EL MAR SE COME A PUERTO REY

EL MAR SE COME A PUERTO REY

Como de costumbre, Primitivo Díaz, abandonó su humilde vivienda en donde residía con Pabla, su compañera de hace veinte años y sus cuatro hijos, situada a orillas del Mar Caribe, en el corregimiento de Puerto Rey, municipio cordobés de Los Córdobas, para dirigirse a la finca en donde laboraba.

17 de octubre 1997 , 12:00 a.m.

Ese amanecer de un 17 de febrero del año noventa presagiaba un mar de leva de esos que ponían a rezar hasta los ateos que vivían en el pueblo , dijo. Desde las cinco de la mañana comenzó a soplar la brisa con gran fuerza.

Primitivo medio limpió la platanera y recogió algunos cocos secos que dejó en casa de Atilano Vargas, dueño del predio, y procedió a regresar al pueblo mucho antes de haber finalizado su jornada de trabajo. No se sentía tranquilo, presentía que la tormenta iba a causar muchos daños.

A gran distancia se escuchaban los rugidos del mar y el cantar de la brisa. Las inmensas olas se estrellaban contra los barrancos. De pronto alcanza a ver un tumulto frente a su vivienda, Primitivo apuró el paso. Angustiado emprendió veloz carrera para encontrarse con que de su vivienda muy poco era lo que ya quedaba en pie, se la había tragado el mar. Apenas una puerta y varias palmas del techo eran juguete de las olas. En el sitio en donde se levantaba su casa sólo había un gran hueco en donde el oleaje se estrellaba con gran alboroto. La fuerza del mar había erosionado la base del barranco y la vivienda se había desplomado, en momentos en que Pabla y los muchachos salieron a buscar agua para la tinaja.

La tragedia de Primitivo y su familia se fue repitiendo una y otra vez. El mar, poco a poco, pero inexorablemente, fue destrozando vivienda tras vivienda en Puerto Rey. Han desaparecido cincuenta y cinco casas, que pertenecieron a familias pobres que vivían de los cultivos de plátano, coco y maíz, de labores de descargue de embarcaciones repletas de cocos, plátanos y maíz procedentes de Urabá y del pescado que desechan los barcos que arrastran sus redes por las orillas en toda la costa de Puerto Rey y que ellos revenden en los contornos. Una vez perdidas sus viviendas las familias se desplazaron a Montería y Cartagena. Solo tres, los Díaz, Amaroche y Sabogal, se establecieron en Arboletes. En Puerto Rey sólo han quedado unas veinte casas de las cuales cinco o seis están prácticamente abandonadas.

La erosión continúa vertiginosamente. El mar se ha llevado algo más de 600 hectáreas de tierra y sigue penetrando con mucha fuerza. Hace quince años el mar distaba de la carretera Los Córdobas - Arboletes unos tres kilómetros, ahora solo está a sólo ochenta metros.

El muelle de Puerto Rey, que fue construido por una compañía norteamericana que realizó por allí exploraciones en busca de petróleo, desapareció bajo las aguas. Allí atracaban embarcaciones de cabotaje procedentes de Turbo, San Juan, Necoclí, Zapata, Damaquiel y demás zonas costeras de Urabá y de las islas de San Blas, pertenecientes a Panamá, de donde llegaban cargadas con cocos. Esto daba trabajo a un centenar de personas que eran las encargadas del descargue de las embarcaciones y el cargue de los camiones que luego salían con rumbo a Barranquilla. Fue una época de bonanza y Puerto Rey se dio el lujo de tener residencias para pernoctar, restaurantes y hasta un bar que era atendido por la Pochola , una hermosa morocha de abundantes carnes y cinco o seis morenas de Turbo, que según ella eran sus sobrinas.

También la erosión provocó el desplome del tanque elevado del acueducto, arrancó toda la postería de la energía eléctrica y arrasó con la totalidad de las casas de los barrios La Playa y Puerto Rey. A centenares de metros de la orilla se alcanza a ver el inmenso peñasco que rodeaba el sitio en donde se encontraba el aljibe de agua dulce que surtía el pueblo.

Allí, un agricultor al que se le conocía como Cuzumba sembraba plátano. A ese lugar se llegaba por una carretera. Nada de eso existe hoy. Hasta el llamado peñon de Polanía quedó en las profundidades de mar. Igual sucedió con la finca del capitán Martínez Ortiz.

José Manuel Ortiz Díaz es el presidente del Consejo Comunal de Puerto Rey. Nació allí, tiene 45 años y dice que hace como quince años la carretera era por la orilla del mar y en el sitio en donde en los meses de invierno los pescadores colocan sus redes allí quedaba la casa del Chiqui Doria. Puerto Rey fue hasta hace pocos años un puerto de refugio de embarcaciones en emergencia. Su principal comercio lo realizaban con Cartagena.

Este líder comunal hizo un llamado a las autoridades de Montería y Bogotá para que se encarguen de buscar los mecanismos que salven a este pueblo y a una extensa zona de los municipios de Los Córdobas y Arboletes, amenazada por las arremetidas del mar. Crear una cooperativa para los pescadores artesanales y salvar una de las riquezas turísticas más atractivas del país.

En busca de soluciones para salvar al Rey La única cabaña lujosa con que cuenta Puerto Rey es de propiedad del ex magistrado de Córdoba, Abelardo De la Espriella Juris, quien tiene grandes esperanzas en que la situación de la zona va a cambiar en un futuro inmediato, sobre todo ahora que se le construye el importante ramal de la carretera panamericana que llegará desde Montería hasta Turbo, y que se ha convertido en el abanderado de la causa de esta región.

De la Espriella confirmó los desastres provocados por la erosión y dice que el mar arrasó con una extensa zona sembrada de mangles e hizo desaparecer hermosas playas. La erosión destruyó todos los sitios de refugio de la llamada bahía de Puerto Rey y Punta Arboletes, ambas zonas pertenecientes al departamento de Córdoba. Frente al cerro del Aguila el mar dejó una pequeña isla que también poco a poco se va extinguiendo.

Hace algunos meses presentó ante el Tribunal de Cundinamarca, una acción de cumplimiento, de acuerdo a la Constitución Política y a la Ley que creó el Ministerio del Medio Ambiente. El Tribunal dijo que inicialmente había que instaurar dicha demanda contra el municipio de Los Córdobas, posteriormente en contra el departamento, la tercera opción era demandar a la Corporación de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS) y en última instancia a la Nación.

Asegura que, según algunos estudios adelantados por la CVS, para evitar que la erosión siga su peligroso avance se necesita de un presupuesto por valor de cinco o seis mil millones para construir espolones y adelantar otras obras fundamentales. Si esto no se hace pronto el desastre, en un futuro inmediato, será de grandes proporciones.

La zona de Puerto Rey es uno de los atractivos turísticos más importantes del país, a sólo seis horas de Panamá en pequeños botes como motor fuera de borda, es una región con mucha riqueza tanto en agricultura como en pesca.

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