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EL EXORCISMO DE LA SOCIEDAD CIVIL

EL EXORCISMO DE LA SOCIEDAD CIVIL

Para contribuir al debate sobre la sociedad Civil en Colombia, y en respuesta al artículo de Eduardo Posada Carbó ( Ah, la sociedad civil , EL TIEMPO, diciembre 2 de 1997), quisiera hacer algunas precisiones del sentido histórico y el papel que tal sociedad debe surtir en Colombia. Los orígenes del concepto de la sociedad civil se puede trazar a Marsilio de Pama (1324 -1343), pensador italiano del Siglo XIV, quien en el ensayo Defensor pacis planteaba cómo se podría encontrar una forma de gobierno separada de la iglesia, tan involucrada en los asuntos del Estado en aquella época.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Harold Lasky se asombraba de lo innovadora de esta filosofía política que se lee como del siglo XVIII .

Esta definición de una política orientada al bien colectivo tendría continuidad en el Republicanismo Cívico de Maquiavelo y Rousseau y sería prácticamente enterrada por el pensamiento individualista liberal inglés del siglo XVIII para reaparecer con la observación de Tocqueville en el XIX sobre la democracia en América.

El Republicanismo Cívico identifica la efectividad del Estado con la abundancia de ciudadanos activos y se preocupa por los problemas públicos y colectivos. Sin embargo, en los países católicos, especialmente bajo el régimen absolutista español, todos estos conceptos fueron obliterados por la Contrarreforma o tergiversados hasta el absurdo. Geliner (1991) anota que la única instancia comparativa en Occidente con el intento de suprimir la sociedad civil en los regímenes comunistas de Europa Occidental fue la Contrarreforma . Pero por lo menos en los países donde el comunismo se impuso existía una herencia que podía ser rescatada por su comparativamente corta duración.

En el caso latinoamericano las sociedades nacieron bajo el monopolio cultural de la Contrarreforma. Los datos que trae Eduardo Posada sobre la fortaleza de la sociedad civil en Antioquia y la abundancia de organizaciones religiosas tiene dos problemas: primero, las asociaciones se dan en el interregno en el Siglo XIX entre la Independencia y la recaída en la tradición hispano católica de la Regeneración y la Constitución de 1886. En ella se prohibía, entre otras cosas, las asambleas políticas permanentes y la representación de intereses se consideraba de particulares . La soberanía se asignaba a la Nación, no al el pueblo. La segunda confusión es si considerar las organizaciones religiosas como parte de la Sociedad Civil.

Acordémonos que su origen fue en contraposición a lo religioso y propendía por un estado secular. En el caso colombiano la regla era la fusión de lo religioso con lo Estatal. No nos confundamos con el caso de solidaridad o de la Polonia comunista donde la separación de Estado e Iglesia era contundente y la utilización de las jerarquías religiosas para la derrota del comunismo no contó después con el apoyo de la población secular. Me parece que en el actual momento, cuando la Constitución del 91 da a luz la expresión legítima de la Sociedad Civil traer a cuento de manera ad-hoc hechos históricos sin definir la identidad sociológica y cultural específica dentro de la cual se desarrollo este fenómeno en Colombia crea mucha confusión, confusión tal que le permite a algún candidato presidencial, que en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 se opuso denodadamente a la soberanía del Pueblo, monte ahora su plataforma ideológica en base al desarrollo de la Sociedad Civil.

El utilizar los datos de Carlos Lemoine sobre la Encuesta Mundial de Valores para hablar de la fortaleza de la Sociedad Civil es arriesgado. Porque si bien nos podríamos comparar positivamente con algunos países latinoamericanos el subcontinente, todo peca por la ausencia de ella. Precisamente una sociedad civil fuerte y efervescente crea los lazos de confianza necesarios para el desarrollo económico con la caída de los costos de transacción. Y en la encuesta de Carlos Lemoine el caso colombiano arroja resultados dramáticos por lo bajos (Bogotá tiene 6 por ciento de su población que confía en los demás). Creo además que la pregunta final de Posada: No será que los colombianos tenemos mucha Sociedad Civil y poco Estado? es una falsa dicotomía. Ya lo probó el profesor Putnam en Italia: Sociedad Fuerte, Estado Efectivo. No es el caso en Colombia. Tenemos una sociedad civil en pañales y un estado ineficiente y con altos grados de corrupción. Lawrence Whitehead, de Oxford, lo decía en su artículo de 1993 sobre el Estado en Latinoamérica: la fuerza que mayor impacto ha tenido en la modernización de este ha sido el surgimiento de una ciudadanía consciente, que pide cuentas, exige transparencia y que castiga políticamente la inefectividad.

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