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UN CERVANTES PARA CAÍN

UN CERVANTES PARA CAÍN

El novelista cubano Guillermo Cabrera Infante, a sus 68 años, obtuvo el pasado martes el Premio Cervantes 1997, la distinción más alta de las letras en lengua castellana. Su obra, una decena de libros entre los que destacan Tres tristes tigres, La Habana para un Infante difunto o Delito por bailar el chachachá, ha sido traducida a 15 lenguas y es objeto de estudio en universidades y academias del mundo entero. EL TIEMPO habló telefónicamente con Cabrera Infante, que reside en Londres, sobre el premio Cervantes y algunos aspectos de su obra.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Puesto que el premio lleva el nombre, háblenos de su relación con la obra de Cervantes.

Una relación muy fuerte. La que tiene que tener todo escritor, no solamente del idioma sino en general, ya que Cervantes es el fundador de la novela moderna. No cabe ninguna duda. Además es un autor que introduce de manera muy fina el humor en escenas y circunstancias que de otro modo podrían parecer grotescas o terribles. Siempre ha sido para mí una referencia. Yo me alegro mucho de que sea el Premio Cervantes.

Es también un premio a ese cubano en el que usted escribe. Cómo define ese idioma de sus libros? Es un dialecto. Más bien una jerga, aunque el trabajo mío con ese idioma cubano está muy constreñido a Tres tristes tigres. En mi otro libro grande -quiero decir grande en tamaño-, que es La Habana para un Infante difunto, hay menos elementos lingísticos puramente habaneros. En mis otros libros está el ambiente de esa jerga cubana, aunque no la jerga misma, parlante y viva, como sí en el primero.

Sus memorias eróticas están en La Habana para un Infante difunto? Sí, me basé en la autobiografía para elaborar ciertos temas que me inquietaban. La dependencia del amor al erotismo, la decadencia de ambos, la permanencia de la ciudad en la vida íntima de quienes la habitan.

Yo he cogido como pretexto elementos de mi vida, en la ciudad de La Habana, y los he elaborado para dar rienda suelta a esas reflexiones. Reflexiones muy humanas.

Vista del amanecer en el trópico muestra una serie de estampas históricas con la historia cruel de Cuba.

Es una ilustración, yendo un poco más allá del famoso edicto de Carlos Marx de que la violencia es la partera de la Historia. En ese libro yo quise demostrar que la violencia no es la partera sino la madre de la Historia. Que todo se realiza con violencia. Y en el libro la violencia está presente desde antes de la llegada de Colón hasta nuestros días.

Usted ha dado en su obra un lugar muy importante a la cultura popular. Su último libro de ficción, Delito por bailar el chachachá, coloca al lector, de entrada, en paso de baile.

Desde Tres tristes tigres y La Habana para un Infante difunto, y siempre que he podido, como en Delito por bailar el chachachá, he exaltado esa cultura, tratando de demostrar que no existe baja ni alta cultura, sino cultura a secas. La cultura es una sola y es la misma para todos los géneros y condiciones. Esa herencia desgraciada de discriminar tipos de cultura debe desaparecer, pues hay que poder ubicar, por ejemplo, a un gran elemento de aceptación popular como es el cine, y aceptar que el cine puede producir obras de una envergadura superior a muchas novelas actuales.

Usted es un gran fumador de puros. Cuál es su marca favorita? Mi puro favorito desapareció, desafortunadamente, con la toma del poder de Fidel Castro. Era un puro llamado Port Larrañaga. Hay un facsímil ahora que usa el nombre, pero no es el mismo. Este fue un puro que por primera vez desdeñó los colorines de las estampas que vienen en todas las cajas. Este venía con la caja limpia, solamente con un letrero como quemado sobre la madera que decía Port Larrañaga . Uno deslizaba la tapa y dentro había un mazo de 25 puros amarrados por una banda de seda amarilla. Era algo extraordinario.

Su libro sobre el tabaco Holly smoke , será traducido al español? Hay prevista una traducción, pero varias personas que han iniciado el trasvase han ido fracasando. No va a quedar más remedio que yo lo vuelva a escribir en español.

Usted ha sido poco mimado por los premios internacionales. Qué piensa de los premios? En esto ha habido muchas interferencias de tipo político. Yo he sido muy vocal, muy verbal y enfático contra Fidel Castro. Un ejemplo fue el caso del premio Iila (Instituto Italo Latinoamericano), que se da en Italia, el cual finalmente se me concedió (en 1995), pero que estuvo precedido de un chantaje directo del embajador cubano en Roma a los miembros del jurado. Y ya que se trata de un diario colombiano, aprovecho para decir que el embajador de Colombia en Roma en ese momento, Plinio Apuleyo Mendoza, fue fundamental para contrarrestar la influencia negativa de la embajada cubana y para que los miembros del jurado se basaran en criterios puramente literarios. Ahora bien, sin necesidad de recibir chantajes, es obvio que muchos jurados de otros premios se han debido sentir alarmados ante la posibilidad de darme a mí cualquier reconocimiento. Sería la idea de darle un premio a Caín cuando se los han dado todos a Abel.

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