LA FLOTA CON MUERTE ANUNCIADA

LA FLOTA CON MUERTE ANUNCIADA

Hace más de dos años, en estas mismas columnas, denuncié la triste situación en que se encontraba la Flota Mercante Grancolombiana. Mejor dicho, anuncié su muerte.

27 de diciembre 1996 , 12:00 a.m.

Tanto la pomposa presidencia , como algunos de sus obsecuentes servidores intentaron desmentirme y hasta me catalogaron de irresponsable detractor. Pero ahora son ellos mismos los que anuncian olímpicamente que la Flota ha dejado de existir y que se ha convertido en socia minoritaria de una empresa comercial mexicana. Qué triste realidad.

En 1947, al iniciar su tráfico internacional, nuestra empresa naviera fue descertificada por los Estados Unidos. Es decir, les quitaron la visa a los buques grancolombianos y les prohibieron su atraque en los puertos norteamericanos. Era, como el de ahora, un verdadero atraco de nuestros vecinos gringos. Recuerdo que esto motivó una valiente reacción del pueblo. Y hubo pedreas e incendios de carros de la embajada de los Estados Unidos.

Y uno de los jóvenes estudiantes que participaron en tan justa protesta fue Santiago Peña Daza, quien ahora, en su columna de El Espectador, denunció también valerosamente la irresponsable administración ejecutiva de la Flota Mercante, al retirarse su gran timonel, Alvaro Díaz, en 1984. Desearía acompañar a la cárcel a Peña Daza quien, por decir la triste verdad del descalabro de la patria en los mares , ha sido denunciado por el ejecutivo responsable de tan irresponsable manejo naviero.

Muchas veces le oí recitar a Alvaro Díaz el verso de Núñez de Arce sobre la triste realidad de la vida y que dice así: Triste destino el de la gloria humana/ tan costosa, tan mísera y tan vana./ Ayer, grandeza, movimiento y ruido/ hoy, torrente de lágrimas vertido/ y mañana, hondo silencio, soledad y olvido/ . Me impresiona doblemente tanto por él como por su admirable obra naviera.

Resulta que las cenizas de Alvaro Díaz, después de su maravillosa existencia y de ser uno de los grandes hombres de Colombia, reposan en un simple osario en la iglesia de Vélez, su querido pueblo natal, pero en el más completo olvido. Y su famosa empresa, la Flota Mercante Grancolombiana, después de conquistar los mares del mundo y de ser catalogada como una de las grandes empresas navieras de América, reposará ahora en un simple y minoritario osario económico mexicano.

También nos duele a los que luchamos ante el Congreso para lograr la ley de protección a la marina mercante colombiana, que ahora su presidente-liquidador sea el mismo que como ministro de Hacienda acabó con esta ley nacionalista y, de paso, con la Flota Mercante Grancolombiana. Como también diría Alvaro Díaz, este es un país de locos .

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