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CAIMANES, CAMPEÓN SIN RIVAL

CAIMANES, CAMPEÓN SIN RIVAL

Sólo celebraron 30 personas. Quince en la tribuna, los jugadores y el cuerpo técnico. Al fin y al cabo era la décima parte del público que se atrevió a ingresar al coliseo Vicente Díaz Romero a ver la cuarta victoria en serie y, por consiguiente, el título de Caimanes en la Copa Profesional de Baloncesto 1997.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
11 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Fue una final fría, tan fría como el quinteto de Leopardos, un rival sin peso que fue incapaz de ganar, al menos, un partido en su propia casa y que fue presa fácil de un equipo barranquillero que en todos los sectores de la cancha resultó infinitamente superior.

La faena que realizó Leopardos ante Piratas la semana pasada y que esperaba repetirle a Caimanes en la final, se quedó sólo en expectativas, porque la incapacidad del equipo de Carlos Parra imperó sobre los deseos de la afición bumanguesa.

Noche tras noche y a medida que pasaron los encuentros, Caimanes se hizo cada vez más invencible, gracias a que los triunfos lo fortalecieron y, de paso lo mostraron como el amplio favorito para hacerse al título.

De hecho, las diferencias lo confirmaron. Durante el primer encuentro en Bucaramanga ganó por nueve puntos, en el segundo la diferencia fue de trece y cerró con un contundente 89-78 como para no dejar dudas.

Ventajas de entrada Con la ausencia de MacGlother Irving -expulsado el martes- Leopardos le cedió los primeros puntos a su rival, que tuvo en el también estadounidense Harold Keely al gran verdugo con 22 puntos, suficiente aporte como para alcanzar la cómoda victoria que se empezó a gestar a partir del segundo cuarto.

La falta de combatividad y resistencia del conjunto bumangués le restó importancia a la final, más no al triunfo de Caimanes, un quinteto que demostró equilibrio, condiciones individuales y colectivas, además de un excelente trabajo táctico bajo el mando del venezolano Carlos Gil, quien anoche sumó su segundo título en la Copa Profesional de Baloncesto, esta vez como técnico titular, como quiera que en el 94 cuando la ganó con Leopardos, alternó con su rival de final, el santandereano Carlos Parra.

Al final, poco duró la celebración costeña, porque en menos de cinco minutos las 300 personas que fueron fieles al baloncesto dejaron desolado el escenario, mientras en el tablado solo quedaban camisetas rojas y blancas que abandonaban en solitario el escenario.

La final de este año será para recordar, no tanto por lo dramática y reñida, sino más bien por la pobreza y falta de combatividad del quinteto santandereano, que bajó bien pronto los brazos y permitió el triunfo justo y claro de los Caimanes de Barranquilla por 4-1.

Mientras hoy en Bucaramanga hay amargura y decepción, Barranquilla se prepara a celebrar como bien se lo merece.

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