EL CUERO RICO ROMPIÓ EL EMBRUJO

EL CUERO RICO ROMPIÓ EL EMBRUJO

No fue una victoria como las demás; tenía un valor especial. No solo por las gotas de sudor que fueron derramadas en procura de la corona, o por el esfuerzo que debió realizar el equipo en procura del título, o porque se decidió por un agónico segundo, o porque rompió el ayuno que en esta prueba tenía la escuadra. Fue diferente porque todos técnico, corredores y auxiliares tenían clavada una espinita, y se la sacaron. Por eso, al concluir la Clásica Lotería de Cundinamarca-100 años había ambiente de fiesta en las huestes del Manzana Postobón que dirige José Alfonso El Pollo López. Y tenían razón, pues hace ocho días, cuando estaban listos para celebrar la conquista de la Clásica de Antioquia con Efraín El Cuero Rico, como un fantasma apareció el paisa Héctor Manuel Castaño y los dejó viendo un chispero.

07 de marzo 1994 , 12:00 a.m.

Entonces, esta clásica regional fue enfrentada con más ganas que cualquier otra prueba. Hoy, por esas cosas lindas que tiene el deporte, la desazón y la rabia que reinaban la semana pasada se cambiaron por la risa y la alegría. Es que fue una revancha completa. No solo se sacaron la espinita ante sus rivales de Antioquia, sino que el encargado de hacerlo fue, precisamente, Rico.

Es un fenómeno que se está generalizando en las huestes del Manzana Postobón en esta temporada. Ante la ausencia de un líder claro, como lo eran en 1993 Raúl Montaña, Julio César Ortegón y Libardo Niño, en la carretera se respalda a quien esté andando mejor. Y eso ha abierto a los tradicionales gregarios la posibilidad de mostrarse, de exhibir las condiciones que estaban opacadas por su rol. Primero fue Héctor Iván Palacio, ganador de la Clásica Aguardiente Néctar; después le correspondió a César Goyeneche, primero en la Colprensa.

Y ahora el turno fue para Rico, uno de los cargaladrillos más cotizados en el ambiente local. El Cuero , que nació en la población de Villapinzón hace 26 años, surgió con bombos y platillos en 1985, al convertirse en el primer campeón de la Vuelta del Porvenir.

Entonces se le auguró un futuro muy promisorio, pero con el correr de los años y como consecuencia del proceso de maduración Rico no se transformó en el campeón que todos esperaban, sino en un gregario de excepcionales condiciones.

Aquí, en las rutas nacionales, y allá, en las agrestes carreteras europeas, pudo confirmar sus dotes. No solo se trataba de un buen escalador; además, Rico tenía las condiciones requeridas para soportar el trabajo sucio en beneficio de sus líderes.

No era raro verlo en la cabeza del lote imponiendo el paso, o arrancando furibundo en respuesta al ataque de un rival, o indicándole la senda a su capo en el momento de la crisis, o pasándole alimento y bebida para luego pagar el esfuerzo y llegar rezagado a la meta.

Pero hoy experimenta una transformación, algo así como un regresar al pasado, a cuando ganó el giro juvenil. Con miles y miles de kilómetros en las piernas, con la plena madurez física y sicológica, y con la absoluta confianza de su técnico, Efraín Rico volvió a subir al podio a reclamar la camiseta de campeón. Una victoria que lo saca del olvido y lo lleva al sitial donde siempre debió estar.

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