NARCOTERRORISMO Y PARAMILITARES ESPERAN A GAVIRIA

NARCOTERRORISMO Y PARAMILITARES ESPERAN A GAVIRIA

Tras el velo romántico que envuelve el cambio de Presidente adobado esta vez al ritmo de rock y caras jóvenes, los cañones de la mafia, de la guerrilla y de los paramilitares, cargados de pólvora y también de promesas de paz, esperan ahora que el Gobierno mueva sus fichas. En este dramático juego de ajedrez, la tregua anunciada por Los Extraditables que ya completa ocho días sin el asesinato de policías en Medellín tiene una intención clara: ganar espacio para que el tema de la extradición y, tal vez, la misma guerra al narcotráfico, formen parte de la agenda de la Asamblea Nacional Constitucional.

07 de agosto 1990 , 12:00 a. m.

Gaviria, según ha dicho, no ha considerado esos elementos como parte del temario de los constituyentes. Por ahí se abre un primer gran boquete. Otras voces no demoran en pronunciarse en defensa de que, por lo menos, la extradición sea tema de la Asamblea.

Los narcos, si se mira la historia reciente, podrían valerse de sus amigos políticos y del poder de su dinero, para intentar incidir sobre la Constituyente, apoyando candidatos y campañas.

Pero hasta ahí, como en la tormenta que no cobra mucha fuerza, la situación sería manejable para el nuevo Presidente y su equipo.

Lo grave, muy grave, y casi que se puede predecir desde ya, es que el Cartel active la narcoguerra, con mucha intensidad, para presionar a los constituyentes a que incluyan la extradición en el temario.

Fue lo que ocurrió en un capítulo reciente, cuando casi que el Congreso fue obligado y manipulado para que en el plebiscito se incorporara tal tema. Entonces arreciaron las bombas, simbolizadas en el dramático atentado a las intalaciones del DAS, el último seis de diciembre, donde murieron más de 100 personas.

Es también lo que ha sucedido, desde el crimen de Rodrigo Lara Bonilla, siempre que el Cartel quiere algo: mata jueces para que la Justicia no los investigue, policías para que no los persigan, políticos para que no los combatan, periodistas para que no informen sobre esa realidad.

Gaviria pues, desde ya camina en una cuerda floja. El tema de la extradición se podría incluir por solicitud de algunos de los constituyentes, y así, no sería su responsabilidad. Pero hay dos hechos que juegan en contra de esa variante. Uno, el Presidente ha dicho que no cederá ante las amenazas del narcoterrorismo y el Cartel al decretar su tregua, lo que hace es una amenaza implícita: abrimos un compás de espera a ver cómo es que va a actuar el nuevo gobierno, qué va hacer por ejemplo con los 15 extraditables detenidos en la Dijin, en Bogotá; cuál va ser la respuesta desde el Gobierno a los intentos de incluir el tema en la constituyente.

Lo otro, es que acabar con la extradición es acceder al margen de todas las motivaciones políticas que tiene el debate sobre esa papa caliente, a los dictados del Cartel de Medellín que, desde 1984, ha tenido como su principal caballo de batalla tal asunto.

Además los Extraditables han reconocido, en sus comunicados, algunos de sus crímenes. Pero Escobar Gaviria, cabeza de esa organización, de manera individual, jamás ha aceptado ninguna de las acusaciones que rezan en su prontuario. Así, ha negado cualquier posibilidad de ser juzgado en Colombia, donde, además, qué juez y en qué condiciones lo podrían juzgar, con la crisis actual del aparato de Justicia.

Cualquier intento de Gaviria de buscar salidas negociadas al asunto de la guerra al narcotráfico, tendrá, con razón o sin ella, muchos francotiradores que recordarán al presidente algunos de los anuncios de su campaña y también el legado de Luis Carlos Galán, víctima de las mafias que ahora están en tregua.

Ahí pues, se cocina desde ya el primer gran dolor de cabeza del nuevo mandatario, que, por cierto, no podrá ser remediado con la aspirina de las buenas maneras y las buenas intenciones.

Casi que paralelo a esta situación camina el tema del desmonte de los grupos paramilitares que el mismo Gaviria denunciara como terroríficas máquinas de muerte, ante el Congreso de la República en sus tiempos de Ministro de Gobierno.

El anuncio de Fidel Castaño señalado como gran jefe de las masacres de Urabá, Segovia y Córdoba también tiene más de un vericueto .

Otra vez, la anunciada posición inflexible de Gaviria frente al terrorismo, está en juego. La masacre indiscriminada de ciudadanos indefensos, atacados con granadas y disparos de fusiles R-15 sin misericordia alguna, no es nada distinto a terrorismo de la más alta escuela.

Además habría que preguntarse si Castaño va a rendir cuenta alguna a la Justicia colombiana. Por la forma en que habla de la eventual desmovilización de sus hombres, esa no es su intención. Según él, lo único que ha hecho es defenderse de la acción, también criminal, de la guerrilla.

Y ahí, en el manejo de la insurgencia armada, está el tercer gran reto del nuevo gobierno: con el cura Pérez y sus hombres del Ejército de Liberación Nacional, parece que el único terreno de choque es el ámbito militar donde en los últimos cuatro años, el Estado ha perdido terreno.

Pero las FARC, en cambio, picaron en punta reactivando el tema del diálogo, en carta abierta. Difícil saber que hay en esa caja de Pandora. Puede ser una intención seria de paz, o, también, un juego de don Jacobo para recuperar el protagonismo que perdió en la administración de Barco Vargas.

Así las cosas será César Gaviria quien tendrá que desenredar más de un ovillo y adivinar las intenciones de Escobar, de Castaño y de Arenas, en un juego maquiavélico, donde hasta lo imposible es posible.

Como para tener algún referente externo vale recordar que aunque en un entorno de violencia distinto, pero también muy dramático Argentina salió del horror de la noche de los Lápices y la Historia Oficial , con un perdón y olvido, donde hubo necesidad de borrar y hasta tapar, muchas cosas.

Habrá que conciliar el clamor nacional de paz, con la necesidad de que el Estado no se desinstitucionalice aún más, cediendo terreno en busca del silencio de los fusiles. Ojo con el M-19 Las lanzas de los violentos, de los que casi que expidieron certificado de defunción a la Unión Patriótica, deben estar apuntando ahora hacia los hombres de la Alianza Democrática M-19.

El exterminio planeado y milimétrico de la UP, va mucho más allá de la simple explicación que otorgaba toda responsabilidad a Gonzalo Rodríguez Gacha, en ese genocidio. Tanto así que luego de que el barón de la droga muriera, fue asesinado Bernardo Jaramillo Ossa.

Claro que El Mexicano fue protagonista de primer orden en esa guerra. Pero él no era el único. Tras bambalinas se esconde una convergencia de odios ideológicos, de fanatismos de extrema derecha, que tienen como tarea borrar toda posibilidad de apertura política, todo intento que salte la tradicional pared del esquema bipartidista.

Quienes quiera que sean los autores de la masacre de la UP, deben ver en el M-19 al nuevo enemigo.

Habrá que dormir con un ojo abierto, porque si las manos criminales alcanzan a Antonio Navarro, o a Vera Grave o a otros dirigentes de ese movimiento, la democracia colombiana sufrirá un duro golpe. Los violentos demostrarán así que son ellos quienes determinan quién puede hacer política en Colombia y quién no.

Además, el Presidente verá minado su anuncio de devolver el monopolio de las armas y la fuerza al Estado, principio básico para la sobrevivencia de una nación. En tanto que las otras guerrillas encontrarán un sólido argumento para negar la política de paz.

En el ámbito externo, sobre todo en Europa que sigue con tanta atención estos fenómenos de violencia política, la imagen de Colombia, si el M-19 no sobrevive, será la de un remedo de democracia.

Quiera Dios que al presidente Gaviria y a Colombia no les ocurra con el M-19 lo que ya sucedió con la U.P. MEMORANDO URGENTE PARA RESOLVER JUSTICIA AHOGADA: Los jueces adelantan un millón y medio de procesos, sin detenido alguno. Ocho ministros en 48 meses reflejan la dramática situación del sector. NARCOTERRORISMO, UN HORROR: Principal protagonista en el desangre que sumó 40 mil homicidios en los dos últimos años. ELN, APUNTANDO AL PETROLEO: 300 mil campesinos afectados, 15 cuencas hidrográficas contaminadas y casi dos billones de pesos en pérdidas. PARAMILITARES, LO SINIESTRO: Cada 72 horas se registra una masacre (más de seis muertos) en el territorio nacional. Este año han ocurrido 50 de esos brutales hechos. SICARIATO: centenares de adolescentes disparan su fuego criminal, al servicio del mejor postor. Tres candidatos presidenciales cayeron en ocho meses, víctimas de esos jóvenes criminales. La respuesta del Estado, simple y pura represión. VIOLENCIA OFICIAL: Los hechos de Altos del Portal, al norte de Bogotá, simbolizan a las fuerzas oficiales, al servicio de los violentos, asesinando civiles. FARC, DOBLE JUEGO: secuestrando y boleteando con sus 45 frentes, en media Colombia, mientras don Jacobo habla de diálogo, mañana y tarde. NARCOTRAFICO, ECONOMIA SUBTERRANEA: Miles de colombianos sobreviven colgados de alguna de las capas del proceso: cultivo, contrabando de insumos, procesamiento, transporte, tráfico. INVESTIGACION CRIMINAL: caos y zancadillas permanentes entre instituciones. Si no hay testigo, reina la impunidad. No hay desarrollo de la investigación estrictamente técnica. DELINCUENCIA COMUN: 4.718 hurtos en los primeros siete meses de 1990 (asaltos a residencias, robos de vehículos y atracos). El 80 por ciento de las víctimas, colombianos de clase media. SISTEMA CARCELARIO: 186 cárceles, de ellas 70 subutilizadas. El resto con un hacinamiento que desborda todos los límites. La resocialización es solo una palabra.

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