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ALREDEDOR DE UNA CABEZA SIN CUERPO

ALREDEDOR DE UNA CABEZA SIN CUERPO

Y la cabeza, como la de San Juan el Bautista, está servida en un plato y tan separada de su cuerpo, tan mutilada, tan triste, como la del pobre cristiano que cayó en manos de un militar portugués en la última novela del italiano Antonio Tabucci (para los que todavía no han sido iniciados en decapitaciones y ejercicios afines, el título es La cabeza perdida de Amaceno Monteiro). Pero esto no es un pasaje bíblico, ni literatura, ni un caso judicial. Los criminales están en otra parte.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

La cabeza fue cortada con un interés estético. Alberto Baraya es el nombre del artista (para este caso, el verdugo) responsable de la cabeza que en estos momentos adorna, insistente, las paredes de la Galería Santafe del Planetario de Bogotá. Servicio incluido, el título de la obra, acompaña los trabajos de Mercedes Angola, Marta Patricia García, Humberto Junca y un grupo de estudiantes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano que se atrevieron a llenar la Galería con tractomulas, madres de todos los tipos y niñas que insisten en eso de los aerobicos.

Servicio incluido es la historia, el recorrido paso a paso de una cabeza plasmada en un lienzo que se separa de un cuerpo sin piel es decir, con nervios, musculos y arterias a la vista de donde parte toda la serie. Porque las partes de ese cuerpo, y por supuesto la cabeza, sirven para una serie de montajes fotográficos que invitan a una cena caníbal. Baraya presenta un brazo cortado en un frasco de mayonesa y un pie, poco provocativo y sin salsas, en un vaso de cocina. Y sigue. La cabeza de pronto aparece en un puesto de venta de chunchullo, y para tenerla fresca se guarda en una nevera para gaseosas o se pasea por uno de los canales de Venecia. Y se expone al sol.

Esa es la siguiente parte. Alberto Baraya se llevó su cabeza, su lienzo, a una expedición egipcia. Disfrazado de árabe, montado en taxi, camuflado entre los turistas, decidió mitificar la pintura . La cabeza aparece junto a estatuas partidas de faraones, exhibida por musulmanes como si fuera un papiro, ondeada al aire como una bandera que debería estar en la punta de una pirámide. El recorrido es macabro y divertido, pero la leyenda final es difícil de leer ( acaso es humor negro?), Baraya relata que un mes y medio luego de su visita se llevó a cabo el ataque asesino de un grupo de fundamentalistas musulmanes a una expedición de 58 turistas, entre ellos una pareja colombiana. Recuerda Baraya que seis verdugos se suicidaron y que muchas de las víctimas, además de balas, recibieron el famoso corte de cuchillo. F.G.E.

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