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MENORES ABANDONADOS

MENORES ABANDONADOS

Una de las mayores infamias de la insensibilidad colombiana, y puede ser la segunda, porque la primera es la corrupción, es el estado de abandono de los menores, principalmente en las ciudades. Visión dolorosa, por ejemplo la de Bogotá, pues sus calles y avenidas, parques y cauces de cloacas, están poblados inmisericordemente de niños desnudos, mendicantes, enfermos y hambrientos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

De dónde vienen? Nacieron en lejanas y paupérrimas aldeas, o son genuinos hijos de la capital de la república? El incremento étnico urbano se engendra en la desidia oficial frente a los problemas tan graves y olvidados de las zonas rurales, los cuales obligan a los curtidos y pequeños agricultores y ganaderos a dejar su tradicional vida para ingresar en la cohorte de los desheredados y ser nuevos habitantes de la miseria, en ambiente y sitios desconocidos y superpoblados.

Igualmente, en el exceso de la falsa propaganda sobre la vivienda urbana y sus ventajas, pues esta se distribuye en las grandes urbes como si fuese para un enjambre, sin ninguna planificación. Y así es engañado el crédulo e ingenuo campesino, mientras las multimillonarias empresas crecen y se multiplican sin dejar de afilar sus serruchos y troceros .

El Estado colombiano es el responsable directo de esta lamentable situación aflictiva, pues por su indolencia y por sus equivocaciones, la comunidad soporta estas secuelas irremediables y galopantes que perforan la estabilidad social y el mismo futuro del país.

El Instituto de Crédito Territorial y otras entidades que han sustituido sus funciones se fundaron para crear moradas rurales y propiciar el progreso, pero sucede que por cada cinco mil casas que se construyen diez son veredales. Las estadísticas al respecto son axiomáticas y denuncian concretamente la responsabilidad indiscutible del régimen. Puede, entonces, proclamarse de este artificio ya generalizado que es una modalidad avanzada de la ultramoderna criminalidad, en moda y en boga en esta época decadente y que a diario viola las fronteras mismas del cinismo.

Las principales víctimas de este seductor sistema son los infantes, pues carecen de las mínimas protección y atención gubernativas, no obstante que los preceptos vigentes son categóricos para estos fines y hacen parte de la nueva codificación que es ineludible por ser de orden público.

En el Código del Menor, en vigor desde 1990, puede leerse: El menor de la calle o en la calle será sujeto prioritario de la especial atención del Estado, con el fin de brindarle una protección adecuada a su situación .

Una de las funciones oh, burocracia! del Defensor de Familia es la de instituir la colocación familiar, que consiste en la entrega de un menor que se encuentre en situación de abandono o de peligro a una familia que se compromete a brindarle la protección necesaria, en sustitución de la de origen .

Sin embargo, este mandato ha sido írrito y, mientras tanto, la empleomanía agiganta sus ambiciones salariales, tan descomunales como pequeño ha sido el amparo para las juventudes expósitas.

A esta normatividad protectora de los incapaces se le suman otras reglas trascendentes, que religiosamente se han incumplido, como las relacionadas con el albergue y la alimentación.

Todas infringidas, para desgracia de Colombia!

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