UNA SOLUCIÓN VIRTUAL PARA EL PROBLEMA DE DOÑA JUANA

UNA SOLUCIÓN VIRTUAL PARA EL PROBLEMA DE DOÑA JUANA

Con circuitos electrónicos comprados en la carrera novena, en el centro de Bogotá y con algunos materiales reciclados, dos estudiantes elaboraron una retroexcavadora virtual que podría ser una solución para el problema del relleno sanitario de Doña Juana .

10 de noviembre 1997 , 12:00 a.m.

Mauricio Gómez y John Nicholls presentarán su trabajo de grado Simulación y telepresencia basadas en técnicas de realidad virtual pasado mañana ante el jurado de calificaciones de la Facultad de ingeniería de la Universidad Autónoma de Colombia.

Hace apenas dos años y medio Nicholls y Gómez estaban en quinto y séptimo semestre, respectivamente, cuando comenzaron a pensar en la posibilidad de crear un software y un hardware para simular la realidad cotidiana.

Actualmente, la realidad virtual se aplica en diferentes actividades como la arquitectura en donde, a través de un computador se pueden manejar espacios y diseñar diferentes características como la conducción del cableado eléctrico y las acometidas de la tubería.

En medicina la realidad virtual ha logrado la simulación de intervenciones quirúrgicas que serían muy riesgosas en seres humanos; los pilotos realizan operaciones en las que si se estrellan en un acantilado simplemente se reinicia la misión sin ningún costo; y los militares recrean combates sin exponer a sus hombres ante el enemigo.

Hace unos meses, cuando los bogotanos tenían que soportar un régimen más recio por el racionamiento del agua, los trabajos que se desarrollaban en el túnel de Chingaza tenían constantes retrasos y una de las razones era la falta constante de oxígeno y luz.

Y en la actual crisis provocada por el derrumbe del relleno sanitario de Doña Juana, un dispositivo de este tipo podría estar trabajando sin la presencia de un operario dentro de la máquina que tuviera que estar soportando los olores fétidos producidos por la emanación de gas metano. Simplemente, otros operarios podrían manejar la retroexcavadora por turnos desde una oficina.

Con motor de asadero El trabajo de este par de colombianos consistió en la construcción de una retroexcavadora a escala que es controlada por un simulador que la representa en cualquier ángulo desde un observador virtual sin necesidad de cámaras, pero monitoreando los movimientos de la máquina en tiempo real.

El simulador que pesa cerca de 60 kilogramos posee un diseño ergonómico que está soportado sobre unas vigas de aluminio y cuenta con efectos sonoros que son generados por un parlante woofer colocado en el espaldar del simulador para lograr una vibración en el cuerpo y dos pequeños parlantes para los sonidos agudos.

Igualmente, el simulador está acondicionado con un motor de los mismos que se utilizan para freír pollos, con el que se realiza el movimiento de todo el módulo para lograr una inmersión total dentro del mundo virtual.

Dentro del simulador se encuentra un computador que se encarga de controlar tanto el simulador como la retroexcavadora. En el monitor se visualiza el entorno virtual en que se sitúa la retroexcavadora, lo que permite al usuario sentir que realmente la está manejando.

La imagen que se obtiene en el monitor puede parecer precaria: la retroexcavadora es amarilla, se desplaza sobre una superficie de igual color, el horizonte es negro y no hay, precisamente, una gran calidad en la definición de los detalles, pero como lo afirma Gómez, aunque se pierde en definición, se gana en velocidad: el manejo del tiempo es real .

El proyecto también tuvo la necesidad de crear un ratón que permitiera la acción tridimensional de los movimientos. Mientras un ratón convencional solo permite el movimiento de translación sobre un plano, el ratón diseñado por los universitarios puede, también, volar de arriba a abajo.

Pero lo curioso de este ratón no solo son los seis grados de libertad que puede desarrollar para lograr cualquier desplazamiento, también es notable la carcaza del ratón, una pequeña pala de plástico rosada con la que los niños se divierten en la arena. La forma de esta pala se acomodó perfectamente a las exigencias ergonómicas de una mano.

Pero no solo fue el módulo simulador lo que crearon, también desarrollaron un software que puede acondicionar todo el sistema, si se requiere, para realizar otras tareas como un teclado musical, o un programa para permitir hablar a un sordomudo.

La retroexcavadora por fuera parece un juguete común y corriente, pero por dentro es un Frankenstein de circuitos y dispositivos electrónicos que reconstruyeron Gómez y Nicholls en la casa del primero.

Nicholls comenta que para presentar el trabajo ante las personas sin tener que transportar todo el módulo, realizaron un video de una hora, para lo que invirtieron 15 horas en los estudios de Cromafoto, la firma que les financió el audiovisual.

Cuando se les pregunta por el costo del proyecto no saben qué responder, aunque si creen que una venta de este modelo en una etapa de desarrollo mucho más tecnificada podría reportarles algunos millones de dólares.

Su respuesta no es más concreta cuando se les pregunta por la cantidad invertida hasta hoy en este proyecto: Pues..., la verdad es que no sabemos. Ya no lo han preguntado antes, pero no sabemos cuánto hemos comprado en dos años y medio. No sabemos .

El futuro de este par de muchachos no es muy claro para ninguno de los dos, pero el trabajo no muere el miércoles cuando Gómez sustente su trabajo; Nicholls sustentará su trabajo dentro de un año (él va dos semestres atrás, pero ha trabajado en el desarrollo de este proyecto desde el comienzo).

Para entonces esperan que hayan avanzado mucho más: Lo primero que hicimos en esta materia fue animar un cubito, pero si todo sale bien y conseguimos fondos, la idea es poder desarrollar un giróscopo (un trompo formado por dos anillos en el que se puede introducir un hombre) en donde las sensaciones son mucho más fuertes , cuenta Nicholls.

A la sustentación pueden asistir las personas interesadas el miércoles 12 de noviembre en el auditorio Fundadores, sede XX Aniversario de la Universidad Autónoma de Colombia (calle 13 N 4-31).

FOTO: El simulador está equipado con todos los accesorios para lograr una sensación lo más parecida a la realidad, desde lo virtual.

Miguel Menéndez/EL TIEMPO

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