FALTA CULTURA CIUDADANA

FALTA CULTURA CIUDADANA

El orden tiene precio alto. Todos los ciudadanos debemos asumirlo, si queremos que nuestra ciudad sea ordenada en contravía a la anarquía y al caos.

16 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Una de las quejas diarias de los tunjanos corresponde a lo imposible que resulta transitar a pie o en vehículo por el centro de la ciudad. Una de las grandes paradojas la encontramos en la circunstancia muy especial de haber tenido en las dos últimas Alcaldías a profesionales de la Ingeniería de Vías y Transportes. La esperanza de hoy es esperar que el caos vial lo resuelva un economista recién elegido Alcalde.

De pronto sí, tomando los grandes debates que sobre el tema se realizaron en el Concejo Municipal, tendrá que haberse convencido de la necesidad de aplicar las normas legales vigentes sobre la materia, amen de adelantar una labor tan de moda ahora que la han denominado cultura ciudadana . Consiste en que las gentes entiendan el axioma según el cual Nuestros derechos empiezan, justo donde terminan los de los demás . El usuario del transporte público debe entender que no es posible dejarlo al frente de su casa u oficina, que debe esperar el bus en los paraderos y bajarse en los mismos. Que en una ciudad de calles coloniales y además sin parqueaderos, es mejor dejar el vehículo en la casa, tal como lo está exigiendo en Bogotá el nuevo Alcalde Peñalosa.

Los transportadores, tienen que ser conscientes de las anteriores limitaciones pero, además, educar a los conductores, a efecto que respeten al peatón. Que eviten la guerra del centavo que ha convertido a estos vehículos en un peligro social y a sus operadores en verdaderos Fitipaldis . Quien sea conductor de servicio público debe tener pase de octava, equilibrio emocional y por lo menos un cursillo de relaciones humanas.

Mientras se consiguen los recursos para el plan vial que adecué la malla vial, tendremos que entender la necesidad de que los colectivos y los buses deben cubrir sus rutas pasando por las carreras octava y doce y dejando la carrera décima para automóviles y la novena y once para los taxis.

Los usuarios debemos solidarizarnos abandonando la costumbre de que nos dejen en la Plaza de Bolívar. Nos toca como en Bogotá, que así tengamos carro, es imperioso caminar por lo menos cuatro cuadras para llegar a nuestro sitio de trabajo.

Otro aspecto que incide en el desorden radica en la presencia de numerosos vendedores ambulantes que coparon literalmente los andenes del centro de la ciudad. A esto hay que darle una solución que respete también el derecho que les asiste a trabajar. Y no hay una diferente que organizarlos en mercados móviles que recorran la ciudad durante todos los días y que a través de cooperativas adquieran productos frescos y en las mejores condiciones de higiene y presentación.

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