EMPIEZA EL CONTEO

Salvo la participación indígena, que representa un auténtico suceso renovador y participativo en la búsqueda de una Nación más integral y unitaria, válido es recordar que el coprotagonismo de quienes tienen la gran responsabilidad de adelantar la reforma constitucional, se hará sin que las regiones periféricas y fronterizas tengan un justo equilibrio con la representación centralista, que domina y en un porcentaje abrumador el grupo de los 70, con los picos, que determine los acuerdos entre Gobierno y grupos guerrilleros. Y esto de la participación territorial, por el carácter nacional de la representación, pareciera no tener importancia, mas la tiene y mucha. Resulta en extremo difícil que un constituyente, acostumbrado a vivir y pensar en términos de su entorno, pueda valorar y comprender la experiencia y vivencias de los confines del Estado, simplemente por lo que le cuentan, lee en los periódicos y revistas o por la visita, generalmente apresurada, a estos puntos de contacto nac

08 de enero 1991 , 12:00 a. m.

No es fácil para quien no le duele lo que ha sido la tradicional indiferencia política, económica y social sobre estas regiones marginales, y comprender la esencia y la naturaleza del quejido y de sus aspiraciones.

Por eso, y en su momento expresamos la conveniencia de la acción unificada y coparticipativa de las áreas y zonas apartadas, en el convencimiento de que Nariño y Norte de Santander, Arauca y Chocó, Guajira y el Amazonas, por ejemplo, tienen más idénticas aspiraciones entre sí, que la de algunos CORPES, dada la disparidad y diferencia existente entre los departamentos y unidades político-administrativas, que los integran.

De igual modo, reiteramos, que para un justo y armónico desenvolvimiento y progreso nacional, es necesario que la representación centralista abra compuertas a la visión territorial en donde se encuentra no la mayor población, pero sí el futuro de Colombia, en orden a sus riquezas mineras, a los obligados empalmes internacionales y a las más amplias perspectivas en los ítems y rubros de mayor referencia para el despegue de nuestro desarrollo.

Qué hacer frente a los hechos cumplidos? Insistir ante quienes tienen el mandato. Y ante el Gobierno, que mediante actos ejecutorios, especialmente en la reglamentación de la Ley Marco de Comercio Exterior, puede y debe darle consistencia y vigor al potencial fronterizo, que ante la apertura y la internacionalización de la economía jugará un papel importantísimo, si se adoptan acciones de capacitación, fomento e inversión, reclamadas desde los cuatro puntos cardinales, con características idénticas en el pedido, pero disímiles o diferenciales en los requerimientos primarios o básicos, dadas las condiciones predominantes o las vocaciones de cada zona o región.

Punto esencial es el que concierne al manejo de la política de fronteras y por los factores ya expuestos, sobre todo cuando hasta a nivel del Ejecutivo y las jerarquías de decisión, la representación de estos corredores económicos no guarda proporciones de equidad y hay vacíos o porcentajes de cero en ministerios, departamentos administrativos y empresas industriales y comerciales del Estado.

Es de esperar que el presidente Gaviria, en el revolcón iniciado y en uno de los sacudones de esta secuencia, capte la conveniencia de renovar y compenetrar al país, la Nación y el Estado a nuevas gentes de estas fajas territoriales, porque deben participar también y prepararse y compenetrarse, no siendo justo que el centro siga siendo el único manantial del que se surte la dirigencia colombiana.

Eso de que la sangre tira y de que la tierra genera nostalgias, se evidencia más cuando se trata de repartos presupuestales, incentivos industriales, inversiones y nombramientos de inmediatos colaboradores.

1991, que a no dudarlo será un año de enormes variables internacionales y nacionales, obliga a recapitulaciones que aparecen secundarias, pero no para quienes habitan el 53 por ciento del territorio de esta convulsa y futurista Colombia.

Confiemos en los nuevos vientos que soplan para que desde el Palacio de Nariño, el Capitolio y el Centro de Convenciones, la extensión de la ruana, la hamaca o el chinchorro alcance para todos.

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