LA MALDAD: HEREDADA O ADQUIRIDA

LA MALDAD: HEREDADA O ADQUIRIDA

Por qué los niños crecen convirtiéndose en buenas o malas personas? Cómo puede un joven de una familia aparentemente adecuada convertirse en un delincuente común? Aun cuando algunos estudiosos del tema han afirmado que las personas son ante todo producto del ambiente en que se crían, mientras que otros aseguran que son los factores genéticos los que predominan, hoy en día hay un consenso bastante generalizado en el sentido de que tanto del medio en que crece como su genética son responsables del desarrollo mental y del comportamiento del individuo. De tal manera que tanto el uno como el otro son determinantes en la conducta y por ende en el destino de una persona.

07 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Excepto cuando hay algún factor adverso no detectado (generalmente de tipo neurológico) que sea la causa de un comportamiento antisocial, por lo general un niño normal no se desvía solo porque su genética le trazó tal destino. Sin embargo, cuando se trata de encontrar la causa para los problemas de muchachos que han crecido en un hogar aparentemente normal, a menudo se culpa de ello a sus genes.

Pero la genética no es la única responsable. El primer obstáculo cuando un hijo empieza a presentar problemas de carácter o de conducta, es que los padres no queremos aceptar que algo anda mal y nos quedamos esperando a que milagrosamente se corrija, culpando del asunto a su naturaleza o a su suerte.

Aun cuando los menores criados en hogares estables y unidos tienen buenas posibilidades de salir adelante como hombres de bien, si los padres no estamos muy alertas, ciertas características innatas de temperamento de un niño sumadas al malestar general del mundo actual, pueden ser suficientes para poner en camino a un hijo trastornado o delincuente.

Para que un hogar ofrezca un ambiente realmente sano y equilibrado, que pueda impedir que los hijos se dañen , se necesita mucho más que unos padres responsables, que se comprendan y que estén dedicados a proveerle lo mejor a su familia.

Criar niños con la garantía de que llegarán a ser personas correctas exige que los padres estemos totalmente involucrados en la vida de ellos para darnos cuenta de todo lo que les ocurre, y que seamos lo suficientemente comprometidos para dedicarles todo el esfuerzo que precisan, lo suficientemente valientes para reconocer nuestras fallas y rectificarlas, lo suficientemente generosos para aceptarlos como son y no como quisiéramos que fueran, lo suficientemente honestos para aceptar que no todo lo que hacemos es perfecto, lo suficientemente humildes para buscar y aceptar ayuda cuando se precisa y lo suficientemente interesados en nuestros hijos para darle a la familia una absoluta prioridad.

La familia es la empresa en la que los hijos se forman y por lo mismo es un medio de trascendental influencia en su personalidad y conducta. Así como las empresas organizadas con directivos diligentes y comprometidos dan buenos resultados, las familias con padres igualmente consagrados dan buenos frutos.

Un mal empresario no es solamente el que hace malos negocios, sino el que no está lo suficientemente atento para evitar que otros los hagan, así como un mal padre no es solo el que se desentiende de las necesidades de su familia, sino el que no vela sin descanso para protegerlos de circunstancias que los pueden afectar adversamente.

Es decir, al igual que ninguna empresa triunfa cuando sus dueños le invierten mucho capital pero poca injerencia personal, una familia tampoco puede tener éxito produciendo buenas personas cuando los padres le invierten mucho dinero y trabajo, pero insuficiente dedicación al hogar y a cada uno de sus hijos.

Recordemos que si bien los padres no somos los responsables por todo lo malo que les ocurre a los hijos, sí somos los que contamos con todos los recursos para sacarlos triunfalmente adelante.

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