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ROSARIO DE PERLAS

ROSARIO DE PERLAS

En mi condición de coautor del libro Bogotá: de la devastación a la esperanza, agradezco a la sección Bogotá de EL TIEMPO haberme llamado, junto con Juan Luis Moreno, para una entrevista sobre el contenido y orientación de la obra, que generosamente patrocinaron Pedro Gómez & Cía. y la Sociedad de Mejoras y Ornato. Lo único lamentable, que es importante aclarar para evitar confusiones sobre el pasado bogotano, fue el error del piedefotista , quien nos dijo en sus textos que fue la iglesia de la Concepción la que sucumbió sin miramiento alguno por sus valores artísticos para dar paso a la carrera décima. La Concepción está en pié, y a propósito, fue bellamente restaurada. La que padeció esa bárbara demolición fue Santa Inés, cuyos retablos en efecto se salvaron y están hoy en el templo de San Alfonso María de Ligorio.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

* * * Muy buena la reseña de Eskpe sobre la magnífica exposición del MAM titulada Colombia en el umbral de la modernidad. Sin embargo, tengo que hacer unas aclaraciones y adiciones sobre el relato que nos presenta el autor de la crónica, acerca de la bella leyenda de Bachué, cuyo nombre no significa mujer buena sino senos al aire, que entre los muiscas era una representación de fecundidad. Es cierto que Bachué salió de la laguna de Iguaque con su hijo de tres años y que construyó un bohío donde ambos habitaron hasta que el hijo alcanzó la edad adulta.

En ese momento, madre e hijo comenzaron a ayuntarse y por voluntad de Chiminigagua, dios padre de la mitología muisca, Bachué fue dotada con una fecundidad sobrenatural, gracias a la cual, en innumerables partos de cuatro a seis criaturas (no de trapo como las de la pipona barranquillera, sino de pura verdad) pobló densamente el universo. Cuando la gran pareja genitora llegó a una venerable senectud, regresó a las orillas de la laguna sagrada. Allí, Bachué convocó a su pueblo, y una vez reunidos todos sus hijos les predicó la virtud en todas sus formas, y junto con su hijo-consorte, se sumergió en las aguas y desapareció.

El pueblo lloró su ausencia y en lo sucesivo la recordó como Furachogue, que sí quiere decir mujer buena . Algún tiempo más tarde, madre e hijo-esposo emergieron nuevamente de las profundidades de Iguaque, pero esta vez metamorfoseados en ofidios, que a partir de entonces fueron animales sagrados. Desde esos remotos tiempos, las mujeres muiscas tuvieron por signo de buen augurio dar a luz en las orillas de la milagrosa laguna de Iguaque.

* * * * * Ojo, mi querido y dilecto Luis Alfredo Sánchez: me dejaste perplejo el pasado tres de diciembre, cuando en Punto aparte nos dijiste que la Batalla de Boyacá había tenido lugar en 1814. Tú sabes muy bien que ese combate decisivo se libró el siete de agosto de 1819, vale decir, cinco años más tarde. Te formulo esta observación, querido Luis Alfredo, porque a ese paso poco tardarán los ejércitos libertadores en enfrentarse con las huestes del adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada.

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