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TODO EL AÑO EN NAVIDAD

TODO EL AÑO EN NAVIDAD

Gustavo Ríos, un quindiano nacido en 1925, radicado en Tunja desde 1953, y quien lleva casi toda su vida haciendo pesebres, nunca olvidará un viaje que hizo con su padre a Guadalupe, Santander, cuando tenía ocho años.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Cuando llegamos a Guadalupe, un tío que tenía un cultivo de abejas, me mostró la cera que se producía en los panales y me dijo que con ella se podían hacer figuritas , señala Ríos.

En ese momento comenzó una afición que con el tiempo se convertiría en una forma de vida: la elaboración de pesebres navideños, de los que ha hecho más de mil en 64 años.

En ese entonces, los animalitos y las figuras de los pesebres no se conseguían en el mercado como sucede ahora , recuerda Ríos.

Por esa razón se dio a la tarea de elaborar las figuras para el pesebre de la casa de su tío. Las primeras figuras que hice, utilizando cera y parafina, fueron la mula, el buey y algunas casas. Estas las hice en cera y las recubrí con un barniz .

Posteriormente, continuaría haciendo los pesebres de su casa y fue cuando la gente se comenzó a interesar por su trabajo. Los primeros animalitos los vendí a 2 centavos en 1934 .

Más adelante y convencido de que querer es poder , se decidió a elaborar un pesebre completo, con todas sus figuras, las casas y la vegetación de la época. Lo que más me interesaba era que el pesebre se asimilara al máximo a la época del nacimiento del Niño Jesús, por que me parecen terribles esos pesebres en los que colocan aviones, trenes, carros, o en fin, cualquier figura que se sabe, no es de esa época , dice.

Aguinaldo en Tunja Para 1948, don Gustavo, como lo llaman con respeto sus vecinos, quienes lo conocen por sus pesebres, se vinculó al Ministerio de Agricultura, y a través de ese cargo, llegó a Tunja en 1953.

Para 1954, yo vivía en Santa Bárbara. Entonces hice mi pesebre como todos los años, en mi casa, pero se veía desde la calle a través de la ventana. Un día que llegué a la casa, me encontré con una cantidad de gente agolpada en la puerta. Cuando me di cuenta eran fieles que salían de misa de la iglesia y se habían detenido a mirar el pesebre , recuerda.

Ante esta situación se animó a participar, el año siguiente, con su pesebre hogareño en un concurso que organizaba Radio Boyacá. Obtuve el primer premio y me dieron unas medias y un pañuelo , recuerda don Gustavo.

Contando ya con el reconocimiento de los tunjanos hacia su obra, en 1958 varios establecimientos comerciales le patrocinaron la realización de un pesebre. Recuerdo que me dieron 900 pesos, que en esa época eran un platal, para hacer el pesebre en un granero que existía al frente de la Policía .

Pesebres en grande De esta manera, el trabajo de don Gustavo, se fue dando a conocer, y comenzaron los contratos con las entidades.

Varias de ellas han encargado de realizar sus pesebres a este quindiano que se considera boyacense, porque cómo el dice con más de cuarenta años en Tunja y siete hijos tunjanos, creo que ésta es mi tierra .

Comfaboy, Davivienda y la Lotería de Boyacá, entre otras han contado con el privilegio de poder mostrar en diciembre los pesebres de don Gustavo .

Pero, sin duda alguna, el pesebre preferido de este artesano de la Navidad, que tarda en hacer un pesebre más de un mes, porque le gusta que queden perfectos, y que ha llegado a ganarse más de un millón de pesos por su elaboración, es el que viste en el antejardín de su casa.

Y es que no es cualquier pesebre, todas sus figuras, que son más de doscientas, guardan una armonía entre sí, tanto en su presentación, como en su tamaño. Todas las figuras que se encuentran en él, las realicé de acuerdo con la época del nacimiento de Nuestro Señor , anota.

Castillos, casas, bosques, lagos, ríos, animales y, por supuesto, el pesebre que recuerda la natividad, hacen parte de esta recreación, que es todo un pequeño universo, creado por don Gustavo.

Absolutamente todas las figuras las realizo yo, pero sin maltratar a la naturaleza. Por ejemplo, las palmas las hago con trozos de manguera, recubiertos con alambre, para después pintarlas. Las hojas, las hago con cinta de enmascarar. Los únicos elementos naturales de mi pesebre, son los bonsais que he venido cultivando en mi jardín, precisamente para vestir el pesebre allí , cuenta orgulloso don Gustavo.

Precisamente por la calidad de su trabajo, para cada diciembre, don Gustavo tiene que atender pedidos de entre 15 y 20 pesebres pequeños (que tienen un valor de entre 30 y 40 mil pesos) y cuatro o cinco grandes, en los cuales trabaja arduamente durante todo el año. Haciendo los pesebres, se me pasa todo el año y cuando menos pienso, ya es Navidad , dice don Gustavo, quien desde que se pensionó, hace más de veinte años, dedica la totalidad de su tiempo a elaborar los pesebres.

Sus vecinos reconocen que le brinda a todos los habitantes del barrio Bolívar de Tunja, los pesebres de don Gustavo, un católico ferviente que está convencido de que la Navidad es una época muy especial y de un contenido espiritual muy grande, por eso vive todo el año en Navidad.

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