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BOSNIA, NI EN LA PAZ NI EN LA GUERRA

BOSNIA, NI EN LA PAZ NI EN LA GUERRA

La división de Bosnia-Herzegovina, dos años después de finalizados los combates, sigue siendo una realidad tan marcada como lo fue durante la guerra, pues las ideas ultranacionalistas que provocaron el conflicto siguen estando intactas, defendidas por los mismos ideólogos en las bancas del Parlamento Central de Sarajevo y reafirmadas por gran parte de la población, que aún conserva intacto el odio hacia los otros cultivado durante los años de conflicto.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

A pesar de que los cañones ya no disparan ni hay muertos tirados en las calles, los representantes de la República Serbia de Bosnia y los de la Federación Croatomusulmana -las dos entidades étnicas que forman la república, según los acuerdos de paz de Dayton (1995)-, no han logrado en dos años construir, ni siquiera crear la ilusión de un país unido, pues en este tiempo no han sido capaces de ponerse de acuerdo sobre elementos tan relevantes en el plano simbólico como la forma de un pasaporte, una moneda única para todo el país o las placas para los carros, las cuales cambian según la región, y ni siquiera han podido establecer en qué tipo de letras se escribirá el nombre del país: si en caracteres latinos o cirílicos (los serbios utilizan éste último).

Por eso, dejando al margen algunos tímidos progresos, la Bosnia multiétnica querida por el acuerdo de Dayton parece más bien una yuxtaposición de micro estados que un verdadero país.

Motivos de división La futura bandera -ya anunciada-, por ejemplo, es otro problema: podría ser azul, blanca, roja, teniendo en el medio el mapa de Bosnia. Pero, qué dibujo y para cuál Bosnia? Un estado limitado por sus fronteras exteriores o bien recortado en dos por una línea roja, como lo reclaman los serbios? Al pedir el dibujo de un monasterio ortodoxo en los billetes de banco o una simple línea en la bandera, los serbios se afirman como grupo étnico y reivindican prerrogativas en detrimento de la unidad, lo que impide cualquier avance, y convierte cada sesión del Parlamento Central en una verdadera batalla campal de insultos, portazos y boicots permanentes.

A lo anterior se suma el tema del bloqueo. Para los musulmanes, los responsables de éste son los serbios nacionalistas al no colaborar con el Tribunal Internacional de La Haya, que pide la entrega de Radován Karadzic, líder serbobosnio durante la guerra, y de su general Ratko Mladic, autor de una serie de masacres. Pero los serbios de Bosnia no los entregan y más bien los protegen, pues la verdad es que Karadzic, a pesar de estar apartado nominalmente del poder, sigue manejando desde su escondite los hilos maestros de la política serbobosnia, algo que se hizo evidente en las elecciones parlamentarias de noviembre con la victoria del Partido democrático (SDS) de Karadzic, que obtuvo el 31 por ciento de los votos.

Para algunos diplomáticos europeos, también croatas y musulmanes son responsables del actual bloqueo que paraliza a Bosnia en la medida en que éstos no permiten, por su testarudez y por la pervivencia de los rencores, el más mínimo avance del Estado central sobre las entidades étnicas .

Cumbre de Bonn Para paliar esta situación, la comunidad internacional convocó a principios de diciembre la cumbre de Bonn, con un Consejo Internacional para la Aplicación de los Acuerdos de Paz de Dayton sobre Bosnia, que decidió, entre otras cosas, reforzar los poderes del alto representante, Carlos Westendorp, autorizándolo a actuar contra los cargos públicos locales que boicoteen -con su absentismo o su resistencia activa- el proceso de cristalización del Estado de Bosnia. Cuando estaba por finalizar este foro -con representantes de 51 Estados y 21 delegaciones-, y temiendo las nuevas medidas coercitivas contra la República, los representantes serbios, musulmanes y croatas se pusieron de acuerdo sobre la forma de un pasaporte, la ley de ciudadanía y la ley que regirá sobre el Consejo de Ministros. Pero si las amenazas no estuvieran delante, todos lo saben, las decisiones no se habrían tomado sobre el papel, y todo el mundo se pregunta: quién hará que se cumplan en la realidad? Peor aún: si hubo que ejercer presiones para decisiones más bien simbólicas, nadie quiere ni pensar lo que será necesario para medidas de más envergadura como la reforma de las leyes de propiedad que bloquean el regreso de los refugiados a la Federación Yugoslava y a la República Srpska, algo que impide que los refugiados vuelvan a sus antiguas casas y que envenena las relaciones entre las comunidades. Y otras medidas sensibles, como la creación de una policía local, cuándo podrán realizarse? Por todo ello, se puede afirmar que el proceso de paz en Bosnia está seriamente bloqueado, pues además de todas las carencias ya citadas también faltan leyes que reglamenten la actividad económica, las aduanas y protejan los derechos humanos.

Es decir, en Bosnia no están todavía presentes las reglas mínimas que permitirían la convivencia pacífica, y que podrían darle al país, de nuevo, la bienvenida al conjunto de naciones civilizadas y democráticas.

La paz para Bosnia llegó en diciembre de 1995 tras 5 años de guerra. Hoy dos años después la mismas ideas ultranacionalistas que generaron el conflicto, sigue dividiendo al país.

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