ALARCÓN: BUEN MANEJO A PESAR DE LA PRESIÓN

ALARCÓN: BUEN MANEJO A PESAR DE LA PRESIÓN

Camisa blanca con rayas y cuadros violeta. Pantalón de dril verde oscuro. Zapatos de goma. Suéter azul. Tranquilo, tiene el aire del turista que penetra al palacio del Ministerio de Hacienda para tomar fotografías. Tinto, cigarrillo nacional y encendedor desechable. Luis Fernando Alarcón Mantilla extrae los últimos papeles del escritorio que ocupó durantre 38 meses.

07 de agosto 1990 , 12:00 a. m.

Resultados de la actividad productiva? Fueron cuatro años donde la economía tuvo un crecimiento promedio superior al cuatro por ciento anual, mejor de lo que se vio en la primera parte del decenio. Los resultados son satisfactorios y el futuro pinta bien, con mayores niveles de crecimiento. Debemos ser objetivos. Transformaciones? Se logró cambiar la mentalidad en muchos aspectos: era impensable una reforma tributaria eliminando la doble tributación, con tarifas racionales y una majora sustancial en procedimientos. Se transformó y consolidó el sector financiero: puede entrar la inversión extranjera, un mito por años. Hay condiciones para la capitalización y ya el patrimonio es sólido.

Hay racionalización en tasas de interés para fomento. Se acabó el mito del anatocismo. Ya no hay un rígido sistema de amortización acelerada, sino de pagos graduales, de acuerdo con el perfil de los proyectos.

Hay una nueva ley del presupuesto, un solo presupuesto, e instituciones modernas. Es claro ahora que la Nación es dueña de las utilidades de las empresas del Estado. Eso permite darle mejor uso a los recursos.

El Gobierno adquirió mucho mayor capacidad para orientar mejor la política cafetera con visión de largo plazo e interés general. Es un cambio trascendental en el contrato para administrar el Fondo del Café.

No tenemos que mirar, solamente, los resultados inmediatos, sino preocuparnos por crear condiciones para que el Estado pueda funcionar mejor en el futuro, lo cual me satisface. Qué no le satisface? Uno nunca queda satisfecho. Hubiera querido hacer más. Uno de los grandes dolores de cabeza fue el manejo de la inflación. No es cierto que se haya salido de control, aunque las metas esperadas fueron desbordadas por la realidad. Eso creó muchas restricciones y dificultó todas las cosas. La apertura de la economía va a jugar papel importante en el control de la inflación. Qué tanta responsabilidad le asiste a los agentes económicos que ejercieron gran influencia para fijar precios sin el control oficial que los afectados esperarían? Si hay producción de monopolio o de oligopolio o, simplemente, no es competitiva, controlo precios? Hay que aumentar la competencia interna y externa y presionar a los productores para que sean más eficientes. Es el camino correcto: eficiencia, productividad, menores precios, crecimiento, empleo. Qué tan grande es el problema fiscal? Se vé en el proyecto de presupuesto para 1991, que suben 28 por ciento los gastos de funcionamiento y solo cinco por ciento la inversión.

Es mu fácil hablar del problema fiscal desconociendo las dificultades de un país con las necesidades y conflictos de Colombia. Ha habido ajustes pero siempre persiste el problema.

Todos hablan de reducir gastos, pero al tomar la decisión, piden más plata para seguridad, educación, salud, obras y todo. Hay que comprender la necesidad de hacer un gran esfuerzo por la eficiencia del gasto público. A eso apuntan las nuevas normas. Y el correctivo de la evasión? No lo había mencionado y es bien importante. Los cambios han mejorado la capacidad del Estado para administrar y controlar. Continúa siendo otro reto importantísimo con clara justificación de equidad social.

Cuando se intentó un control de fondo, muchos de los prohombres se vinieron contra el Gobierno con argumentos falaces y débiles, con una actitud que uno podría calificar de doble ética y doble moral, creándole grandes perjuicios y daños a la política económica. La demora del Gobierno en corregir el decreto que forzaba a los bancos a reportar a Impuestos los movimientos anuales mayores de seis millones de pesos, no provocó reducciones del crédito y recesión? Los perjuicios no surgieron porque el Gobierno hubiera expedido una norma perfectamente justificada y útil, sino por la actitud de quienes, con esta doble moral, reclamaban el control de la evasión, pero cuando vieron la norma inmediatamente contribuyeron a crear esa situación caótica. Hasta dónde se atribuye el mayor impacto del menor crecimiento económico al problema cafetero y del narcoterrorismo? Son factores objetivos, que tuvieron un impacto muy severo. Hay que ver el asunto desde el lado positivo, cosa a la que no están muy acostumbrados los críticos.

Estamos satisfechos por haber superado esa coyuntura. No fueron necesarias restricciones al comercio exterior ni hubo crisis cambiaria.

Los actos del terrorismo han tenido gran incidencia, pero cuando se tiene un ambiente hostil, como el que ha tenido este Gobierno, las cosas se reconocen en privado, pero en público lo único que importa es demeritarlas. Por qué tan desencantado con la prensa? No es eso. Tuve dificultades, particularmente, con la prensa escrita. En la radio y la televisión sale lo que uno dice. En la prensa aparecen titulares que no corresponden y, en el interior, una presentación muy tendenciosa. A qué la atribuye? No sé. Habrá que preguntarles a ellos. Puede haber varias cosas. Una tiene que ver con el estilo del Gobierno. El Presidente Barco introdujo cambios muy sanos. Fue un Gobierno con gran independencia, equilibrio, objetividad y gran preocupación por gobernar de acuerdo con los intereses generales del país.

La mayoría de los funcionarios no actuamos de acuerdo con señalamientos de determinados grupos de presión e intereses, y eso a veces no gusta. La primera prioridad del Gobierno Barco era la inversión social, pero las cifras de la Contraloría muestran que ella se redujo entre el principio y el final de la administración.

Los números oficiales van a mostrar todo lo contrario. Parece que ya el país reconoce que el Plan Nacional de Rehabilitación funcionó bien, llegó a los pobres del campo y a las comunidades más olvidadas tradicionalmente.

También se reconoce que hubo atención a la infancia en los sectores más pobres, con uno de los programas más exitosos de gasto público redistributivo que haya habido en Colombia.

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