LAS CABEZAS DE LA FINAL

LAS CABEZAS DE LA FINAL

EL DISFRAZ DE QUINTABANI Enviada especial de EL TIEMPO Oscar Héctor Quintabani lo tiene claro: no puede quitarse el disfraz.

14 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Cuando era futbolista era muy fácil. Se acabó el partido y chao, me sacaba el disfraz. Ya no , dice. Ahora es más difícil que lo haga porque el Deportes Quindío, su equipo, está cerca de llegar a la final del fútbol colombiano, si hoy le gana 1-0 al Bucaramanga en el estadio Centenario.

Por muchos años, el nombre de Oscar Héctor Quintabani se asoció directamente con el Deportivo Pereira, equipo en donde jugó y, que con el tiempo, llegó a manejar durante varias temporadas.

De mi carrera deportiva lo más importante fue cuando estuve en el Tolima de Juan Martín Mujica, el que estuvo en la Copa Libertadores, en donde se sembró la semilla de la zona, que hoy juega la selección. En ese equipo se cambió la idea táctica de lo que era el fútbol colombiano.

A los 35 años dejó de jugar, después de demandar al Deportivo Pereira por problemas de dinero. La reglamentación decía que si un jugador entablaba algún tipo de acción legal, tenía que pararse. El prefirió irse. Quintabani no tiene términos medios.

Empecé a ver la vida diferente. Me quedé en Pereira porque allí viví bien e hice lo de todos lo argentinos, monté un restaurante: Quintabani s. Volvía al club, pero con las divisiones inferiores. Hubo cambio de administración y regresé. Ya pensaba era en ser técnico.

Empecé a prepararme, a ir a congresos, a hablar con la gente. Un día no podés decir voy a ser técnico y no más. No. Tenés que prepararte. En el 90 debuté como entrenador, por supuesto, con Pereira. Peleamos para estar entre los ocho, pero lo mejor de todo fue el grupo de jugadores jóvenes, que llegaron o son figuras: Darío Aguirre, Mauricio Chico Serna, Alirio Serna, Daladier Ceballos, William Matamba, entre otros.

En el 92 me fui a Europa, al Milán. Estuve dos meses y medio trabajando con Fabio Capello, al que conocí en un congreso. Qué ejemplo de organización, seriedad y profesionalismo .

En el 93, 94 y 95, cuando el equipo fue sexto, estuvo en Pereira y se fue. Dejé el equipo por cuestión de principios, por personalidad. El vestuario a la cancha, el equipo es mío. No permito que nadie se meta en mi trabajo. Si es así, me voy , dice con voz fuerte, con su acento argentino, que según él ya ha perdido. Cuando hablo con mis hijas grandes, en Buenos Aires, me dicen que ya hablo como colombiano.

Del 15 al...

El fútbol para Quintabani es como de esos amores raros, de esos que hacen sufrir, pero que se quiere estar con ellos. Fue por eso, que cuando Guillermo López Valencia, le ofreció ir al Quindío, una noche después de perder 4-2 con Medellín, en Armenia, aceptó. Quindío estaba en el puesto 15.

Siempre te buscan para las cosas difíciles. Eso es claro. O te llaman para que sostengás al primero o para que lo saqués de la cola , dice.

Mi única condición fue que el equipo estuviera al día. Si le debían plata a los jugadores era mejor que se buscaran un gerente y no un técnico , les manifestó.

El 4 de abril tomó el equipo. Los objetivos: no descender, mejorar el promedio. A su favor estaba el sistema de juego del equipo, la zona, lo mismo que venía trabajando con Nelson Gallego. De ahí en adelante todo corría por cuenta suya.

Debutamos con el Unión y perdimos 2-1, de visita y apenas quedaban cinco partidos. Ganamos cuatro: Millonarios, Nacional, Cali, Envigado y América. Después de eso empezó una nueva historia. Teníamos directivos, podíamos reforzar el equipo y hacer una temporada seria. El 19 de mayo la iniciamos en Medellín, el equipo llegó con orden al torneo , dice con una sonrisa de satisfacción.

Nosotros teníamos que vivir el presente. No podíamos ponernos metas a noviembre o diciembre porque nadie creía que pudiéramos llegar. Fueron objetivos diarios. Primero sumar y aguantar. Después de pasar el susto del descenso, pensar en meternos entre los ocho. Los objetivos eran de domingo a domingo. El gran susto lo vivimos cuando de 18 puntos apenas sumamos tres. Nos sostuvo la campaña del Mustang y el punto de bonificación.

No entendía qué había pasado. No encontraba una explicación. Ese es el momento en que te das cuenta lo egoísta que sos cuando has sido jugador. Si lo estuviera haciendo, seguro que no habría sido tan difícil. No te podés sacar el disfraz.

Los noches eran largas, pero mejor, la musa me llega es en la noche y fue el diálogo el que nos sacó de ese bache .

El éxito, su presente con el Quindío, no lo ha cambiado mucho. Sigue hablando de fútbol todo el día, como lo ha hecho en gran parte de sus 47 años de vida. A mucha gente le da pena hablar de fútbol, pero será que a los médicos les da pena hablar de enfermedades y medicinas todo el día? , afirma.

A las 6:00 de la mañana, el teléfono de su casa ya empieza a sonar. Por esos días la encargada de recibir todos los mensajes fue Mónica, su esposa. El se pasó a vivir al Club Campestre, cerca al aeropuerto, en donde el equipo permanece concentrado.

A los hombres los miden por sus triunfos. Es por eso que hoy cuando voy a un restaurante con mi mujer, tengo que entender que el hombre de la mesa de al lado se pare, me dé un palmada en el hombro y me diga: profe , vamos a ganar. Yo sería más feliz si me dijeran diviértase en el partido del domingo, pero nadie lo hace , dice y se ríe.

Su corazón, a pesar de las emociones de las últimas semanas, marcha muy bien, pero no puede evitar ver los partidos de pie. A los técnicos nos dieron el peor lugar del estadio. Del banco no alcanzás a ver nada .

Colombiano En el 88 se nacionalizó colombiano. No por conveniencia, sino por convicción.

Se volvió a casar, con Mónica, una risaraldense. Tiene una hija colombiana: Emi Giuliana, de 22 meses.

El acento, así le digan que lo ha perdido, sigue ahí, solo que no es raro que a este hombre nacido en Buenos Aires se le salga un pues , un avemaría o un cierto , muy de estas tierras paisas.

El Quintabani de ahora, con unos cuantos kilos de más, con uno que otro mechón blanco en la cabeza, está preparado para lo que pueda pasar.

Desde su asiento, en la sala de televisión de las cabañas del Campestre, en la concentración, devolvió la cinta una y otra vez. Habló de los errores, de lo bueno del Bucaramanga, de las ventajas que no se pueden dar y, por unos minutos, se vio en la pantalla del televisor, tal como es, con el disfraz bien puesto.

EL FLACO , A GRADUARSE Bucaramanga Carlos Mario Hoyos es uno de los técnicos jóvenes y nuevos de Colombia. Un entrenador igual a su Atlético Bucaramanga: tiene muchos sueños y hasta ahora está empezando. En esta, su primera temporada en la Primera A y a dos meses de celebrar su cumpleaños 36, está a un pasito de meter al Bucaramanga en la Copa Libertadores y, por qué no, en darle su primer título en 49 años de existencia.

Le dicen El Flaco y quienes lo bautizaron así tienen toda la razón. Es muy delgado. Los 70 kilos de peso que le muestra el tablero de la báscula no se le ven por ninguna parte. Tal vez, porque los reparte en los 1,79 centímetros que separan su cabeza del piso. Y soy de buen comer , dice.

Hoy, después de 14 años como jugador profesional (Cali 10 años, América, Bucaramanga, Quindío, Junior y Selección Colombia) y luego de hacer sus pinitos como entrenador en la Primera C (River Plate de Buga) y en la Primera B (Deportivo Rionegro), está a punto de graduarse con honores en el Atlético Bucaramanga.

Nació en Medellín en un barrio que huele y sabe a fútbol: La Floresta. Pero la vida tiene muchas ironías y Hoyos no jugó en ninguno de los equipos de la capital antioqueña. Cuando terminé mi carrera como jugador tenía muy claro que quería ser técnico. Lo presupuestaba. Siempre quise hacerlo porque me siento con capacidades para esto. Tengo el carácter, la personalidad y veo bien el fútbol , asegura.

El técnico Carlos Mario es de los técnicos románticos. Utiliza palabras, en su acento paisa, que bien podrían decir Menotti, Valdano o Maturana. Mi sentimiento futbolístico me dice que mis equipos deben tener orden, jugar rápido y con precisión; que deben ser prácticos y, por encima de todo, jugar bien. Si todo eso se hace correctamente, llegan los resultados y se gana. Vos tenés más posibilidades de ganar, si jugás bien , dice convencido.

Durante su paso como jugador en el Bucaramanga (1991) ya mostró sus inclinaciones de entrenador. El profesor Tucho (Humberto Ortiz) me pedía que le colaborara ordenando la defensa y me gustaba , recuerda.

Le llegó la hora de colgar los guayos y los cambió por la sudadera de DT. Además de mi carrera como futbolista profesional me he preparado asistiendo a seminarios y cursos. De los entrenadores que tuve, creo que el que más me marcó fue Vladimir Popovic, que me enseñó la disciplina en la cancha y la responsabilidad adentro y afuera del campo. Claro, después vinieron (Francisco) Maturana y Hernán Darío (Gómez) .

Ve videos, dos por día. Prepara a su equipo, después de haber analizado al rival y de elaborar su plan táctico. Ve mucho fútbol argentino, especialmente los partidos de River Plate, y, dice, que cuando quiere observar tácticas, observa juegos de la Liga de España, preferiblemente los del Real Madrid y el Barcelona.

Hablo con muchos amigos, por ejemplo, Carlos Navarrete, Peluffo, Hernán Darío ( El Bolillo ) y Comesaña. Con ellos comparto ideas sobre fútbol y sobre la vida , cuenta.

Hoy se medirá, en el partido más importante de la historia del Bucaramanga, al argentino Héctor Oscar Quintabani. Yo lo enfrenté como jugador muchas veces, cuando él estaba en el Tolima. Era un portero muy bueno, serio. Como técnico es bueno. Ha hecho una campaña relevante con el Quindío y no se puede olvidar que cuando dirigió al Pereira sacó buenos jugadores. El es una persona interesante , reconoce.

Es más berraco ser técnico que jugador porque uno no puede meterse al campo para resolver, pero hay algo cierto: como ya no puedo hacerlo en la cancha, intento que los jugadores plasmen allí el estilo que me gusta y el trabajo que quiero. En este Bucaramanga pasamos un momento muy difícil en enero. Fueron unos días muy duros, pero el equipo recuperó su alegría, su tranquilidad y los resultados llegaron, a pesar de las críticas .

He estado muy tranquilo y muy humilde. Llegará el momento para las celebraciones. Tenemos la opción de llegar a la Copa Libertadores y si eso pasa, el próximo miércoles lucharemos por el título. El gerente del equipo ya prometió botella de whisky, pero para el 21 de diciembre .

El hombre Carlos Mario Hoyos tiene las dos obsesiones propias de su estirpe antioqueña: la familia y el trabajo. Es un hombre accesible, pero serio. Habla sin titubeos y responde con seguridad. También sonríe fácil.

El viernes su esposa (la mujer con la que comparte la vida hace 13 años) se graduó como contadora en la Universidad Libre, en Cali. Con ella estuvieron sus tres hijos: Daniel, de 11 años, y Sara y Laura, sus mellizas de 6 años. Una se parece a la mamá y otra al papá: una es morenita, flaquita y de pelo crespo. La otra es blanquita, gordita y de pelo liso , dice mientras una risa le hace brillar su rostro de arrugas.

Soy muy apegado a mi familia y me mata la soledad cuando no la tengo cerca , reconoce. La soledad la combato con trabajo. También voy a cine. Me gustan mucho las películas de acción, especialmente las de Jean Claude Van Damme, y oigo mucha música. Me gusta toda: me encanta la salsa, los tangos y el último disco que compré fue el de Ana Belén y Víctor Manuel. De ellos, como de Serrat, me gusta la poesía de sus letras. También leo mucho y de todo. Ahora estoy con un libro que se llama Los hombres son de Venus y las mujeres de Marte, que trata sobre las relaciones familiares y de pareja.

Hoyos es también un tipo muy creyente. No solo va a misa, sino que lleva a su familia y participa de las ceremonias. Oro mucho, de verdad oro mucho. Hablo con Dios y más que pedirle cosas le agradezco por lo que me ha dado. El Señor me aconseja. Sabe cómo Dios le habla a uno? Cuando uno siente que le da lo que uno necesita. Por ejemplo, yo le pedí sabiduría y cuando llego aquí, al banco y siento que tengo adentro tranquilidad y paciencia y sabiduría, me doy cuenta de que me habla .

Y Hoyos no elude la política. Dice que votará en las próximas elecciones para presidente y que respeta mucho a quienes ejercen su vocación de servicio público. Y también contesta con picardía: Le adelanto que voy a votar por un santandereano... .

Si se encuentra la lámpara del genio maravilloso y la frota, qué deseos le pide? Mucha salud para disfrutar a mi familia por muchos años, que me dé humildad y tranquilidad y que me diga si me voy a ganar el título... .

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