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LA PLANEACIÓN EN BOGOTÁ II

LA PLANEACIÓN EN BOGOTÁ II

Con el nuevo enfoque del Departamento Administrativo de Planeación Distrital (DAPD) se han logrado un manejo y seguimiento completamente articulados del Plan de Desarrollo con el presupuesto de inversiones, lo que permite una programación rigurosa de los proyectos, su georreferenciación en el mapa digital de la ciudad y un monitoreo estricto sobre el estado de su ejecución presupuestal y física. Además, con las herramientas técnicas computarizadas desarrolladas y la utilización de un modelo que permite articular los proyectos de inversión de obras de las entidades distritales, el Departamento podrá efectuar una programación estricta y lógica de la secuencia en que deben realizarse las obras, evitando los enormes costos en tiempo y dinero que se presentan hoy, cuando, por ejemplo, se pavimentan vías que luego se destruyen para colocar las redes de servicio. Por otra parte, ya se dispone de estadísticas de las principales variables económicas, como producción, valor agregado, composic

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

En el campo social, los estudios demográficos y las proyecciones de población por localidad, la información de educación, salud, vivienda, comportamientos sociales como violencia y delincuencia, constituyen una base confiable para diseñar las políticas y estrategias de este sector y sus interrelaciones con el área económica, particularmente en lo que a empleo y orientación del gasto se refiere.

El aspecto físico de la entidad se trata de una manera integral, con una concepción más amplia que involucra el espacio público y la movilización en un sistema integrado para atender las necesidades de transporte de los ciudadanos. Allí, además de las vías que tradicionalmente definía el Departamento, ahora se incluyen los componentes de transporte y de manejo de tráfico, con impacto en el espacio público y determinantes de afectaciones o reservas de predios. Lamentablemente, el Concejo Distrital no acogió el primer plan integrado diseñado con esta visión, sin siquiera discutirlo con la Administración y sin argumentos técnicos válidos, movido sólo por circunstancias políticas, en mala hora inducidas por el nuevo Alcalde. Se desconoció la opinión de todos los sectores técnicos y académicos especializados que se pronunciaron en su favor en el foro organizado por el Concejo.

Las tareas de ordenamiento territorial encaradas anteriormente en forma aislada, se plantean ahora con una visión integral de ciudad. La Ley 388 de 1997 o de Ordenamiento Territorial, se ha constituido en una herramienta de primera importancia para el DAPD, dedicado a fondo a su desarrollo y a definir las bases del plan integral que deben seguir las próximas tres administraciones. A la nueva administración se le deja una formulación en la que se establecen los objetivos y principios generales del plan, apoyados en ejes fundamentales como su sostenibilidad, tanto física como ambiental, económica, social y cultural.

Así, la sostenibilidad económica involucra propósitos de crecimiento económico del PIB, pero al mismo tiempo contempla el mejoramiento de la calidad de vida y progreso social de los bogotanos. En ese mismo sentido se propende a montar plataformas de competitividad, resultantes de mejorar la productividad de los factores de producción, incorporar tecnologías innovadoras y contemplar las ventajas comparativas, pero teniendo en cuenta el marco social que caracteriza a la capital y reconociendo la gran disponibilidad de mano de obra y la existencia de un desbordado sector informal productor de bienes y servicios.

Igualmente, se define un nuevo concepto de espacialidad, orientado a desahogar la gran presión existente sobre el escaso suelo del perímetro urbano actual. De particular importancia en esta materia ha sido el convenio suscrito por el Alcalde Mayor de Bogotá, el Ministro de Desarrollo Económico y el Gobernador de Cundinamarca, mediante el cual los municipios de este departamento concertarán con la capital sus desarrollos territoriales, viales, de servicios públicos y demás asuntos económicos y sociales previstos en la Ley 388. Así mismo, el plan propenderá al rescate de la identidad perdida de Bogotá en sus aspectos culturales, institucionales y sociales, para colocarla en el contexto de un mundo globalizado.

Muchos otros temas quedan entre el tintero, como la descentralización del DAPD, en la que se avanzó con la creación de cinco regionales pero en donde resta mucho por hacer; las nuevas estrategias de monitoreo para garantizar el cumplimiento de las normas por las autoridades competentes del Distrito y no por el DAPD, y la formulación de planes locales en etapa incipiente de desarrollo, entre otros.

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