CHINA LIDIA CON SUS PROPIOS PROBLEMAS

CHINA LIDIA CON SUS PROPIOS PROBLEMAS

Si se miran sólo las cifras, China es un baluarte de estabilidad en medio de la turbulencia económica de Asia: su divisa es extraordinaria, sus reservas internacionales son inmensas y su superávit comercial crece cada vez más.

16 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Pero en una mirada más detallada, la aparente solidez económica de China se desvanece. Las inversiones internacionales en China registran una tendencia a la baja y se espera que el superávit comercial disminuya el próximo año a medida que se reduzcan las exportaciones y se recuperen las importaciones, una tendencia que se agudiza con la crisis que vive el resto de Asia. Si a esto se añade la demora de las reformas económicas de China y el creciente desempleo, el resultado es un país que hace frente a la mezcla más volátil desde la década de los años 80, cuando el malestar económico ayudó a encender la protesta estudiantil en la plaza de Tiananmen.

El gobierno chino está preocupado y eso quizá sea bueno para la economía del país. Porque aunque los problemas de sus vecinos podrían hacer que Pekín actúe con más cautela en la apertura de sus mercados financieros _la convertibilidad total del yuan se ha postergado hasta el próximo siglo_ sus problemas comienzan a obligar a los líderes chinos a asumir reformas estructurales tan audaces como las que implementarán otros países en Asia.

Funcionarios del gobierno chino aseguran que el próximo año China reorganizará su débil Banco Central y que para manejar la asombrosa carga de préstamos bancarios morosos que tiene, podría crear una compañía holding basada en el modelo de la U.S Resolution Trust Corp (RTC). La RTC fue creada por el gobierno de EE.UU. en 1989 para fusionar o cerrar las cajas de ahorro insolventes. Además, para estimular el estancado crecimiento económico chino, se espera que las tasas de interés bajen aún más antes de finales de año, que se levanten los límites de los créditos bancarios y que se incrementen las inversiones en infraestructura.

China confía en que con estas medidas será capaz de reaccionar a tiempo para evitar a largo plazo el daño que gran parte de Asia ha sufrido ya al colisionar con los mercados financieros internacionales. En la mayoría de estos países, los mercados bursátiles y de divisas han caído, conseguir créditos es casi imposible y la ayuda financiera internacional se ha vuelto crucial.

Por ahora, China parece estar a salvo porque _irónicamente_ no ha liberalizado sus mercados lo suficiente como para estar expuesta a las turbulencias del resto de Asia. La incovertibilidad del yuan chino hace que sea más difícil especular con su moneda y sacar capital fuera del país. China ha manejado bien su modesta deuda exterior. Sus bancos, aunque son un desastre, son propiedad del estado y, por tanto, no corren el riesgo de fracasar.

Más aún, los extranjeros sólo pueden comprar una participación relativamente pequeña en las compañías y son excluidos del gigante mercado financiero doméstico. Incluso aunque los precios de los títulos cayeran estrepitosamente, la economía no sentiría mucho más que un ligero temblor porque la capitalización del mercado financiero chino asciende a un simple 20% de su producción anual.

De otra índole En cambio, lo que aqueja a China es una mayor desaceleración de su ya anémico crecimiento, así como la extensa corrupción, malversación y transacciones clandestinas que socavan los esfuerzos reformistas del gobierno. Aunque no se reconoce la situación oficialmente, las cifras presentan un panorama preocupante. Se pronostica que el crecimiento económico bajará a un 9% este año, de un 9,7% el año pasado, y podría caer a menos del 8% el año próximo. Esas cifras parecen altas pero China tiene una de las tasas de desarrollo más desiguales del mundo. Por tanto, cualquier cifra por debajo del promedio del 9% que ha experimentado en la última década significa que muchas regiones del país están sufriendo una recesión. Un alto asesor político señala: ste es un momento difícil para gobernar China .

En cada gran ciudad china hay decenas de empresas estatales que, si bien no lo reconocen oficialmente, están en la ruina. Este mes, la Fábrica de Motores de Combustión Interna de Pekín, una de las compañías más grandes de la capital, despidió a 5.000 trabajadores de 55 años o más que quedaron en la calle sin beneficio alguno.

Hoy, los cierres de fábricas parecen ocurrir cada día , dice un obrero de Tianjin que vende semillas de melón fritas.

El verdadero nivel de desempleo es mucho más alto. Está encubierto por el xia gang, un término administrativo para describir a los trabajadores que pierden sus empleos pero no son oficialmente despedidos. Hay 800.000 obreros sin trabajo en esta categoría en Shanghai, sin contar los miles de trabajadores migratorios desempleados que tampoco aparecen en las cifras. En Nanchang, la capital de la empobrecida provincia de Jiangxi, los habitantes calculan que hasta la tercera parte de la fuerza laboral ha sido en realidad despedida.

Las protestas callejeras ya estallan con regularidad a lo largo de China ante la implosión del sector estatal. Este mes, 200 trabajadores jubilados de la Fábrica de Lana N, 2 de Tianjin realizaron una protesta en la que se sentaron en la calle para bloquear el principal camino de entrada a la ciudad, como parte de las manifestaciones que se llevan a cabo cada semana en contra del recorte de salarios y pensiones. Además, la violencia aumenta. El mes pasado, en Shanghai, hubo un choque con la policía durante una manifestación contra el desalojo forzoso de inquilinos, y un hombre herido tuvo que ser hospitalizado.

Es poco probable que la crisis financiera de Asia azote a China con la misma fuerza y de la misma forma en que lo ha hecho con otros países de la región. Sin embargo, está acentuando los problemas que el país tiene que enfrentar. Aquí, en la ciudad sureña de Guangzhou, los inversionistas del sudeste asiático afirman que la devaluación de las divisas de sus propios países hace que compren e inviertan menos en China.

Además de perjudicar las exportaciones chinas, las devaluaciones aumentan el costo de las inversiones extranjeras en fábricas y equipos dentro de China, donde el gobierno ha mantenido la tasa de cambio estable de aproximadamente 8,3 yuanes por dólar estadounidense. Estamos esperando a ver si China devalúa su divisa también. Si no lo hace, es posible que nos vayamos a otro lugar a invertir , dice un inversionista taiwanés, cuya fábrica de luces de Navidad postergó una expansión valorada en al menos US$500.000 hasta mediados de 1998 debido a la baja del nuevo dólar taiwanés.

Por tanto, se pronostica que la inversión directa en China también caerá. Este año, equivale a aproximadamente US$40.000 millones, más o menos igual que el año pasado. Pero en 1998 podría ser sólo la mitad de esa cifra, dice Fred Hu, economista especializado en China de Goldman, Sachs & Co. en Hong Kong.

Algunos economistas creen que China realizará una devaluación el próximo año para mantener la competitividad con los países vecinos. Además, ante la caída de la inversión extranjera, es probable que el país recurra a sus bancos para conseguir capital. Pero los bancos ya tienen préstamos morosos por, al menos, US$200.000 millones, lo que no incluye los préstamos de pago dudoso que se renuevan cada año. Hasta ahora, los bancos habían mantenido un tipo de equilibrio debido a la tasa nacional de ahorros del 40%, por lo cual entra más dinero a los bancos.

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