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INDEPENDENCIA DE LA SUPERINTENDENCIA BANCARIA

INDEPENDENCIA DE LA SUPERINTENDENCIA BANCARIA

El proyecto de reforma presentado por el Ministro de Hacienda sobre temas financieros propone que la Superintendencia Bancaria adquiera autonomía jurídica y administrativa, de modo que en adelante funcione como un establecimiento público.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Desde su creación en 1923, la Superintendencia Bancaria nunca tuvo independencia jurídica; en la práctica era una dependencia del Ministerio de Hacienda. La Superintendencia Bancaria funciona, en el aspecto económico, como una cuenta del Ministerio de Hacienda sujeta íntegramente a las decisiones de los funcionario del Ministerio. Ahora, cuando tiene más de 70 años, la más famosa de las superintendencias adquiere su mayoría de edad para comenzar a ser independiente.

La falta de independencia de la Superintendencia, es bueno advertirlo, se ha circunscrito a cuestiones administrativas, porque en lo relacionado con la mayoría de las decisiones relativas a la supervisión opera de manera independiente, con la única pero destacada excepción de las decisiones de toma de posesión de entidades en problemas, caso en el cual requiere el visto bueno del Ministro de Hacienda.

No es discutible la idea de dar mayor autonomía a la Superintendencia Bancaria. La pregunta que debemos resolver es si la que va a adquirir es suficiente para que se realice bien la función de supervisión, y ofrezca la suficiente agilidad para actuar en el ejercicio de sus funciones.

En principio creemos que la iniciativa gubernamental resuelve bien algunos aspectos menores sobre el funcionamiento administrativo de la Superintendencia, particularmente los relativos al manejo de sus ingreso y los procesos judiciales en contra de la entidad. Se indica en el proyecto, por ejemplo, que la Superintendencia tendrá total autonomía en el manejo de sus ingresos y concede facultades para modificar la estructura y administración de la Superintendencia.

Pero sería útil mejorar esa autonomía en aspectos más íntimamente ligados con la búsqueda del buen funcionamiento de la máxima autoridad de supervisión bancaria del país. En las discusiones internacionales sobre el mejoramiento de la supervisión bancaria se ha hecho mucho énfasis en el asunto de la independencia, pues es consenso general que en esa delicada función no puede haber ocasión para presiones políticas ni para insuficiencia de medios económicos que debiliten la calidad de la función. En algunos países se ha optado por señalar un período fijo del Superintendente de Bancos. En otros, la función se supervisión, por hacer parte de las funciones de la banca central, ha adquirido autonomía al tiempo con la independencia de los bancos centrales. En algún caso se ha elevado la jerarquía de la supervisión bancaria, situando al jefe del organismo al nivel de ministro.

El caso colombiano, en comparación con las experiencias internacionales nos muestra en desventaja y el proyecto, con el cambio de la Superintendencia a establecimiento público, no implica ningún avance en ese sentido. En primer término sería útil eliminar cualquier restricción que pueda coartar las decisiones del Superintendente, en particular la sumisión de la decisión más importante que puede tomara la aprobación del Ministro de Hacienda.

Además, conviene dar mayor estabilidad a la permanencia de este funcionario, a fin de que pueda consolidar acciones de largo plazo sin interferencias; el período fijo ya se ha establecido para otros funcionarios del Estado como los miembros de la Junta del Banco de la República y el presidente del ISS y perfectamente puede tenerlo el Superintendente Bancario. Puede también revisarse si la jerarquía del cargo y la entidad permite eliminar la subordinación a un Ministerio, entre otras razones teniendo en cuenta que esta es una función que constitucionalmente pertenece al presidente de la República.

Pero más allá de todas estas cosas existe un asunto clave. Es la remuneración y el carácter de funcionarios públicos de la Superintendencia Bancaria. La función de supervisión requiere de funcionarios altamente calificados, especializados y con permanencia. Mientras exista una débil y confusa carrera administrativa, no va a ser posible dotar a la supervisión bancaria de funcionarios en nivel de excelencia. Este nivel se requiere todavía más hoy en día por la complejidad y dinámica que ha adquirido el sistema financiero, para cuyo control se requiere disponer de persona a las cuales se les puedan ofrecer condiciones atractivas y estables.

El éxito de la supervisión bancaria radica esencialmente en la calidad del equipo humano que la realiza. Hoy en día existe una gran disparidad entre la remuneración que puede asignar la Superintendencia y lo que el mercado le ofrece a personas de esa misma calidad. Los buenos funcionarios de la Superintendencia han tenido siempre un costo de oportunidad alto por permanecer en sus cargos y ello reduce significativamente el tiempo de permanencia en la institución. Por lo tanto, puede aprovecharse la oportunidad de esta ley para dar un paso agresivo y situar a la Superintendencia Bancaria en un nivel competitivo con el sistema financiero, liberando las condiciones de contratación de su personal en lo relativo a carrera administrativa y remuneración.

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