EL ARTESANO DEL AGUINALDO

EL ARTESANO DEL AGUINALDO

Alfonso Fonseca, un tunjano de 70 años de edad, de los cuales ha dedicado cuarenta al diseño de carrozas para el Aguinaldo Boyacense, se constituye en la historia viviente de la festividad decembrina, pues sus trabajos alegraron la fiesta navideña desde 1949 hasta 1989.

16 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Y es que no podría ser de otra manera, pues don Alfonso, como lo llaman con respeto las diferentes autoridades de la ciudad, y los tunjanos que se han deleitado con sus trabajos artísticos, se vinculó al Aguinaldo Boyacense desde 1959, cuando diseño su primera carroza y se podría decir que creó toda una tradición decembrina en Tunja.

Para el año de 1958, mis hijos participaron en un reinado, entonces yo los disfracé de diablos y los ubique en una caja especial que hice para adaptársela al carro , señala.

De este momento que don Alfonso recuerda con absoluta lucidez, nació la idea de diseñar las carrozas que lo hicieron famoso no sólo a nivel local, sino departamental y nacional.

Entonces, para 1959, maduré la idea de darle una figura al carro, para presentarlo en el Aguinaldo, pues las carrozas ya existían y las hacía el Municipio, pero eran volquetas con ramas , recuerda don Alfonso.

Ese año, los tunjanos quedarían deslumbrados con la Góndola Egipcia, la primera carroza que diseñó, y con la cual obtuvo la medalla de oro a la mejor carroza del Aguinaldo Boyacense, que hasta ahora llevaba dos años de existencia.

Ese sería el comienzo de una larga historia de triunfos de Fonseca, año tras año, pues de las ediciones de la festividad en las que participó con sus diseños, tan sólo en una ocasión dejó escapar el primer lugar.

Cuando los periodistas me preguntaban cuál era la carroza que más me gustaba de las que había hecho, yo les contestaba que ninguna, pero que estaba seguro de que el año que me gustara, perdería el primer lugar. Y así fue, para los 25 años del Aguinaldo Boyacense, diseñé una carroza bastante especial, que me gustó mucho, pero ocupó el segundo lugar. Fue el único año que no ganamos , anota don Alfonso.

Agrega que en algunas ediciones se hicieron dos carrozas y se obtenía el primer y segundo lugar. Por eso los tunjanos se acostumbraron a la gran cantidad de triunfos que don Alfonso le dio al Ministerio de Obras Públicas, conocido popularmente como la Zona de Carreteras.

Año tras año, los tunjanos esperaban con gran expectación la carroza de la Zona de Carreteras, que efectivamente obtenía el primer lugar., premiado con dinero, en algunas oportunidades, y con galardones, en otras.

Cuando me retiré del Ministerio, dejé una vitrina llena de trofeos. A mí me quedó la satisfacción de haber podido contribuir a enaltecer el Aguinaldo Boyacense, pues como tunjano éste es un gran honor , dice.

Recuerdos de Aguinaldo Lo que si le dejaron sus carrozas a don Alfonso, fue una gran cantidad de recuerdos y anécdotas que, al ser relatadas por él, se convierten en un tiquete al pasado de la fiesta más importante de Tunja, y a la historia de la ciudad.

A esos recuerdos, está estrechamente ligada su esposa, Teresa Rodríguez, con quien cumplirá en 1999, cincuenta años de casado, y sus hijos, los cuales participaron en varias carrozas representando diversos papeles.

Cuando hicimos el pez en 1960, se presentó un hecho curioso que estuvo en boca de todos los tunjanos. Había una pareja de borrachitos, y uno de ellos arrojó el sombrero del otro a la boca del pez, que se abría intermitentemente para darle visibilidad al conductor. La puntería del señor fue tan buena que acertó y provocó la risa de todos los que se encontraban cerca de ellos, en la plaza de Bolívar , recuerda.

Así mismo, en 1968, cuando se hizo la carroza del Niño y el Toro, el muñeco del toro quedó tan bien hecho, que la gente comentaba que qué gracia tenía subir un toro a una carroza; pensaban que estaba vivo .

Un gran susto Al igual que estas, todas las carrozas de don Alfonso Fonseca, como eran reconocidas por los tunjanos, y que demandaban dos meses de trabajo, están llenas de recuerdos y anécdotas de toda clase, como el susto que se llevaron don Alfonso y sus ayudantes el día que se incendió una carroza.

Recuerdo que cuando hicimos el Corazón de María, que era una figura que giraba y se abría, casi se genera una tragedia. El día del desfile, que salía desde el Ministerio y llegaba a la plaza de Bolívar, la gente comenzó a pedir que pusiéramos a funcionar la carroza, pero como la salida era una pendiente, le dije al operador que no lo hiciera .

Agrega que ante la insistencia de la gente, el muchacho hizo caso omiso de mi recomendación, y se dañó uno de los parales que sostenían la figura. Nos tocó, entonces repararla, y cuando estábamos soldando el paral, una chispa fue a parar en una de las velas gigantescas que adornaban la carroza, y que eran en algodón. Por supuesto se prendió inmediatamente, y se incendió media carroza. El susto fue mayor, porque al lado del taller, funcionaba un depósito de llantas, que de haber sido alcanzado por las llamas, habría causado una tragedia. Finalmente, no fue más que eso, un susto, y la carroza se pudo reparar para el desfile final, en el que obtuvo el primer lugar .

Inmerso en sus recuerdos, este tunjano, que se hizo famoso por dar alegría a través de su trabajo, concluye que ójala no dejen acabar la bella tradición de las carrozas, pues en los últimos años la han dejado un poco de lado, y sería una lástima que llegara a desaparecer .

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