción de EL TIEMPO por más de veinte años, desde 1956, año en que, al aparecer Intermedio, ambos quedaron de Jefes de Redacción? Porque, por encima de sus diferencias, eran afines en la misma pasión: el periódico y el periodismo.

Enrique y Hernando Santos Castillo coincidieron siempre en que ni sus gustos ni sus disgustos podían, ni debían, afectar la empresa de EL TIEMPO. Tuvieron el peculiar acierto de turnarse las jornadas.

Un día, Enrique era el jefe de Redacción, al otro día lo era Hernando, quien además sentía por su hermano mayor una gran admiración, lo consideraba maestro de periodistas y solía decir que él era su discípulo más aventajado.

Si algún desacuerdo serio surgió entre ellos, lo discutían por teléfono, a veces con acritud, y en cuanto colgaban seguían tan afables. Su relación fraternal solo flaqueó una vez, al aceptar Juan Manuel Santos entonces subdirector de EL TIEMPO el cargo de Ministro de Comercio Exterior en la administración Gaviria.

Eso sacó de quicio a Hernando, tío de Juan Manuel, y lo enfrentó con Enrique, que respaldó la vocación política de su hijo, el nuevo ministro. Pronto Hernando y Enrique, con un abrazo estrecho, dieron por cancelado el incidente y la fraternidad se mantuvo inalterable hasta la muerte de Hernando, en 1999.

Enrique ha sobrevivido a su hermano menor dos años y siete meses. Como su padre y sus tíos, los hermanos Santos Castillo dejan en el periodismo colombiano, y en sesenta años de la historia de nuestro país, que ellos hicieron noticia día por día, una huella que no se borrará.

Foto.

- En los 40 con apenas 24 años, ingresó a la redacción de EL TIEMPO y empezó a compartir la jefatura y la vida periodística con su hermano y amigo, don Hernando SAntos. Ambos asumieron el periodismo con pasión hasta el final de sus días.

- Con su padre, Enrique Santos Montejo, Caliban , su señora madre, doña Noemí Castillo, y su hermano don Hernando Santos.

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