CASE: DE LA ARTESANÍA A LA INGENIERÍA DE SOFTWARE

CASE: DE LA ARTESANÍA A LA INGENIERÍA DE SOFTWARE

La ingeniería de software asistida por computador (CASE), definida como la automatización del proceso de planeación, análisis, diseño, construcción y mantenimiento de aplicaciones de computador, ha sido el desarrollo más significativo de la profesión de sistemas en los últimos treinta años. El CASE (sigla en inglés de Computer Aided Software Engineering) hará que el desarrollo de software deje de ser la actividad artesanal que ha sido hasta el momento para convertirse en una verdadera ingeniería , dice Greg Boone, consultor especializado en el tema.

01 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Esta tecnología ha demostrado que aumenta la productividad de los analistas de sistemas y programadores, tanto en el desarrollo como en el mantenimiento de aplicaciones; mejora la calidad de los sistemas de información y facilita la comunicación entre usuarios y analistas.

Así, CASE se ofrece como la última de una secuencia de panaceas presentadas para resolver los problemas de las gerencias de sistemas, que han sido muy similares desde los inicios del procesamiento masivo de información en computadores electrónicos, hace ya más de treinta años.

Entre estos problemas, los teóricos señalan la existencia de usuarios insatisfechos; la demanda de proyectos muy superior a los recursos disponibles para nuevos desarrollos; el excesivo porcentaje (setenta por ciento) de personal dedicado a mantenimiento y soporte; los archivos con información redundante, inconsistente y poco confiable, cuando no definitivamente errada; la poca o nula participación de los usuarios en las definiciones de requerimientos; la falta de integración del trabajo de sistemas con los planes corporativos, y la existencia de técnicos de sistemas que hablan en bits & bytes y desconocen la realidad de los negocios.

Antes del CASE, desde muy temprano en el desarrollo de los computadores aparecieron otras panaceas : PL/1 como esperanto de los computadores que facilitaría el entrenamiento y aumentaría la productividad de los programadores; manejadores de bases de datos que acabarían con duplicaciones e independizarían a los programadores del formato de los archivos; programación estructurada que eliminaría el código espagueti y reduciría el mantenimiento al mínimo; lenguajes de usuarios que eliminarían la necesidad de solicitar servicios a sistemas; análisis estructurado que pondría de acuerdo a usuarios y analistas sobre los requerimientos de proyectos.

Por diferentes razones, ninguna de ellas logró acabar con los dolores de cabeza de los gerentes de sistemas de información.

Pero la estructura conceptual del CASE es tan sólida que la gran paradoja es por qué los profesionales de sistemas, dedicados a facilitar el trabajo de los demás, se demoraron tanto tiempo en pensar en la automatización de su propio trabajo. La respuesta parece ser la común: lo urgente no permitió hacer lo importante.

Hoy no hay duda de que el CASE se impondrá, pero sus beneficios no serán gratuitos. La tecnología está aún en su fase académica y se prevé su asimilación completa hacia 1995.

La confusión y el desconocimiento del tema en el mercado son mayores. Una encuesta efectuada recientemente por la Asociación Colombiana de Usuarios de Computadores (ACUC), por ejemplo, señala que únicamente el 16 por ciento de las empresas que respondieron tienen actualmente instalado productos CASE.

Las razones dadas por el 84 por ciento restante para no usarlos se discriminan así: falta de conocimiento/entrenamiento en él, 59 por ciento; costo/restricciones presupuestales, 38 por ciento; dudas sobre su efectividad, 38 por ciento; ausencia de metodologías estructuradas que soporten su utilización, 25 por ciento; no ha identificado su necesidad, 25 por ciento; nivel bajo de desarrollos que no justifica su uso, 13 por ciento. Solo el seis por ciento atribuyó su no uso a la poca divulgación/soporte deficiente de proveedores.

En cuanto a costos del CASE, vale la pena hacer dos anotaciones: en primer lugar, el rango de precios es amplísimo, desde menos de mil dólares para los toolkits que soportan una o dos fases del ciclo de vida de un sistema, hasta el orden de cien miles para workbenches, que automatizan todo el desarrollo de un proyecto. En segundo lugar, al costo del producto hay que agregarle el costo del hardware (los CASE más económicos requieren normalmente configuraciones sofisticadas de PC mientras que los más costosos corren en PC y mainframes) y el costo del entrenamiento.

El precio total es, pues, relativamente alto para la empresa promedio colombiana.

Tal vez mucho más limitante para la implantación del CASE es la ausencia de metodologías estructuradas, que son su antesala y prerrequisito en la mayoría de las empresas colombianas.

Según James Martin, una organización de sistemas que no esté utilizando técnicas estructuradas hoy en día está mal dirigida .

Otro factor que complica la implantación del CASE es la multiplicidad de paquetes en el mercado.

En Colombia, donde solo una minoría ínfima está representada, existen distribuidores para por lo menos diez productos diferentes.

Las combinaciones entre metodologías, productos, opciones ofrecidas por estos y requerimientos de hardware son, pues, un dolor de cabeza adicional para el gerente de sistemas.

Este sabe que tiene que arrancar ya y que si espera hasta que la tecnología esté completamente madura será muy tarde. También sabe que le va a costar una cifra elevada. Lo que no sabe es por dónde y cómo arrancar.

La respuesta puede estar en el certamen organizado sobre el tema por la ACUC del 8 al 12 de octubre.

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