IDILIO ENTRE PENSADORES

IDILIO ENTRE PENSADORES

Elzbieta Ettinger, novelista y ensayista, profesora de humanidades en el Massachusetts Institute of Technology, autora, entre otros libros, de una biografía de Rosa Luxemburgo, ha tenido el privilegio de leer el epistolario íntimo del célebre filósofo alemán Martín Heidegger (1889-1976), quien dispuso que dicha correspondencia solo podría salir a la luz en el siglo XXI. Este epistolario encierra un interés muy especial, pues constituye el mejor documento para conocer la larga y apasionada relación amorosa entre Heidegger y la filósofa de origen judío Hannah Arendt (1906-1975). Fruto de aquella privilegiada revelación de la correspondencia entre el autor de uno de los textos más sustantivos e influyentes de la filosofía del siglo XX, Ser y tiempo, y la destacada intelectual, autora de una obra famosa, Los orígenes del totalitarismo, es un reciente e interesante libro de la mencionada escritora Ettinger, en el cual se examina cuidadosamente aquella extraña y atormentada historia de amor

14 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

La figura de Heidegger suscita sentimientos contradictorios. De un lado, la fascinación intelectual que ejerce su obra filosófica, la cual, a pesar del curso de los años, mantiene su vigencia en determinados círculos académicos. Un ejemplo reciente de ello es la nueva traducción que acaba de ser publicada en Santiago de Ser y tiempo (que aparece en Alemania en 1927), realizada por el profesor chileno Jorge E. Rivera, discípulo del gran filósofo, a quien conoció en Friburgo en los sesenta. Esta traducción, acogida como acontecimiento bibliográfico en la capital chilena, viene a mejorar y complementar con notas la traducción de 1951 por el filósofo español José Gaos. Setenta años después de la aparición de esta obra fundamental de la filosofía contemporánea, Heidegger continúa ejerciendo una especial atracción.

Pero, por el otro lado, la figura de Heidegger no solo despierta sospechas, sino francos, severos y justificados juicios motivados por la adhesión del gran filósofo a la ideología nazi. El compromiso político de Heidegger con el nacional socialismo ha sido una cuestión ampliamente debatida en los círculos intelectuales y en los medios de comunicación de Europa, y el eco de esa encendida controversia se ha sentido en nuestra América, en virtud de un polémico libro del chileno Víctor Farías (Heidegger y el nazismo), quien fue alumno en Friburgo de Heidegger. Nadie discute hoy acerca de la veracidad histórica de aquella adhesión de Heidegger al nazismo. La discusión tiende a centrarse en el problema de las razones profundas de aquel vituperable compromiso político del famoso rector de la Universidad de Friburgo, instrumento, entonces, de una política antisemita, que persiguió a su maestro y antecesor en la cátedra, el ilustre fundador de la fenomenología, de origen judío, Edmund Husserl, a quien irónicamente dedicó Ser y tiempo, dedicatoria posteriormente eliminada en otras ediciones.

Husserl es considerado justamente como uno de los grandes pensadores del siglo XX, que contó con la amistad, admiración y ayuda en el plano académico de otra destacada filósofa, también de origen judío, Edith Stein, convertida al catolicismo, principalmente tras la lectura de Santa Teresa, y quien habiendo ingresado al Carmelo, escudriñó la espiritualidad de San Juan de la Cruz, hasta la víspera de su detención por la Gestapo en un convento holandés, de donde fue conducida al campo de exterminio de Auschwitz, en cuyas cámaras de gas muere en 1942. El Papa Juan Pablo II, cuya tesis de doctor en teología es precisamente un estudio de la fe a través de la doctrina de San Juan de la Cruz, beatificó en 1987 a Edith Stein, cuya carrera académica, al igual que la de otros catedráticos de origen judío, fue obstaculizada por la política antisemita del Tercer Reich, que Heidegger apoyó sin escrúpulos aparentes de conciencia. Otro grande de la filosofía alemana contemporánea, Karl Jaspers, casado con judía, jamás perdonó realmente el pecado nazi de Heidegger, el único de mis amigos con el que no estuve de acuerdo en 1933, el único que me traicionó .

Contradicciones y misterios Hannah Arendt, en cambio, era propensa a exculpar a Heidegger con la idea de que el nazismo de este era producto de una imposición de su esposa Elfride, quien fue una dominante presencia en la vida del filósofo. Elfride seleccionaba las amistades de Heidegger, protegía su soledad necesaria para la redacción de sus obras, contestaba las cartas que recibía, e inclusive una nota tan importante como la del pésame dirigido a la viuda del ilustre Husserl fue escrita por aquella esposa, que hizo construir para su marido la famosa cabaña de Todnauberg, en la cual se refugió el angustiado pensador para cavilar y escribir. Ciertamente, la esposa de Heidegger fue militante del nacionalismo, convencida del destino superior de la raza germana, la única capaz de salvar la cultura frente a la doble amenaza del judaísmo y el comunismo. Ideas que no despreció Heidegger, aunque después manifestara un sentimiento de vergenza por todo lo que se hizo contra los judíos.

Cuando contaba 18 años y era una estudiante de filosofía en la Universidad de Marburgo, H. Arendt conoció a Heidegger, quien había cumplido ya 35 años, y era un catedrático de prestigio, con notorio éxito entre el alumnado, especialmente femenino. Desde entonces se inicia una atormentada, apasionada y contradictoria relación entre maestro y discípula, vertida, en gran parte, en la correspondencia privada que ha examinado Ettinger en su comentado libro. Acerca de su relación con Heidegger, Arendt confesó: he permanecido fiel e infiel, y siempre enamorada de aquel seductor intelectual que le reveló, sin duda, nuevos horizontes culturales y ejerció sobre ella una influencia no siempre generosa. Heidegger era un amante posesivo y dominante, inclinado a los soliloquios magistrales, receloso de la libertad y autonomía de Arendt y de los éxitos de esta con sus libros y trabajos académicos en Estados Unidos y Europa.

Lo increíble es que la filósofa aceptara sumisa durante años las reglas del juego amatorio impuestas por Heidegger. Solo podía escribir al autoritario amante cuando este le diera permiso, y las citas furtivas eran planeadas con meticuloso cuidado, en hoteles y lugares diversos, siempre tratando Heidegger de proteger su prestigio de catedrático de la maledicencia ajena. Todo ello a escondidas de su exigente esposa, Elfride, quien a la postre y por sugerencia de Heidegger, recibe a Arendt, pasados los años, y este triángulo, cuyo vértice era la común admiración de las dos mujeres hacia el extraordinario pensador, concluye en una sincera amistad entre la esposa y la amante del marido. Cuando al final de la existencia de Heidegger, su esposa resuelve vender el manuscrito de Ser y tiempo, acude al consejo y ayuda de Arendt, quien, a pesar de los azares de la vida y de sus varios amores y matrimonios acontecidos en el curso de los años, responde inmediatamente con acertadas indicaciones. Relación extraña entre dos grandes filósofos, cuyo erotismo fue exacerbado en los primeros años por el misterio y prohibición de los encuentros, y que terminó siendo aceptada por la esposa de Heidegger y por el último marido de Arendt, H, Blcher, admirador de la filosofía del pensador alemán, que partiendo de Parménides, Heráclito y otros filósofos de la antigua Grecia renovó la metafísica occidental.

El libro de Ettinger sobre las cartas íntimas de Heidegger y Arednt nos revela no solo los misterios del amor entre dos grandes filósofos, sino los defectos y egoísmos del antiguo y controvertido rector de la Universidad de Friburgo, y la entrega generosa, casi podríamos hablar de sacrificio e inmolación, de aquella intelectual judía, brillante y exitosa. Contradicciones y misterios del amor y el espíritu humanos.

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