Secciones
Síguenos en:
METERSE LA MANO AL DRIL

METERSE LA MANO AL DRIL

Una de las funciones de los imperios es legitimar el valor local de las cosas en cada una de sus colonias. Esto les permite establecer el valor de esos objetos y evidentemente, usufructuar su mercado. Los pasados 24, 25 y 26 de noviembre tuvieron lugar en Nueva York las ventas de arte latinoamericano en Christie s y Sotheby s. Ambas casas vendieron 726 lotes entre cuadros, esculturas y objetos, en una cifra que pasa los 25 millones de dólares.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Arte colonial, retratos de próceres y obras contemporáneos fueron comprados por intermediarios, galeristas y coleccionistas, los mismos que se dan cita en la gran manzana dos veces por año para rematar aquí sus propios artistas. México compra mexicanos, Argentina argentinos, Venezuela venezolanos y todos vuelven a su madre patria con la obra que otro envió desde allá y ellos ahora llevan.

En ese tránsito, la obra, que a veces es más barata comprada en Nueva York que en su país de origen son los precios del mercado internacional regresa con un sello que las vuelve más legítima de lo que ya era: hizo parte de las subastas de arte latinoamericano en Nueva York.

Son muy pocos los que llegan escogiendo obras con un criterio pictórico o plástico. Aquí se viene a pensar en plata. Es el valor comercial lo que le da valor a la obra de arte, ni siquiera el artista, pues hay casos en los de un mismo pintor valen fortunas sus obras de una época y las demás no.

Multitudes que asisten a cocteles, almuerzos, comidas y más cocteles hablan de cualquier cosa excepto de arte. Casi ninguno recorre las salas que ha dispuesto cada casa para mostrar las obras en venta. Vienen a encontrar lo que ya saben que está acá. Solo interesa el valor que proponga sobre éste o aquél cuadro un vecino que levanta la mano durante la venta, para sobrepasarlo y aumentar la cifra. Wilfrido Lam: un millón 200 mil dólares, Diego Rivera: un millón de dólares, Antonio Berni: 650 mil dólares.

Pero no de pintores colombianos, excepto Botero, a quien compran todas los latinos cada vez por menos poco. No tenemos ni el concepto de lo que es coleccionar arte, ni el espíritu para invertir en lo nuestro. Fuera de nuestras fronteras el arte colombiano, en plata blanca pierde casi todo su valor y los colombianos ni siquiera advierten que es una buena inversión subastar en Nueva York para valorizar las obras a nivel internacional. Para que desde el centro del imperio la historia comercial de nuestro arte plástico cobre el valor que requiere en Nueva York y el resto de América Latina.

Japón puso a valer a los impresionistas y Madona hizo lo mismo con Frida Khalo, y aunque esto no tenga que ver con la calidad y la importancia de las obras en la historia del arte, es un hecho que hoy, en el mundo entero, el precio comercial de un cuadro en el mercado determina de facto la posición en que se encuentra una obra de arte frente a las demás.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.