97, EL NÚMERO DE TÍLGER

97, EL NÚMERO DE TÍLGER

Ojalá que no nos pese no habernos traído a Tílger para acá , decía el miércoles, antes del primer tiempo de la final, en Bucaramanga, un taxista que llevó a un grupo de hinchas del Quindío, al Hotel San Juan de Girón, en donde se quedó el equipo, después de encontrarse con Daniel Alberto Tílger frente a frente. Los 97 goles que ha marcado en Colombia, hasta ahora, hacen de él un hombre peligrosísimo.

14 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

En el 91, cuando llegó para el Sporting de Barranquilla, marcó cuatro goles, en cuatro meses. El primero se lo hizo a José María Pazo, del Junior, en el clásico barranquillero. Ese mismo año, pero con el Once Phillips, entonces, consiguió 11. Al año siguiente se fue a Santa Fe y sumó 14 más. Regresó a Manizales, en el 93, cuando el equipo fue el Once Caldas, y marcó nueve. En el 95 pasó al América. Tres meses, jugó solo un partido completo y convirtió uno. Esa misma temporada, de nuevo en Bogotá, con Santa Fe, llegó a su máxima producción: 27, entre los 18 del 94 y los nueve que logró en el Torneo Nivelación del 95, pero se fue al Quindío para el torneo 95-96 y fueron 21 y para el campeonato 96-97, con el Deportivo Cali, cinco más. Este año volvió al Quindío y va en cinco.

En otra lista, en su mente, figuran los 62 que marcó en la tercera división de Boca Juniors, de Argentina, en donde también juegan profesionales, después de haber subido a primera división en el 89. Después actuó en 12 partidos con el equipo grande en el torneo local y en seis de Copa Libertadores, pero no alcanzó a sumar ningún gol.

Me vine a Colombia buscando la oportunidad de ser titular porque en Boca no lo era. Ahí estaban Batistuta, Diego Latorre, era mucha gente, y yo quería jugar, hacer goles , recuerda.

En Colombia, Tílger se ha puesto seis camisetas diferentes, eso sin contar la de Millonarios, con la que jugaba en Buenos Aires, en el equipo el barrio Villegas, cerca a Ezeiza, en el Juventus, el equipo de Oswaldo Palavecino, el que jugó en Colombia.

Jugábamos con las camisas de Millonarios, que él nos mandaba de acá, cuando él aún era futbolista. Cuando se dio la oportunidad de venir, él fue la persona que me animó, que como sabía de mis condiciones, me dijo que acá podía hacer muchos goles. El fue quien me dijo cómo debía cabecear, cómo tenía que esperar cada error del contrario para hacerme inmortal .

Después de seis años, este argentino, nacido en Buenos Aires hace 27 años, podría hablar de cada partido, de cada gol, de cada arquero que quedó en el camino cuando él, de alguna manera especial salió celebrar.

Aún están frescos los dos que le marcó al Cali, el domingo pasado y, sobre todo, el primero y la celebración con el gorrito de Papá Noel, que sacó de la pantaloneta cuando vio a Miguel Calero en el suelo.

Todos pensábamos salir a la cancha con los gorritos para la foto y nada más, pero al final se decidió que no. Yo sabía que iba a hacer gol. Por eso me lo guardé en la pantalones y me lo puse cuando hice el primero , dice.

Al Cali, el equipo en donde ha vivido, según él, los momentos más difíciles en su vida, le marcó tres goles importantísimos: uno en el Pascual, cuando ganaron 3-1, y los dos del domingo. A mí me trataron muy bien allá. Los compañeros, los hinchas, el cuerpo técnico, pero futbolísticamente no salieron las cosas. La gente piensa que yo tengo alguna bronca con el Cali, pero no es así. De pronto pasó algo, de lo que prefiero no hablar, pero en eso no tienen nada que ver ni los aficionados, ni Pecoso Castro, que era el técnico, ni los jugadores. Si me dijeran que tengo que volver, no lo haría. No me gusta regresar a donde me ha ido mal. Fue cuestión de suerte , aclara.

Porque Daniel Alberto Tílger cree en la suerte, pero en la suerte de la mano con el trabajo. Estoy tratando de perfeccionar la izquierda porque soy derecho, por ejemplo .

Antes de nacer era hincha de River. Cuando mi madre me tenía adentro, mi tío, que era fanático de River, le dijo que iba a ser varón y que sería hincha de River. Y así fue.

Recuerdo mucho cuando le dije a mi padre que quería estudiar para futbolista y él me dijo que esa no era ninguna profesión. Pero nadie me sacaba la idea de la cabeza. Cuando debuté con Boca, a los 18 años, esa misma tarde fui a mi casa y le regalé la camisa. Lloró de la emoción. No vivíamos un buen momento económico , contó.

La mano derecha la pasea por su brazo izquierdo, en donde todavía se alcanza a ver su nombre tatuado, que se lo hizo a los 14 años para ver si dolía. Y dolió.

Mas arriba, antes de llegar al hombro, un alambre de púas le da la vuelta al brazo. Aquí está la fuerza , dice. En la mano derecha tiene un pequeño alacrán, que según él, donde pica, te marca . Y, más arriba, una rosa, la flor que más le gusta. Tiene en mente hacerse uno más, quizás en la espalda.

Tílger sueña. Sueña con el hijo que espera Verónica, su esposa, que va por su segundo mes de embarazo. Sueña con marcar un gol hoy. Sueña con una nota en El Gráfico, la revista argentina. Sueña con volver a correr a celebrar un gol.

Tílger, vení a jugar con nosotros , Tílger, Hoy también vamos a jugar tenis? Tílger, vení , le grita un grupo de niños, que lo esperan a la salida del almuerzo, en la sede principal del Club Campestre de Armenia, en donde ha estado concentrado el Quindío.

Hoy no puedo. El profe no me deja . Contesta. Nosotros le decimos que le dé permiso , le responden. Y desaparece entre los niños, que no dejan de decirle pedí permiso y vení . Tílger sonríe y se va. Tiene que descansar. Hoy, al frente, está el Bucaramanga y él quiere hacer un gol, el 94, el que le daría a Quindío un puesto en la final.

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