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BUCARAMANGA ESTÁ CELEBRANDO DESDE HACE UN MES

BUCARAMANGA ESTÁ CELEBRANDO DESDE HACE UN MES

San Pedro es bumangués. Mire cómo llora de felicidad , repetía, una y otra vez, un ferviente aficionado que al levantar su mirada veía cómo las gotas de lluvia caían sobre la ciudad, justo en el momento en que el avión de Avianca que traía al Atlético Bucaramanga aterrizaba sobre la pista del aeropuerto internacional de Palonegro.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Eran las 11:02 de la noche y la celebración que había empezado en la capital santandereana cinco horas atrás, llegaba a su máxima manifestación, porque el equipo ya estaba en casa y millares de aficionados se disponían a tributarles el mayor y más merecido recibimiento.

El agua caía a cántaros borrando, de paso, las huellas de harina y huevos que dejó regadas por las calles y avenidas de Bucaramanga la anticipada celebración, la cual se inició una vez Orlando Ballesteros anotó el gol del empate en Armenia y que se consumó cuando el árbitro Rafael Sanabria se llevó el pito a la boca y señaló el centro del campo de juego.

Pero ni la lluvia importó en esos instantes. Los momentos de dicha que embargaron a los bumangueses el domingo podían más que cualquier adversidad, así fuese proveniente de la misma naturaleza. Por eso nadie lo entendió así, sino más bien como una manifestación divina ante tanta felicidad.

Nadie quería perderse, ni por un instante, la llegada del equipo búcaro a su feudo. Cientos y cientos de automotores llegaron hasta el aeropuerto en medio de una interminable caravana que hasta bien entrada la media noche seguía su descenso hacia la capital santandereana.

Fueron pocos los bumangueses que durmieron el domingo. Nadie quería acostarse temiendo que, de pronto, se les acabara ese maravilloso sueño, el de tener, por primera vez en 49 años de historia futbolística, al equipo amado en la Copa Libertadores de América. En verdad, nadie quería despertar...

Por eso, hasta el último momento y bien entrada la madrugada de este lunes, los hinchas bumangueses acompañaron a los jugadores hasta sus casas. Uno a uno los fueron despidiendo con vítores y coros alusivos al equipo y fueron pocos los que lograron escabullirse de la bulliciosa caravana que ensordeció a la ciudad hasta el amanecer.

Hoy Bucaramanga no deja de celebrar. De hecho lo viene haciendo cada semana, desde que inició la fase final del campeonato, desde los cuadrangulares hasta la final del Torneo Adecuación.

Y no dejará de festejar, porque desde hoy mismo las banderas con los colores amarillo y verde invaden la ciudad, cuando estamos a la víspera de otro gran sueño, el del anhelado título que empezará a gestarse desde mañana mismo cuando enfrente al América de Cali en el estadio Alfonso López, por el juego de ida de la gran final del fútbol profesional colombiano 1997.

Por eso, desde hace un mes, celebrar se volvió costumbre en Bucaramanga.

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