MONTOYA, EL EXTRATERRESTRE

MONTOYA, EL EXTRATERRESTRE

Juan Pablo Y cómo es eso de manejar un carro de Fórmula Uno? -Chévere, pero... Ah!, eso es lo mismo.

07 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

El lunes, en Mont Melo, en el circuito de Barcelona, Montoya se subió por primera vez en un vehículo de Fórmula Uno y, como si fuera poco, en uno de la Williams, una de las escuderías más poderosas, la misma con que el canadiense Jacques Villeneuve ganó este año el campeonato del mundo.

El domingo por la noche, antes de que pasara todo, no lo podía creer , recordaba Juan Pablo Montoya, el viernes, con apenas unas horas de sueño de encima, forrado en el overol blanco y con los botines azul intenso con los que ensayó el Spice-Chevrolet que ayer corrió las 6 Horas Doria-MOTOR-ACC, la carrera más importante del calendario nacional.

A las 9:30 de la noche, Montoya ya estaba acostado. El lunes por la mañana tenía que ir a la pista. El y tres pilotos más fueron escogidos por la Williams para buscar el piloto de pruebas para el 98, que a su vez será el nuevo corredor de la escudería para el 99. Pero no solo tenía que correr. También debía presentar una entrevista con la encargada de prensa y, después, reunirse con la sicóloga.

Los tres huevos Lo de la sicóloga fue ridículo. Me sacó una canasta con tres huevos y me dijo que jugara con ellos. Yo le respondí que los iba a romper. Igual los tomé, pero enseguida los devolvía a su sitio. Ella esperaba que le preguntara si los huevos estaban cocidos, pero no lo hice. Creo que por eso le caí como mal . Montoya se ríe y sigue ahí, moviéndose hacia un lado, hacia el otro, hablando de sus pruebas con la Williams como si hubiesen sido una carrera más.

Esa tarde, en el último turno, en el coche que condujo por la mañana el brasileño Max Wilson, Montoya cerró los ensayos con el mejor tiempo: un minuto, 21 segundos, dos décimas. Esa noche, durmió bien. Montoya es de los que se duerme con solo poner la cabeza en la almohada.

A las 10:00 de la mañana, el martes, ya estaba despierto. Cuando está en Europa se levanta siempre a la misma hora. Iba a ser el primero en correr. El orden se invirtió, con respecto a la jornada del lunes, tratando de que los pilotos tuvieran las mismas oportunidades.

Un minuto, 19 segundos y dos décimas marcaron los cronómetros de los ingenieros de ensayos de la Williams, cuando Montoya se bajó del carro. Si bajan ese tiempo los felicito, le dije a David Sears, mi manejador. Estaba seguro de lo que había hecho , contó.

Después pasaron el brasileño Wilson y los franceses Soheil Ayari y Nicolas Minassian y, efectivamente Montoya consiguió el mejor tiempo, superando incluso las previsiones hechas por la gente de la Williams.

Y no solo había hecho mejor tiempo que Wilson, Ayari y Minassian. También le había ganado a Giancarlo Fisichella y a Alexander Wurz, los próximos pilotos de la escudería Benetton-Renault, que también estaban allí, corriendo en las mismas condiciones.

Ya pasó Sólo el miércoles, cuando ya todo había pasado, pensó : Ya pasó . No celebró, no saltó, no corrió a encontrarse con Pablo, su papá, que casi siempre está a su lado, sino que se marchó tranquilo, convencido de que lo había hecho bien.

El próximo 20 de diciembre, o antes, la Williams dará a conocer el nombre del piloto escogido y Montoya, como si nada. No ha hecho planes. Si me lo dan, bien. Si no sale: no me voy a frustrar . Montoya se ríe. Lo hace todo el tiempo, especialmente cuando Felipe Triana, Jaime Guerrero y Jairo González, sus amigos, están cerca.

Montoya no está esperando que su celular suene o que cuando llegue a la casa le digan que lo llamaron los de la Williams y que lo necesitan. El solo quiere jugar maquinitas, por supuesto las de carros, comerse una hamburguesa doble carne, de las que no están en su dieta, como la que se comió el jueves por la noche cuando llegó a Bogotá, o irse a Andrés Carne de Res, el bar que le gusta, y pedir una arepa con queso y un jugo de mandarina, y escuchar música un rato.

La gente me ve y me felicita. Ahora estoy lleno de amigos y todo el mundo me conoce. Creen que lo de la Fórmula Uno es un hecho , dice. Pero él, solo anda por ahí, con una sonrisa perfecta dibujada en sus labios, quizás con la misma idea que le ronda a su padre por la cabeza: no sabe si los pilotos de la Fórmula Uno son extraterrestres o no.

Nosotros siempre los vimos como extraterrestres, como seres superiores que hacían cosas increíbles dice Pablo, pero después de haber visto a Juan Pablo correr, quedé con la duda de si son o no... O, es que Juancho es un extraterrestre , Pero si Montoya es o no un extraterrestre, él parece uno más, un muchacho común y corriente, de 22 años, pero que en realidad parece más joven, por su forma de hablar, porque cuando habla de su vida no duda en decir que nunca se ha arrepentido de no haber ido a la universidad, que le aburre leer, porque no se puede estar quieto.

Mucha acción Le encantan las películas de acción, le gusta la música de Police, de Alanis Morrisete; no baila muy bien, el noventa por ciento de las palabras que dice son groserías, el dinero y la fama le tienen sin cuidado: Si tengo con que comprarme un helado me siento bien , dice. Es terco y a veces le molesta sentir que su padre trata de protegerlo. Hoy por hoy no lo ataja nadie. Es hiperactivo.

Sin embargo, cuando habla de su trabajo, es el hombre de 22 años que tiene claro lo que quiere hacer en la vida, que la altura le produce pánico, pero que no teme volar; que muchas veces en sus sueños se ha estrellado, pero siempre sale sin un rasguño; que no le tiene miedo a la muerte, que nunca se pasa un semáforo en rojo, por más rápido que vaya; que prefirió someterse a la pruebas de las Williams, a pesar de que los de McLaren y Prost le tenían el contrato prácticamente listo.

Por ahora, Montoya vive su presente, quiere irse a jugar maquinitas, a subirse en los pequeños carros, de los que se baja menos tenso, y donde no siempre gana. Pisa el acelerador y arranca. Está de buen humor y va rápido. Si estuviera de mal genio iría mucho más rápido. Es lo único que lo calma.

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