MEDIOCRIDAD

MEDIOCRIDAD

En un sesudo artículo escrito por José Fernando Ocampo, publicado el domingo pasado en Lecturas Dominicales de

03 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

El Tiempo, se llama la atención sobre una serie de graves amenazas y realidades que afectan la calidad de la educación en Colombia. Pensamos que es conveniente que se despejen las preocupantes inquietudes plasmadas en el documento.

El concepto de la promoción automática - que se aplica en la primaria- se extendería al bachillerato, según afirma el autor con base en declaraciones recientes del Ministro de Educación y el Presidente. Este sería otro gran retroceso. En lugar de acabar con la promoción automática en la primaria, se extiende su nocivo manto al nivel secundario. Dicho mecanismo ha permitido que muchísimos estudiantes mediocres avancen sin tener realmente los conocimientos suficientes.

Escudados en argumentos bien intencionados -pero equivocados, acerca de los derechos de los niños y pensando erróneamente en su supuesto bienestar sicológico, los amigos de la promoción automática están fomentando la vagabundería estudiantil. Y la de los profesores, que no tiene que hacer esfuerzos especiales por sacar adelante a todos sus alumnos, tarea que es de la esencia del magisterio.

Otro aspecto fundamental es la aclaración que hace el autor -experto en educación, cuando sostiene que al amparo de la Ley 115 de 1994 (Ley General de Educación) los estudiantes sí pueden ser excluidos de la institución educativa por faltas disciplinarias y por mal rendimiento académico.

Hace referencia el destacado pensador a las sentencias de la Corte Constitucional - que convergen en una misma doctrina que compartimos plenamente: el derecho a la educación no es absoluto, como tampoco el del libre desarrollo de la personalidad. Y continúa, explicando que el derecho a la educación es un derecho-deber que da derechos y exige obligaciones a todos - instituciones, estudiantes y padres de familia.

No podemos hacer experimentos ni ensayar formulaciones teóricas que no se ajustan a nuestro entorno, cuando de educación se trata. Es demasiado lo que se arriesga. Y no podemos tener diversas interpretaciones sobre la ley - como denuncia Ocampo con muy buenos ejemplos. Valdría la pena que el alto gobierno se pronuncie.

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