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NOTAS DEL EDITOR

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La economía cooperativa en Colombia ha adquirido una dimensión muy grande, especialmente en el área de ahorro y crédito. Se estima que ese sector representa ya un ocho por ciento del PIB nacional, esto es, la mitad del peso que tiene la industria manufacturera, y sus cifras son nada despreciables: según datos de la Confederación de Cooperativas de Colombia, el total de activos de una muestra de 159 entidades ascendió a seis billones de pesos al cierre del primer semestre de este año, con más de dos billones de asociados, más del cinco por ciento de la población.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

La importancia política del sector cooperativo no se puede despreciar. Uno puede decir que las cooperativas son a la economía lo que la elección popular de alcaldes es a la democracia Así como en este último caso estamos hablando de un respiradero fundamental de la participación ciudadana en las decisiones locales, el caso del sector solidario es una válvula de escape fundamental de la democratización de la propiedad, tan en crisis en los últimos tiempos en Colombia.

Hasta ahí todo bien. Pero cuando cada semana, los colombianos están siendo testigos de un problema en el sector cooperativo, especialmente en las entidades de ahorro y crédito, la reflexión y acción deben ser inmediatas, porque el daño puede ser de unas proporciones insospechadas.

Vigilancia especial requieren las cooperativas que se dedican a captar y colocar recursos como si fueran bancos. Y no es solo los bancos cooperativos que si operan con las reglas normales para el sistema financiero, sino las que tienen sección de ahorro y préstamos que rondan ya las noventa con más de dos millones de asociados y unos activos de tres billones de pesos. Aquí debe haber claramente un manejo ortodoxo como cualquier entidad crediticia.

Estas entidades no son vigiladas por la Superintendencia Bancaria como debería ser sino por el Departamento Administrativo de Cooperativas, Dancoop, cuya gestión en esta área deja mucho que desear. (Y en otras también). No se puede tener los mismos criterios para guiar a una cooperativa que venda vajillas o neveras, que una que maneja recursos del público, así sea por el sistema de asociación.

Para nadie es un secreto que el Dancoop es una de esas entidades que hacen las veces de comodín de segunda categoría para cuadrar cuotas políticas. Un día hasta doña María Izquierdo la tuvo a su cargo como fortín regional.

Es cierto que por su estructura de propiedad y función social, las cooperativas no deben asimilarse a las entidades financieras, pero eso en válido en asuntos como los indicadores que tiene la Superbancaria para evaluar la gestión. Pero el argumento no se sustenta fácilmente cuando de control y vigilancia del manejo de platas se refiere.

En este tema hay que actuar lo más rápido posible pues ya se observa un desbordamiento de la capacidad institucional para responder a los problemas. No hay que esperar a que la vida nos de sorpresas y lo primero que hay que tener en cuenta es que el sector solidario ya no son un renglón de segunda como lo era hace veinte años.

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