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LAS MUJERES, A GOLEAR

LAS MUJERES, A GOLEAR

Hace unas semanas comenzó en Bogotá la primera liga de fútbol femenino, La nueva alternativa del fútbol , en la cual participarán 16 equipos. De esta manera, Colombia entra al movimiento mundial de este deporte, que ya practican países destacados como la China y Estados Unidos. Ante el bajísimo nivel al que ha llegado el rentado profesional nacional, deberíamos darle la mayor importancia al fútbol femenino para ver si renovamos en la afición la pasión por el balompié en los espacios más básicos, como la escuela y el hogar. Los padres de familia asisten juiciosamente a los partidos femeninos, desde el más alto torneo hasta las canchas de colegios y universidades.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de septiembre 2001 , 12:00 a. m.

Hace unas semanas comenzó en Bogotá la primera liga de fútbol femenino, La nueva alternativa del fútbol , en la cual participarán 16 equipos. De esta manera, Colombia entra al movimiento mundial de este deporte, que ya practican países destacados como la China y Estados Unidos. Ante el bajísimo nivel al que ha llegado el rentado profesional nacional, deberíamos darle la mayor importancia al fútbol femenino para ver si renovamos en la afición la pasión por el balompié en los espacios más básicos, como la escuela y el hogar. Los padres de familia asisten juiciosamente a los partidos femeninos, desde el más alto torneo hasta las canchas de colegios y universidades.

El fútbol femenino es un fenómeno social que expresa puntualmente cómo las mujeres están conquistando espacios que eran considerados privilegio de los hombres. Para el imaginario colectivo no es lo mismo una tenista que una mediocampista. El fútbol puede llegar a ser rudo y tiene una alta dosis de contacto físico y exposición a golpes y heridas. Sin embargo, esta nueva generación de niñas juegan fútbol desde muy pequeñas y las barreras mentales que sus mayores tuvieron frente al balón de cuero, los codazos y las patadas rastreras son cosa del pasado para ellas.

Así se construyen nuevas concepciones y nuevos imaginarios, en los cuales los prejuicios y prevenciones no se convierten en techos de cristal para que las mujeres alcancen la equidad social, económica y política que merecen. Porque hay que ser honestos: en Colombia, la igualdad en muchos casos es retórica. Ser mujer, joven y pobre significa pertenecer a una capa de la población con las mayores posibilidades de estar desempleada, subempleada, mal paga, discriminada. Además, el hogar sigue siendo un infierno para muchas mujeres que, como lo comprueban las encuestas de Profamilia, son objeto de abusos de sus compañeros y víctimas de agresiones físicas, sexuales y sicológicas.

Basta visitar alguna comisaría de familia para presenciar casos tristes y terribles de maltrato, humillación y desesperanza de tantas mujeres con sus bebés en brazos. Tampoco podemos olvidar la carga que las mujeres, madres, hijas, viudas, hermanas colombianas, han tenido que sufrir por el conflicto armado y los altos índices de violencia criminal que experimentamos en campos y ciudades. No obstante, el avance femenino en la mayoría de sociedades del mundo es imparable. Hace cinco años, la prestigiosa revista The Economist calificaba a los hombres como el segundo sexo del futuro , ante los mejores resultados educativos, el crecimiento de la presencia femenina en los puestos de dirección y el desempeño profesional y emocional de las mujeres.

Gabriel García Márquez acuñó por la misma época una frase bella y premonitoria: La única idea nueva que podría salvar a la humanidad en el siglo XXI es que las mujeres asuman la dirección del mundo . No pocos hombres piensan que los niveles de corrupción y de ineficiencia en la administración pública se reducirían con una mayor participación de la mujer. Sería tonto ignorar que las mujeres colombianas de hoy tienen más capacitación y ocupan más posiciones de dirección que hace treinta años. Sin embargo, la crisis económica las ha castigado con mayor severidad, pues constituyen la mayor proporción en las tasas de desempleo y de deserción escolar, aparte de que se ven afectadas por los embarazos no deseados y la pérdida de calidad de vida.

Mujeres jóvenes que patean un balón de fútbol es una imagen que va más allá del deporte y que invita a construir una sociedad donde el género femenino sea más influyente; donde se respeten más sus derechos y haya más equidad en cuanto a oportunidades. Ha llegado la hora de que las mujeres goleen en este mundo, que sin duda alguna sería un lugar muy diferente al que hoy tenemos.

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