LOS DISCAPACITADOS SE ENRUMBARON

LOS DISCAPACITADOS SE ENRUMBARON

Con una caminata por el centro de la ciudad, cerca de cien discapacitados hicieron sentir que son parte activa de la población bogotana. La disculpa para ello fue que el pasado miércoles se conmemoró el Día Internacional del Discapacitado, según la ONU.

05 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Estos bogotanos partieron del parque Santander a las 2 de la tarde y llegaron a la Plaza de Bolívar a las 4, donde hicieron gala de sus capacidades artísticas, dejando boquiabiertos a los curiosos que se agolparon a su alrededor.

Después de una muestra de baile y de la actuación de la banda de la Fundación Madres y Niños de los Discapacitados (MYA) se lanzaron al ruedo Leonardo Bohórquez, un joven a quien una bala le impidió volver a caminar hace siete años, y María Fernanda Saavedra, una experta bailarina que es invidente. Los dos demostraron que ni una silla de ruedas, ni el ser invidente son impedimentos para ejecutar un Sanjuanero como si estuvieran en Neiva en pleno Festival Nacional del Bambuco.

El arte de la terapia Desde hace dos años Disartes, una de las fundaciones participantes, se encarga de hacer la rehabilitación de los jóvenes con técnicas artísticas como talleres de actuación, danza, ornamentación y hasta cocina. La fundación trabaja actualmente con 70 personas que se autofinancian con sus presentaciones. Nosotros no les pagamos a los artistas, con el dinero que se recoge se le paga directamente a la universidad , dice Alvaro Cuartas, director de Disartes y agrega que como condición para estar en la institución hay que estar estudiando.

Por su parte, Marcela Rodríguez, coordinadora general de MYA, explica que trabajan con 140 niños que tienen entre 2 y 43 años. La fundación se creó hace 35 años, cuando cinco familias que tenían niños discapacitados se unieron para rehabilitar a sus hijos. Actualmente funciona como un hogar. Muchos de los niños son abandonados y remitidos allí por Bienestar Familiar.

Como buenos bogotanos se quejan de la situación de inseguridad. Hace dos semanas nos robaron las sillas de ruedas en un taxi, ahora ando en esta que es prestada , cuenta Leonardo mientras se le borra su acostumbrada sonrisa. Además de la silla, Leonardo quiere que la ciudad los acoja con más cariño y para ello es necesario que poco a poco se retiren las barreras arquitectónicas que hacen casi imposible su tránsito por Bogotá.

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