LA NUEVA ETAPA

Como culminación afortunada de un limpio proceso democrático, se cumple hoy la ceremonia constitucional del relevo de Gobierno. No obstante reflejarse en él las mismas mayorías del cuatrienio anterior, implica un cambio en los rostros, en los estilos y aun en las orientaciones. Inmensa ventaja de los regímenes presidenciales de origen popular es la de renovarse periódicamente por medio del sufragio y de dar así paso a nuevas ideas, soluciones y esperanzas. Al mandatario se le elige en Colombia por cuatro años. Durante ellos puede modificar las políticas equivocadas sustituyendo a unos ministros por otros y ensayar programas inéditos, sin perjuicio de la continuidad gubernamental que él encarna y representa. Por la movilidad de las circunstancias, no es siempre viable aplicar con rigor las fórmulas expuestas en las plazas públicas, como si el arte de gobernar fuera tarea puramente mecánica. Podrán mantenerse los derroteros fundamentales, pero será menester auscultar cada día las muda

07 de agosto 1990 , 12:00 a. m.

No por azar ni sin implicaciones se instituyó esta fecha del Siete de Agosto para el acto solemne de posesión del Jefe del Estado. Fue en recuerdo de la batalla decisiva que permitió constituir la República, independiente, soberana y libre. Pero también de los principios que inspiraron el movimiento de la emancipación, de su temprano culto a las leyes y de su respeto por los valores supremos de la libertad y la dignidad humana.

A partir de entonces, desde la época de su creación, la figura civil del General Francisco de Paula Santander ha sido modelo de gobernantes por su capacidad para comandar, organizar y administrar la grandiosa empresa de la nación. De su mano salió el emblema de nuestro escudo, al cual supo servir con energía, lucidez y eficacia. Tenía el dón innato del mando, el concepto diáfano de la ardua creación a su cargo, pero también la pasión y el gusto por llevarla a cabo, ocupándose de los problemas neurálgicos de su ejecución. No poco debió de idear en su compromiso de proveer al Libertador los medios y pertrechos para las batallas complementarias en los países del sur.

Cuando tantas adversidades nos asechan, cabe volver a la fuente primigenia de su ejemplo de magistrado y gobernante. La actualización o modernización institucional no supone el receso del régimen de leyes. Tampoco el menosprecio de la responsabilidad de administrar los intereses de la comunidad con mano vigilante, previsora y firme. La nación ansiosa de seguridad y paz quiere sentirse dirigida, conducida y gobernada.

El Gobierno lo forman en Colombia el Presidente y el ministro del ramo respectivo. Ninguno de sus actos, salvo el de nombramiento de éstos, tiene valor ni fuerza mientras ellos no lo refrenden y comuniquen, hecho por el cual se constituyen responsables. En consecuencia, la relación con el Jefe del Estado a quien compete coordinar la Administración y presidir el Consejo de Ministros ha de ser estrecha y directa, con el objeto de mantener la coherencia de sus trabajos.

El presidente Barco ensayó el modelo norteamericano, distinto del tradicional nuestro, y acaso fuera éste, por la intromisión extraña, el motivo de acerbas críticas. El país prefiere la aplicación estricta del sistema previsto en la Constitución y, desde luego, ver al Jefe del Estado siempre en su puesto, sin intermediarios oficiosos. Prueba de esta inclinación fue el apoyo a las empresas que personalmente dirigió.

Cierto es que le correspondió enfrentar tremendos conflictos, fenómenos jamás registrados antes con tanta intensidad. Retos del narcotráfico y el narcoterrorismo. Persistencia de las operaciones guerrilleras y desbordamiento de las llamadas autodefensas. Quizá por atender a tales frentes, se sustrajo del manejo de otros, aparentemente de rutina.

Accede al poder el presidente César Gaviria con el respaldo poco menos que unánime de la nación. El partido de gobierno cuenta con poderosas mayorías populares y parlamentarias. Su personalidad, sus empeños de renovación y cambio, su gusto por la causa del pluralismo político, su espíritu liberal de tolerancia y su capacidad de convocatoria, le han valido franca simpatía en todos los sectores.

Tiene, pues, los elementos necesarios para realizar una obra de vastas proyecciones en favor de la convivencia democrática de los colombianos, del bienestar público, del desarrollo del país y la justicia en todos los órdenes de la vida nacional.

Al mandato de convocar una Asamblea Constituyente para la reforma de la Carta le ha concedido máxima prioridad, considerándola vinculada al restablecimiento de la paz, como la propia Corte Suprema de Justicia. Colocadas las primeras bases, tras laboriosas negociaciones políticas, no le resultará difícil el cumplimiento de la voluntad popular. El mismo 27 de mayo quedó despejado plebiscitariamente el camino.

Lo que resta es recorrerlo y preocuparse por que no se den pasos en falso, susceptibles de echar a pique la determinación irreversible de proceder a la enmienda constitucional, sin exponerse a nuevas frustraciones. Pero si esta delicada labor reviste importancia extraordinaria, por demás histórica, no sería prudente atribuirle la virtud milagrosa de curar todos nuestros males y de abrirnos las puertas al paraíso de la tranquilidad y la prosperidad. Tienen razón quienes previenen contra el peligro de que absorba la totalidad de las preocupaciones públicas, con demérito de otras necesidades apremiantes.

Las normas existentes han de seguir siendo respetadas mientras no se les modifique. Y no habrá de modificárseles en cuanto obligan a proteger la vida, honra y bienes de cuantos aquí residen, ni en los derechos individuales y las garantías sociales que consagran. La supervivencia de la sociedad civilizada exige reprimir el delito, eliminar la impunidad y restaurar la administración de Justicia, que han pretendido usurpar organizaciones criminales privadas.

En lo económico y lo social, mucho hay por hacer. Doblegar la inflación retroalimentada, que del poder público emana. Imprimir remozado ritmo al desarrollo, hoy por hoy con su nivel por debajo del requerido para crear más oportunidades de empleo. Corregir la tendencia morbosa a la concentración del capital y del ingreso, los privilegios afrentosos y los desvíos monopolistas. Insertar la economía colombiana en las corrientes internacionales o internacionalizarla según la expresión del presidente Gaviria promoviendo sistemáticamante las exportaciones y velando por que no decaiga la producción nacional.

Votos fervientes por el éxito del Gobierno que comienza y reconocimiento por sus esfuerzos al que deja democráticamente el poder!

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